sábado, 11 de abril de 2015

A favor y en contra de los prejuicios

Hoy, vamos a ser provocadores. No es que no lo seamos en prácticamente todas las ocasiones, ya que nos empeñamos en buscar reacciones en los demás (¿no es eso provocar?), pero esta vez lo vamos a ser de una forma muy directa. Vamos a hacer una especie de apología del 'prejuicio', de cierta concepción del prejuicio por supuesto, y lo vamos a criticar ferozmente por otro, cuando se trata en realidad de una certeza previamente concebida.

En algunas ocasiones, hay que escuchar a determinadas personas asegurar que ellos no tienen prejuicios. Lamentable, muy lamentable. Cuando alguien asegura tal cosa, incapaz de ser consciente de que todos, absolutamente todos, nos formamos un juicio previo de alguna que otra cosa, hay que armarse de valor intelectualmente hablando. Aclaremos, por si no ha quedado todavía claro, que es inevitable tener ciertos sesgos en el acceso a la información, algo que da lugar a prejuicios (aunque no lo contemple así el protagonista, ya que él 'cree' estar en la verdad). Por lo tanto, 'prejuicio' según este punto de vista es en realidad una 'creencia'.

Efectivamente, el mundo de la creencias (vamos a llamarlo seudociencia o, para entrar en otro terreno, alguna forma de fe religiosa o sobrenatural) es en realidad el mundo de los prejuicios; todo lo contrario de lo que se quiere evidenciar cuando se señala, a los críticos con esas creencias (apelando, como no puede ser de otro modo, a un método científico sólido), como 'cerrados de mente' u otras lindezas. No somos los escépticos los que cargamos con un prejuicio, sino aquellos que realizan afirmaciones extraordinarias, que como todo quisque debería saber a estas alturas requieren pruebas extraordinarias; si no tienes pruebas definitivas de lo que estás diciendo, amiguete, es mejor que suspendas el juicio (esto decía la escuela escéptica de filosofía; por lo tanto, nos quedamos en un prejuicio). Si no hablamos de nada excepcional en nuestra afirmación, por supuesto, la prueba objetivo-científico será obviamente más fácil de demostrar o no; así, llegamos al terreno del juicio sobre lo que es o no conocimiento.

Por lo tanto, nada más reprobable que una creencia que esconde en realidad un prejuicio de tomo y lomo; además, el portador de la creencia nos acusa a los otros, a los que no somos 'creyentes' de ser los prejuiciosos. Insistiremos en que todos tenemos estas creencias, ya que los sesgos sobre la información son inevitables, y que es nuestra actitud la que determina; así, cuando la creencia/prejuicio llega al terreno del delirio y acabamos creyendo en toda suerte de entes sobrenaturales (ya saben, llámenlo Dios o llámenlo como quieran), algunos lo consideramos perjudicial: las creencias absurdas, no probadas, suelen conducir a actos absurdos, irracionales.

Se nos dirá que, todo esto está muy bien, pero que existe una acepción mucho más vulgar del prejuicio que suele aludir al racista o al sexista. Bien, es muy cierto. Sin embargo, apliquemos la lógica anterior. El que tiene prejuicios, por ejemplo, sobre personas de diferente raza o del otro sexo es en realidad un creyente de lo más despreciable; hablamos de alguien que, sencillamente, es tan cretino como para 'creer' que es superior solo por el color de su piel o por el género al que pertenezca. Habrá que quien quiera apelar también a la ciencia para darle base a su creencia, pero eso es ya otra cuestión donde entran en juego otros factores. Lo poco que sabemos de cuestiones científicas sobre el ser humanos, es que cada vez nos determinan menos cuestiones innatas y mucho más muchos otros factores muy 'terrenales'; esto, de entrada, no nos dice mucho sobre la creencia o no en factores sobrenaturales, aunque bueno es tenerlo en cuenta.

Vamos ahora con una concepción positiva del prejuicio. Hemos considerado que todos los tenemos, los prejuicios; si se queda ahí, sin que el método científico pueda asegurarnos si el juicio es definitivo, pueden pasar dos cosas: que ignoremos esa falta de juicio y nos convirtamos en 'creyentes' o que seamos conscientes y simplemente suspendamos el susodicho juicio (al modo escéptico). De nuevo podemos emplear muchos ejemplos, que tienen que ver con el conocimiento (donde el juicio científico sí tiene mucho que decir), y el asunto es más fácil de dilucidar, a pesar de que pueden intervenir otros factores para que nuestro 'creyente' se empecine en su posición (no necesariamente crematísticos, aunque haya numerosos casos; muy al contrario, puede ser simplemente emocionales).

Sin embargo, cuando nos encontramos en otro terreno que no es simplemente el cognitivo (una hipótesis sobre lo que es o no posible en conocimiento), el asunto se vuelve más ambiguo al hablar de prejuicios. Si hablamos de 'ideología', en nuestra opinión, en realidad nos referimos a numerosos prejuicios; cosas en las que queremos 'creer', no necesariamente contrastadas con la realidad, que impulsan nuestra voluntad. Puede ser algo positivo si no perdemos de vista esa verificación con lo que nos dice la experiencia; por supuesto, puede ser muy constructiva cierta dosis de fe (es decir, prejuicios), sin caer en ninguna forma de dogmatismo o fanatismo irracional, para impulsarnos a cambiar la cosas. De momento, es bueno aceptar en todos y cada uno de nosotros cierta dosis de prejuicios. Lo que venga posteriormente en la actitud de cada cual ya es otro asunto.

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