domingo, 17 de febrero de 2019

¿La muerte de Dios?

La muerte de Dios, frase atribuida habitualmente a Nietzsche, aunque tiene un precedente en Hegel (parece que con otro sentido), tiene ya un tiempecito; podemos resumir el sentido de dicho fallecimiento (obviamente, no de un ser real, sino de una idea, la de un concepto absoluto) en la negación de un orden cósmico, de una ley universal de carácter moral y, como ya hemos apuntado, de cualquier principio absoluto.

Así, llegamos al nihilismo, lo cual es muy interesante, ya que no nos detenemos simplemente en la negación, sino que buscamos unos valores más profundos y humanos (no habría ningún poder ya por encima del hombre). Hay que recordar que esta concepción se realiza dentro de una cultura cristiana, aunque tratemos de extenderla a toda trascendencia y absolutismo. Como hemos dicho, esta defunción filosófica de la gran divinidad se produce ya hace más de un siglo. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? No, desgraciadamente, la gran emancipación respecto a cualquier forma absoluta no se ha producido. Muy al contrario, el siglo XX trajo numerosos horrores, que los religiosos atribuyen a la ausencia de Dios, y que nosotros, pertinaces ateos nihilistas, pensamos que precisamente ha sido debido a la permanencia del absolutismo. Un principio absoluto, llámese Dios o cualquier otra verdad con mayúsculas, ha conducido a la humanidad al desastre autoritario.

viernes, 8 de febrero de 2019

Teorías de la conspiración

En alguna ocasión, polemizando sobre las teorías de la conspiración, o dicho (muy) despectivamente, conspiranoias, el asunto ha tomado un cariz ya habitual en este tipo de discusiones.

Usualmente, desechamos de un plumazo estas teorías, ya que las asociamos de modo simplista con poco menos que delirios de amantes de grupos ocultos que aspiran a dominar el mundo. Es tan sencillo como que, hablemos de conspiraciones o de cualquier otro asunto, es necesario guiarnos por evidencias y pruebas. Habrá personas que tiendan a un extremo o al contrario, y aquí hay que ser autocríticos con nuestra propia tendencia (que, lo han adivinado ustedes, es la ferozmente escéptica). Lo usual es que el ser humano racionalice, apartando las pruebas que contradicen lo que piensa y reforzando las que lo confirman. Esto es aplicable a cualquier análisis y deberíamos recordarlo siempre con ese mencionado, y tantas veces ausente, afán autocrítico.

domingo, 3 de febrero de 2019

La industria farmacéutica y la medicina alternativa

Es ya un lugar común, cuando se critican ciertas prácticas alternativas consideradas pseudocientíficas, argumentar que el auténtico peligro es la industria farmacéutica.

De esa manera, ante la supuesta dificultad de acudir a hechos objetivos, y convertirse la discusión en una "cuestión de fe" (es decir, mera ideología), uno no tarda en ser acusado de favorecer a la industria al criticar la medicina (mal) denominada alternativa. Por supuesto, creo que ya lo he mencionado a menudo en este blog, convertir la salud en un negocio, buscando la máxima rentabilidad de los productos, es algo digno de la máxima crítica que nos convierte en sujetos utilizables. Por otra parte, la validez o no de las terapias y productos propuestos, tanto por la industria convencional comoo la alternativa, igualmente debe ser puesto en el ojo del huracan. Es decir, tan sencillo como que se trata de dos campos diferentes, o quizá no tanto, ya que se complementea, para aplicar nuestra racionalidad y pensamiento crítico. Es más, el argumento de que las farmacéuticas priman el negocio deberíamos utilizarlo, de una manera obvia y lógica para concluir, tan sencillo como eso, que si las medicinas alternativas fueran efectivas se esforzarían en invertir en ellas y sacarles el máximo beneficio.