sábado, 8 de diciembre de 2018

Las ideas permanentes en el cerebro

Michael Shermer, fundador de la Skeptics Society, editor de la revista Skeptic, columnista divulgador en Scientific American, productor de programas sobre la ciencia y autor de, entre otros libros, Por qué creemos cosas raras, es uno de los más conocidos defensores del escepticismo científico y defensor de una filosofía humanista. Su obra está dirigida, principalmente, a las personas que no resultan tan escépticos y necesitan argumentos sólidos para tener una mirada más crítica sobre sus creencias.

Por qué creemos cosas raras, publicado en 2007 (con edición española un año más tarde), y como su propio título indica, se esfuerza en desentrañar el motivo por el que las personas creen en tantas cosas extrañas. La primera parte de la obra, como puede esperarse de un divulgador de la ciencia y del pensamiento crítico, puede considerarse todo un manifiesto del escéptico; el antídoto para las supersticiones y para las falsas creencias es el pensamiento racional y el método científico. Los más variados temas, como las abducciones extraterrestres, las experiencias del más allá o los rituales satánicos, son abordados en el resto del libro. Un tema muy interesante es lo que denomina "epidemias de acusaciones", que pueden desencadenar olas de histeria y cazas de brujas; por ejemplo, el acceso por hipnosis a recuerdos reprimidos de supuestos abusos sexuales en la infancia. No podía faltar en en el libro la polémica entre creacionismo y evolución, entre los biólogos que defienden la teoría evolucionista y los partidarios del diseño inteligente.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Coach ultraespiritual

De unos años a esta parte, hemos oído con frecuencia las palabras coach y coaching; inundan por doquier nuestra vida y parece que es inevitable caer tarde o temprano en manos de algún listillo que nos va a enseñar las técnicas adecuadas para no se sabe muy bien qué (hacer un cursillo, vamos), si a eso le añadimos alguna suerte de espiritualidad, ya obtenemos nuestro máster superior tan auténtico como el de los políticos.

Como es lógico, en una sociedad que prima el éxito (a pesar de lo penoso que resulta caer en ella, una y otra vez, en crisis de todo tipo; ¡como somos los seres humanos!), estos tipos que nos venden el adiestramiento adecuado para lograr un objetivo tienen su nicho de mercado (¡y de qué manera!). Seguramente, y solo digo seguramente, la mayoría de estos coach lo que nos venden son cajas de humo envueltas de perogrulladas.

¿Qué ocurre cuando aparece en nuestras vidas un coach que, además, asegura ser 'sanador espiritual'? Sencillamente, que una vez más logra engañar a más de un incauto ávido de una vida plena de luz y energía. Sin embargo, la cosa tiene todavía una vuelta de tuerca más: frente a la pseudoespiritualidad, la ultraespiritualidad. No sé, no sé, estoy planteándome si lo que nos dice J.P. Sears pueden ser "verdades como puños". Vean y escuchen, y juzguen por sí mismos…



jueves, 22 de noviembre de 2018

Subjetividades por doquier

Las observaciones subjetivas contaminan cualquier problemática humana. Si a esto le añadimos otros muchos factores, resulta francamente difícil a priori evaluar si determinada terapia es o no válida (eso, en el caso de la medicina alternativa, no hablemos ya de otro tipo de "experiencias") .

En no pocos casos, queremos ver una asociación donde lo más lógico es que no la haya; si tengo un dolor, lo más probable es que la molestia remita sin más (la consabida "regresión a la media"); sin embargo, si hemos tomado algún médicamento, o llevado a cabo determinada terapia, la asociación automática es inmediata. El mercado está plagado de todo tipo de soluciones "mágicas" para la salud, la belleza, el bienestar espiritual, en definitiva, las promesas de una vida mejor. Y cuando digo mercado, me refiero al oficial… y también al alternativo, que aspira a ser oficial, por supuesto.

sábado, 17 de noviembre de 2018

¿Lo oficial contra lo alternativo?

Atacar la homeopatía, como uno de los insignes representantes de la llamada "medicina alternativa", es ya un lugar común. Es decir, es habitual afirmar, con algo de tono jocoso, que el supuesto médicamento homeopático no es más que un compuesto de agua con azúcar.

