En la cartelera madrileña, se acaba de estrenar una buena película de género, La invitación,
que además nos brinda una reflexión sobre los tiempos que vivimos en
los que tantas personas son capaces de creer en cualquier cosa, por
absurda que sea, si creen que con ello se aferran a la vida (o no tanto,
como veremos). Para los que quieran disfrutar de la película, no deseo
desvelar demasiado de la trama de este film, sencilla, muy sencilla al
menos aparentemente, pero muy bien llevada a nivel de thriller; sin dar
sábado, 9 de abril de 2016
martes, 5 de abril de 2016
Medicina sin engaños
José Miguel Mulet, autor del libro Medicina sin engaños, es profesor titular de biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia. Esta obra arremete contra las llamadas terapias alternativas o complementarias y hace una decidida defensa de la medicina científica. Se trata de que el lector tenga mejores armas, además de un espíritu crítico, para enfrentarse a decisiones que tengan que ver con su salud. El texto es ameno, escrito de forma sencilla, e incluso no exento de cierto agradecible sarcasmo. Aunque tantas veces se nos trata de hacer ver lo contrario, la medicina científica está siempre abierta a continuos aportes, vengan de donde vengan y siempre si se ha demostrado su eficacia. El propio Mulet alude, y a todos nos resultará familiar, eal hecho de que ciertos médicos (o pseudomédicos) dicen haber descubierto la panacea en sanación, y se aseguran de difundir que solo ellos lo han inventado y, además, pueden aplicarlo. Esta es una táctica más propia del pasado, de los charlatanes del siglo XIX.
sábado, 2 de abril de 2016
El ateísmo, tan natural como la religión
Siempre se nos ha vendido que la religión viene a ser un proceso natural, de alguna manera necesario a nivel individual y social. Ahora, un nuevo estudio, publicado en Universidad de Cambridge sugiere que el ateísmo puede ser tan natural como la propia creencia religiosa. La idea de que, de alguna manera, el ser humano está predeterminado por la religión, de que ve viene a ser una "configuración por defecto, se viene abajo. Así, las personas en la Antigüedad no siempre creían en dioses y pudieron desenvolverse y medrar en aquellas sociedades politeístas. Así lo sostiene Tim Whitmarsh, profesor de Cultura Griega y miembro del St. John's College de la Universidad de Cambridge. Según este estudio, el ateísmo no sería necesariamente un fenómeno moderno, sino que se desarrolló notablemente en el mundo antiguo, especialmente en las sociedades griegas y en la Roma precristiana.
sábado, 19 de marzo de 2016
Cosas paranormales
A pesar del tentador, facilón y ofensivo juego de palabras, siempre hemos defendido desde este blog que las creencias paranormales (o sobrenaturales, en general) de las personas están condicionadas por demasiados factores. Es decir, hay muchas personas razonables que, por los motivos que sea, tienden a creer en determinadas cuestiones ajenas a la ciencia. Vamos a ocuparnos en esta ocasión de los llamados fenómenos paranormales. Al parecer, y de nuevo acudimos a un estudio, sí existen algunas diferencias cognitivas entre las personas que creen en la parapsicología y aquellos escépticos que desconfían de lo paranormal. Los primeros serían menos proclives al pensamiento analítico.
miércoles, 9 de marzo de 2016
Acusaciones religiosas con "mala fe"
Muy a menudo, y creo que la experiencia personal de los ateos combativos lo corrobora, incluso en gente del ámbito académico, se relaciona ateísmo con dogmatismo. De hecho, esto quizás a un nivel más coloquial, se quiere ver el ateísmo como una nueva religión. "Religión atea" o "ateísmo dogmático" es, ni más ni menos, un oxímoron. En cambio, "fundamentalismo religoso" parece más bien un pleonasmo.
