martes, 8 de diciembre de 2015

A vueltas con la ciencia


En la filosofía posmoderna, que ya adelantamos que resulta la mayor parte de las veces un fárrago de mucho cuidado en el que no vamos a incidir, se considera que la ciencia es simplemente un “discurso” más insertado en una determinada cultura, en este caso la de los valores occidentales. Aunque resulta difícil de creer a priori que alguien considere esto como cierto, se viene a decir que el conocimiento científico viene a ser equiparable a la construcción de mitos de otras culturas, ni más ni menos válido. Frente a la afirmación de que resulta posible acercarnos a un conocimiento objetivo, nos dicen ahora que todo es más o menos relativo, resultado de una determinados prácticas sociales y políticas. Bien, esto explicaría, al menos en parte, por qué en las sociedades “avanzadas” (no repriman ustedes la risa por el epíteto) proliferan toda suerte de discursos y remedios alternativos, que nos prometen una salud y una existencia envidiables, y que se insista tantas veces en la división entre el conocimiento occidental y el oriental.

Hay que decir, en su descargo, que la filosofía posmoderna no desea hacer afirmaciones categóricas y parece más pretender hacer un análisis de la época en que vivimos, en la que los postulados de la modernidad (abanderados por la racionalidad científica) han fracasado estrepitosamente. Esto último, particularmente, no hay que negarlo en absoluto. La modernidad ha fracasado, debido a ciertas prácticas sociales, y políticas, que han instrumentalizado el conocimiento para su conveniencia. Sin embargo, esto nada tiene que ver con el método científico y mucho menos suponer que renunciemos a la pretensión de conocimiento (cercano a las leyes de la naturaleza, se entiende). La instrumentalización de la ciencia por parte del poder, económico, político, o del tipo que fuere, insisto, es algo plenamente criticable; es algo en lo que nos esforzamos plenamente y no creemos ser mínimamente sospechosos de lo contrario. Dicho esto, la pretensión de conocimiento científico solo tiene un camino, que no es occidental, ni oriental, ni tiene apelativo alguno. El método científico, y no una suerte de relativismo, es lo que más no acerca al conocimiento de la realidad; por supuesto, ni es infalible, ni conoce la categoría de 'absoluto', es decir, está abierto a permanentes mejoras y es consciente de sus limitaciones y errores. No podemos decir lo mismo de tanta teoría alternativa ajena al método científico.

Con todo el respeto para las diversas culturas, y sus creencias y mitos (contextualizables en cada época, como es el caso también de la greco-latina), y aceptando que precisamente los avances científicos son un logro del conjunto de la humanidad (para nada, solo de Occidente), si queremos acercarnos a la verdad necesitamos emplear el método de la ciencia. Como bien muestra el gráfico, la ciencia plantea una hipótesis que pueda refutarse, se confronta luego una sucesión de hipótesis alternativas mediante experimento y observación (el elemento de refutación, por lo tanto, resulta central en el método científico). Si hablamos, en cambio, de cualquier otro discurso ajeno a la ciencia (es decir, de pseudociencia), la hipótesis se formula de tal modo que quede totalmente protegida de cualquier posibilidad de refutación (por lo tanto, no hay cabida para el escepticismo crítico). Como ya sabemos, cuando la hipótesis pseudocientífica no es aceptada se recurre a alguna suerte de conspiración o manipulación por parte de la comunidad científica (lo cual, aunque existiese, es algo ajeno a la propia hipótesis, que debe demostrar su validez).

He mencionado, al inicio de este texto, la filosofía de lenguaje tantas veces abstruso. Lo he hecho porque soy partidario de acercar el pensamiento filosófico a las personas de la calle para profundizar en la cuestiones, comprender por qué pensamos y razonamos como lo hacemos, y minimizar la manipulación por parte de los que tienen cuotas de poder. Si la filosofía tiene un mayor terreno para la especulación, lo mismo hay que hacer con el conocimiento científico y su método, darlo a conocer a las personas para que se muestren críticas con lo que tienen delante; educación y más educación, con respeto para el educando, sin absolutismos y sin manipulación de ningún tipo, me parece la respuesta ante tanta pseudoconocimiento. Desgraciadamente, no es precisamente lo que propicia el mundo en que vivimos y ello explica en gran medida que se produzca tanto despropósito en nombre de una concepción supuestamente amplia del conocimiento.

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