martes, 31 de marzo de 2015

Cinismo y libre examen

El lenguaje popular ha llevado el significado del término 'cinismo' a un lugar abiertamente peyorativo. Cínico, para esta acepción, sería alguien con una actitud deshonesta, casi que hace gala de su falta de virtudes. Bien, nadie puede negar que la palabra se emplea con este significado en infinidad de ocasiones, aunque con algunos matices.

Tenemos la sensación de que, a pesar de que suele esgrimirse como un insulto, algo ha quedado en ella de cierta carga lúcida; el cínico es alguien que, a pesar de que su conducta pueda ser muy reprobable según determinada moral, en realidad obedece a cierta consciencia e incluso a cierta denuncia sobre la hipocresía del mundo en que vivimos.
Para entender esto, como en tantas ocasiones, hay que averiguar que suponía en origen la escuela filosófica de los cínicos. No hace falta decir, antes de ello, que si nos ocupamos de tal cosa en este blog es porque entendemos que una cierta actitud cínica, es más que necesaria para acercarnos al librepensamiento. En otras palabras, cuestionar siempre lo establecido, dudar de los convencionalismos y ser irreverente suponen una determinada forma de ver la vida y actuar en ella; por supuesto, una forma que defendemos y que entendemos muy unida al librepensamiento (y, por supuesto, a la libre expresión).

No vamos a profundizar demasiado en lo que fue la escuela cínica en la Antigüedad, pero sí vamos a dar unos apuntes para tratar de dar un nuevo sentido al término que nos ocupa. Lo primero que hay que comprender es que hablamos de una de las filosofías más radicales de la historia de la humanidad: libertad radical de pensar, de actuar y de palabra. El cínico, al hacer una crítica demoledora al desarrollo de la 'civilización', no dejaba de ser un desvergonzado irreverente para la sociedad; no es casualidad que se haya considerado el cinismo como un precedente del anarquismo, ya que considera que el individuo debe ser autónomo, libre, cosmopolita y no debe obediencia a ninguna institución, convención o ley (al ser siempre estas locales).

Por lo tanto, podemos entender que el cínico, aunque portador de altos valores (como el cosmopolitismo, la autonomía y la libertad), realiza una crítica radical a todo convencionalismo, ya que considera precisamente que se oponen por sus limitaciones locales a esas altas aspiraciones del ser humano. Hoy, podemos cuestionar si verdaderamente esas actitudes, aunque necesarias para el progreso y la transformación social, conducen a una tranquilidad de ánimo que desemboque en la felicidad, algo en lo que insistían mucho los antiguos griegos. Igualmente, habría mucho que hablar sobre si es posible la autosuficiencia, especialmente para la idea de que el individuo sea libre, ya que existen siempre factores sociales que nos determinan; para bien y para mal.
Lo importante del legado cínico, si queremos vivir el pensamiento y la vida de la forma más libre posible (y no podemos más que entender que la lucidez y la satisfacción son también garantes de esas libertad; no necesariamente el mero acomodo), es que tengamos siempre en cuenta todos esos factores que nos determinan y que, incluso, acaban sometiéndonos. Por ello, hay que cuestionar siempre lo que 'dice' la sociedad; lo que pretende que acatemos la autoridad instituida es siempre criticable, ya que que lo establecido se identifica con algo rígido y estático, opuesto a un modo amplio de entender la vida y el conocimiento. Como nuestra postura vital es a favor del 'libre examen', no podemos más que recoger, al menos en cierta medida, esa herencia de la escuela cínica.

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