Parecen acusaciones interesadas, esas de dogmatismo y relativistas morales a los ateos, que tal vez tengan algún sentido como argumento ad hominem (es decir, obviamente, habrá ateos que puedan ser algo de eso), por parte de religiosos y teístas. Es posible que su propia lógica dogmática y teológica les lleve a pensar que, necesariamente, los ateos queremos inaugurar una nueva religión. Estas afirmaciones, con el transfondo de un supuesto "relativismo moral" que da mucho juego retórico, realizadas con asiduidad por los papas y demás representantes religiosos, contienen una considerable dosis de ignorancia y/o mala fe (y no tratamos de hacer un chiste). Ha sido todo un debate en la historia el de la moral, asociada o no a la religión. Mi conclusión es que el absolutismo, la verdad con mayúsculas, el que precisamente ha permitido a los creyentes realizar cualquier acto depravado en su nombre.
Parecen acusaciones interesadas, esas de dogmatismo y relativistas morales a los ateos, que tal vez tengan algún sentido como argumento ad hominem (es decir, obviamente, habrá ateos que puedan ser algo de eso), por parte de religiosos y teístas. Es posible que su propia lógica dogmática y teológica les lleve a pensar que, necesariamente, los ateos queremos inaugurar una nueva religión. Estas afirmaciones, con el transfondo de un supuesto "relativismo moral" que da mucho juego retórico, realizadas con asiduidad por los papas y demás representantes religiosos, contienen una considerable dosis de ignorancia y/o mala fe (y no tratamos de hacer un chiste). Ha sido todo un debate en la historia el de la moral, asociada o no a la religión. Mi conclusión es que el absolutismo, la verdad con mayúsculas, el que precisamente ha permitido a los creyentes realizar cualquier acto depravado en su nombre.
martes, 1 de marzo de 2016
Medicina científica y/o pseudocientífica
A menudo, los practicantes de la medicina alternativa o complementaria insisten en los males de la llamada medicina convencional, oficial y científica (usados estos apelativos indistintamente). Bien, en primer lugar hay que decir que cuando decimos medicina científica, y solo usaremos ese término en nuestro caso, no nos referimos a medicina oficial ni convencional (primero, por una cuestión semántica, ya la ciencia debe ser revisada constantemente, nunca ser estática o dogmática); estamos sencillamente, con la denominación e "científica", hablando de una medicina que ha demostrado ser eficaz, o razonablemente eficaz. Otra cosa es un sistema basado en el privilegio y la codicia, donde también entran la medicina y los medicamentos; bien porque que se prime el beneficio económico, frente al adecuado tratamiento y la búsqueda de la sanación de las personas, bien por la subordinación de la clase dirigente y la desidia de los profesiones. Desde este punto de vista, la medicina "oficial", consecuencia de ese sistema capitalista, tiene muchas cosas criticables y, tantas otras, repudiables. Esta evidencia, que por otra parte tampoco hay que llevar al extremo, no es en ningún argumento, para defender prácticas que no han demostrado ser eficaces (es decir, la ciencia nos dice eso, por lo que sus supuestos éxitos son comparables al placebo, de cuyas características ya hemos hablado).
sábado, 27 de febrero de 2016
La sorprendente energía vital
Recientemente, he oído hablar de un Vitalómetro, que al parecer también se conoce como Rueda de Egely (por su inventor). Este artilugio, supuestamente, mide la energía vital y alcanza un precio de más de 150 euros en la red (la verdad, desconocemos si se puede adquirir en tiendas, aunque no nos extrañaría). Recordemos que la energía vital, conocida como Chi (o Qi) en prácticas como la acupuntura, es la base de estas terapias, alternativas a la medicina científica. Y en esta última palabra está el meollo de la cuestión, ¿podemos o no demostrar que algo como el Cchi existe tal y como pretende el Vitalómetro? ¿Es la energía vital o no una hipótesis falsable? Esto es, si la ciencia nos puede demostrar que es falsa y echar por tierra entonces, con el nombre de pseudociencia, la terapia que usa como base dicho concepto.
