El pensamiento religioso, y más concretamente el monoteísmo, todavía se está recuperando de la obra de Sébastien Faure Doce pruebas que demuestran la no existencia de Dios, publicado ya hace bastantes décadas. Es un trabajo sumamente ingenioso, creado en su tiempo para socavar las bases de una sociedad conservadora, y así seguimos a día de hoy. Ya hace mucho tiempo que el conocimiento científico, aunque no sea su papel demostrar la existencia de un concepto abstracto-místico, sí convierte la idea de Dios en algo inútil si lo que se quiere es justificar algún tipo de cosmogonía religiosa.
Faure demuestra lo absurdo de la idea divina, y lo hace ordenando sus razones en tres grupos: el Dios-Creador, el Dios-Gobernador (o Providencia) y el Dios-Justiciero (o Magistrado). Recordemos que estos tres rasgos están detrás del monoteísmo (o teísmo de toda la vida, por más que se quiera suavizar o enmascarar de diversos modos). Si atendemos a las primeras razones, hay que recordar que la acción de "crear" (obtener algo de la nada) es sencillamente imposible; ya los antiguos griegos consideraban que la nada, nada adviene (ex nihilo nihil fit). Eso sí, luego llegó la teología cristiana para aportar absurdo y misterio a la cuestión. La razón solo puede rechazar la hipótesis de un Ser auténticamente creador.
Faure demuestra lo absurdo de la idea divina, y lo hace ordenando sus razones en tres grupos: el Dios-Creador, el Dios-Gobernador (o Providencia) y el Dios-Justiciero (o Magistrado). Recordemos que estos tres rasgos están detrás del monoteísmo (o teísmo de toda la vida, por más que se quiera suavizar o enmascarar de diversos modos). Si atendemos a las primeras razones, hay que recordar que la acción de "crear" (obtener algo de la nada) es sencillamente imposible; ya los antiguos griegos consideraban que la nada, nada adviene (ex nihilo nihil fit). Eso sí, luego llegó la teología cristiana para aportar absurdo y misterio a la cuestión. La razón solo puede rechazar la hipótesis de un Ser auténticamente creador.






