martes, 26 de enero de 2016

Racionalización versus racionalidad

Una de las cosas que me vuelven loco es la capacidad que tiene el ser humano para "racionalizar". De hecho, es un término que empleo no pocas veces en mi vida cotidiana. Seguramente, mi torpeza no tiene límites a la hora de expresarme, por lo que no siempre acabo convencido de que mi interlocutor ha comprendido lo que quiero decir con el término de marras. Tantas veces, se sigue empleando "racionalizar" simplemente como sinónimo de "razonar"; precisamente, es justo lo contrario, al menos desde un punto de vista psicológico. La capacidad de razonar alude, como es sabido, a sacar las mejores conclusiones posibles, relacionando ideas o conceptos; por otra parte, también puede entenderse como justificar la respuesta a una cuestión usando los mejores razones y argumentos. Veamos ahora lo que queremos decir con "racionalizar", donde esa "justificación" se realiza de manera muy condicionada por nuestros propios intereses.

Cuando yo mismo uso la palabra "racionalizar" quiero aludir, explicándolo en pocos términos, a un mecanismo que ejecutamos para dar una explicación lógica a nuestros sentimientos. Por supuesto, hay que recordar que los sentimientos, al igual que las creencias que todos tenemos en mayor o en menor medida, pueden ser una gran distorsión de la razón. En otras palabras, acabamos convirtiendo en argumentos convincentes (por supuesto, solo para nosotros mismos) lo que puede ser meramente una falacia originada en lo que sentimos (o pensamos o creemos). Por eso, tantas veces apelo también a una feroz autocrítica, en nuestra visión del mundo y en los conflictos que podamos tener con los demás, ya que ese proceso de "racionalización" nos conduce no pocas veces a condenar fácilmente a los demás, sin que comprendamos que muy probablemente son nuestros propios complejos, distorsiones y falacias los que nos empujan a razonar de manera errónea.

Aunque nos ocupamos siempre de criticar el dogmatismo, al que lleva siempre en nuestra opinión este proceso de racionalización (hay ideas, por supuesto, más proclives al fundamentalismo que otras), hay otros tipos humanos que pueden caer fácilmente en la racionalización. Por ejemplo, una persona especialmente vulnerable a su entorno puede ser víctima inconsciente de estos mecanismo de racionalización. De hecho, es esa fragilidad e incomprensión la que tal vez conduce también al dogmatismo al refugiarse en una visión unívoca del mundo. A mi modo de ver las cosas, todos necesitamos esa comprensión de las factores de racionalización, y esa permanente autocrítica hacia nuestras creencias, para evolucionar y no caer en el estatismo más lamentable.

Lo que se entiendo por razón, conlleva una dosis considerable de objetividad, una apelación a la deducción lógica (como dijimos, buscando las lecturas más justas y convincentes teniendo en cuenta todos los factores en juego), así como una búsqueda permanente de los mejores y más coherentes medios para llegar a un objetivo. Por supuesto, dicha objetividad no es fácil, ya que somos sujetos y somos inevitablemente subjetivos en gran medida; comprender todos estos mecanismos ayuda a dicha tensión. En cualquier caso, la racionalización es todo lo opuesto a un proceso racional, ya que entran en juego nuestros sentimientos, creencias o miedos. Por supuesto, los sentimientos no son siempre negativos; la ética, por ejemplo, es tal vez más un sentimiento que un proceso racional, aunque lo que es seguro es que el dogmatismo puede llevar al ser humano a "justificar", y terminar realizando, cualquier cosa (por lo que la ética poco tendría que hacer).

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