Diremos que el precio antes mencionado del aparatito, no es que sea desorbitado, es que no debería costar ni un euro. Podemos improvisar el Vitalómetro a nivel casero, solo son necesarias una aguja, sobre una base, y un trozo de papel. En broma o en serio, podemos contemplar multitud de vídeos en la red en el que personas consiguen girar el papel alrededor de la aguja al acercar sus manos; la imaginación de cada uno encontrará alguna explicación: poderes telequinéticos, energía vital… La realidad es que la explicación es muy sencilla y está relacionada con el gradiente térmico (no con la energía vital): la diferencia de temperatura entre el aire frío y la temperatura de nuestras manos provoca que el aire se acaba calentando y ascienda. La explicación es muy sencilla sin necesidad de recurrir a determinados entes no demostrados como reales por la ciencia.
Al parecer el Vitalómetro tiene algunos precedentes; en la misma acupuntura hay algún aparato como sistema de diagnóstico, basado en la conductividad de la piel en algunos puntos. En otros casos, se mezcla un poquito de quinesiología y otro tanto de homeopatía para que nuestro método asegure que las enfermedades puede diagnosticarse por la medición de la resistencia eléctrica en la piel. Lo que nos dice la ciencia es que es un despropósito asegurar que todos los problemas de salud son eléctricos y con electricidad podamos curarlos. Todavía existe algún otro artilugio que asegura encontrar la localización de los diversos puntos de acupuntura. Recordemos que las personas somos un buen material para conducir la electricidad y esto es en realidad lo que estos aparatos indican; las zonas donde mejor conducción tenemos (por ejemplo, las zonas mojadas). Si aplicamos la termografía a la acupuntura, es tan sencillo como afirmar que las zonas donde nos pinchen tendrán un mayor temperatura (en la pantalla aparecerán de color más cálidos: rojos o amarillos). Por supuesto, cada uno puede aludir al Chi, o Qui, o a lo que quiera, para buscar la explicación.
Diremos que el precio antes mencionado del aparatito, no es que sea desorbitado, es que no debería costar ni un euro. Podemos improvisar el Vitalómetro a nivel casero, solo son necesarias una aguja, sobre una base, y un trozo de papel. En broma o en serio, podemos contemplar multitud de vídeos en la red en el que personas consiguen girar el papel alrededor de la aguja al acercar sus manos; la imaginación de cada uno encontrará alguna explicación: poderes telequinéticos, energía vital… La realidad es que la explicación es muy sencilla y está relacionada con el gradiente térmico (no con la energía vital): la diferencia de temperatura entre el aire frío y la temperatura de nuestras manos provoca que el aire se acaba calentando y ascienda. La explicación es muy sencilla sin necesidad de recurrir a determinados entes no demostrados como reales por la ciencia.
Al parecer el Vitalómetro tiene algunos precedentes; en la misma acupuntura hay algún aparato como sistema de diagnóstico, basado en la conductividad de la piel en algunos puntos. En otros casos, se mezcla un poquito de quinesiología y otro tanto de homeopatía para que nuestro método asegure que las enfermedades puede diagnosticarse por la medición de la resistencia eléctrica en la piel. Lo que nos dice la ciencia es que es un despropósito asegurar que todos los problemas de salud son eléctricos y con electricidad podamos curarlos. Todavía existe algún otro artilugio que asegura encontrar la localización de los diversos puntos de acupuntura. Recordemos que las personas somos un buen material para conducir la electricidad y esto es en realidad lo que estos aparatos indican; las zonas donde mejor conducción tenemos (por ejemplo, las zonas mojadas). Si aplicamos la termografía a la acupuntura, es tan sencillo como afirmar que las zonas donde nos pinchen tendrán un mayor temperatura (en la pantalla aparecerán de color más cálidos: rojos o amarillos). Por supuesto, cada uno puede aludir al Chi, o Qui, o a lo que quiera, para buscar la explicación.
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