Eso sí, un remedio el de la homeopatía que tiene como el resto de medicamentos un precio en el mercado, y con una alusión a un supuesto principio activo tan diluido que parece inexistente. Como deberíamos saber, para que un medicamento resulte efectivo hay que tomar una dosis mínima que resulte efectiva, lo que se define como superar un umbral de dosis a partir del cual puede haber efecto farmacológico. Para sustituir esto, los homeópatas suelen acudir a explicaciones bien algo fantasiosas, bien repletas de términos científicos abstrusos. Como a cualquier otro terapeuta y científico, habría que exigir una explicación clara y coherente sobre el principio activo que puede curarnos. Decir que la homeopatía que nos venden en las farmacias no es más que agua con azúcar es, efectivamente, un lugar común insuficiente para los que siguen creyendo en la bondad de sus resultados, lo mismo que afirmar que sus beneficios no son superiores a los del llamado efecto placebo.

sábado, 10 de noviembre de 2018

A vueltas con la homeopatía

La cosa con la homeopatía está más revolucionada que nunca. Diversas asociaciones, médicas y de defensores del paciente, piden una actuación legislativa clara contra las pseudoterapias, lo cual ha sido visto, como no podía ser de otra manera, por ciertos defensores de "lo alternativo" como una especie de "caza de brujas". En mi opinión, y no digo que yo esté de acuerdo con esa nueva legislación, uno es un ingenuo que cree más en la educación, una vez más, se tergiversa el debate para desviar la atención sobre lo evidente: que ciertas terapias no presentan validez alguna, no muestran beneficio alguno más allá de un efecto placebo notablemente malentendido. Las estadísticas del placebo, que hay que insistir en que no es ninguna terapia, por lo que no puede defenderse como tal, y por lo tanto no cura enfermedad alguna, son los son, equiparables al supuestos beneficio de la homeopatía. A no ser, claro está, que quiera creerse otra cosa. Sea como fuere, es éticamente cuestionable vender el placebo como una solución médica, tan sencillo como eso. Para mí, realizar tal cosa, aunque pueda producir alivio de algunos síntomas a corto plazo, nos introduce en cuestiones controvertidas: refuerzan ciertas creencias, que acaban siendo muy negativas, como el hecho de pensar que una solución simple termina por solucionar un problema verdaderamente grave.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Edzard Ernst, un científico en el país de las maravillas

Edzard Ernst, formado en Alemania, aunque ciudadano británico desde 1999, es catedrático de medicina e investigador especializado en el estudio de la medicina alternativa. No entraré en detalles sobre su currículum, ya que suele ser objeto de sospecha según las simpatías de cada uno y tampoco pretendo evidenciar de manera simple que se trata de una autoridad en la materia. Diremos, al menos, que está al frente de la revista Focus Alternative and Complementary Therapies y que escribe de forma regular en el diario The Guardian. Se le considera uno de los azotes actuales contra la medicina alternativa y trata de hacerlo desde una perspectiva basada en la evidencia. Para los que pueda acusar a Ernst de defender la medicina oficial del sistema, recordaremos su enfrentamiento nada menos que con Carlos de Inglaterra, al ser este un consumidor y defensor de la homeopatía y de otras terapias alternativas. El príncipe, junto a su madre, lograron presionar lo suficiente para que la homeopatía fuera incluida en el sistema de salud británico. Después de que Ernst dijera que la homeopatía es sencillamente una pseudociencia, sin más beneficio que el efecto placebo, el aspirante a monarca logró apartarle de su cátedra en la Universidad de Exeter.

jueves, 25 de octubre de 2018

Creyentes, ateos, agnósticos…

Cuando proclamamos nuestro ateísmo, y a pesar de los muchos avances que se han producido en los últimos tiempos para expresarse libremente y que los demás comprendan nuestra postura, todavía se producen no pocos problemas. En primer lugar, y vamos a referirnos a conversaciones de lo más coloquiales, el ateísmo del que hacemos gala no es una mera ausencia de fe; sin preconizar lo que en algunos medios se ha llamado ateísmo fuerte (es decir, la negación tajante de que algo llamado Dios exista, juego donde no entramos por motivos que esperamos queden claros), sí consideramos que nuestra negación es fuertemente combativa (es decir, consideramos que la negación o aceptación de ese ser supremo condiciona la conciencia personal y social de los seres humanos).

Nuestras creencias (de todo tipo, ya que el ateísmo también puede conllevarlas), no dejaremos de repetirlo, están fuertemente influenciadas por circunstancias y ambientes de todo tipo, además de por determinadas condiciones terrenales de la existencia; el viejo Marx seguro que tenía razón, la fe religiosa es en muchos casos un alivio ante una vida demasiado penosa. Más adelante volveremos sobre esto, no nos alejemos ahora de una lectura más superficial de las creencias (o descreencias).