domingo, 3 de julio de 2016

En defensa, una vez más, del ateísmo

Existirán muchas motivaciones para el ateísmo. Afortunadamente, hoy en día, proliferan los grupos y federaciones que se declaran ateos, pero no está de más examinar con atención las premisas morales e ideológicas que pueden compartir los integrantes de estos grupos. No voy a hablar en nombre de nadie, pero expresaré aquí un pensamiento y una conducta con la que me identifico plenamente al hablar de ateísmo y con la que creo que se puede enarbolar una bandera (simbólica, por favor) en los grupos ateos. Habrá que aclarar, antes de caer en una conversación pueril o baladí, que el ateísmo demandado está lleno de contenido humano, moral y filosófico. La "no creencia", en una divinidad o en alguna suerte de trascendencia o plano sobrenatural, resulta un punto de partida nada más. Al igual que la anarquía puede tener una acepción negativa, y debe ser respondida con los más poderosos valores humanos en una adecuada praxis, el ateísmo no es, a mi modo de ver, una simple ausencia de fe ultraterrena (algo que tiene muchas aristas, por supuesto, y no es únicamente el monoteísmo su único sendero).

Naturalmente, atravesaremos nociones casi polisémicas, que tienen muchas lecturas, pero precisamente por ello es necesario esclarecer y profundizar en todo ello. Las campañas "ateas" en los últimos años, con sus eslóganes que aluden a la tranquilidad existencial, sin necesidad de respuestas metafísicas, y a potenciar la vida de cada uno, por muy atractivas que aparezcan, resultan insuficientes. Como toda campaña de publicidad, es una mera superficie de un objeto de consumo a "vender", y requiere de mucho más trayecto. Es posible que el desarrollo de la humanidad juegue a favor del ateísmo, así lo creo yo, pero para no caer en un simple monarca derrocado (póngase aquí el nombre que se quiera, religioso o político) con un trono vacío dispuesto a ser ocupado por cualquier ente o concepto que mantenga a los individuos arrodillados. Porque diré que para mí la religión, junto a sus trasuntos políticos y terrenales, supone subordinación, acatamiento a una autoridad divina o trascendente. No temo caer en la simplificación, así me parece y así quiero expresarlo. Toda religión requiere la subordinación de los individuos; al igual que la dominación política, se presentará de manera más o menos sutil, pero la acatación de una autoridad superior es lo que se manifiesta en todas las creencias.

Son recurrentes también las discusiones acerca de la libertad de los individuos para manifestar su creencia como consideren adecuado, la separación entre la fe individual y la institución inicua construida en torno a una creencia (solo supuestamente, a mi modo de ver, ya que existen muchos factores analizables para averiguar por qué se mantiene una institución autoritaria). El lenguaje es primordial para asentar conceptos y, si nos fiamos de la RAE, no caben muchas dudas acerca de lo que es religión en su acepción más completa: "Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto". Subordinación, dogmas, miedo, ritos, cultos, normalización de la conducta (moral restrictiva), abnegación, obediencia, sacrificio... Todo ello forma parte de la religión, en el momento en que hablemos de superación de todo esa subordinación, solo ampliamos los márgenes de libertad de los individuos. (¿concesiones o una religión liberadora?). Bien es cierto que, junto a la obediencia a la doctrina (que es mantenida por la institución, ya que la creencia se extiende hacia lo social) y el culto a la divinidad, se habla de obligación de conciencia y de cumplimiento de un deber. En este sentido, la noción de religión es asumible por cualquier conducta humana, incluso por la más noble y solidaria. Si obedezco a mi conciencia en el deseo de ayudar a mis semejantes, nadie puede convencerme de que ello es trascendente a mí, y sí inmanente. Esta dicotomía entre "inmanencia" y "trascendencia" es interesante, aunque tal vez entremos de nuevo en una simplificación excesiva.

No confiamos ciegamente en la bondad rousseauniana de los individuos, ni creo siquiera que nadie sostenga a estas alturas que el individuo es esencialmente bueno o malo (nadie, excepto los religiosos, seguramente, otro motivo más para apostar por el ateísmo). Abogamos por una potenciación de lo terrenal, un hedonismo completado (nunca opuesto) con los más nobles valores solidarios comprobables en la acción social; ya que la satisfacción de ayudar a desarrollarnos a nosotros mismos, en armonía con los demás, no es quizá comparable a nada en la vida. Algunos de los mejores valores mostrados por la humanidad, tal vez sean en parte heredados de las religiones (yo creo que, simplemente, nos los han legado nuestros ancestros) y nuestra gran empresa es potenciarlos hasta edificar el mejor de los mundos. Repasando importantes conceptos, "individualismo" es una palabra también polisémica, que rara vez es reivindicada por una religión; "solidaridad", en cambio, (junto con algunas palabras similares que aluden a valores humanos) sí aparece recurrentemente en el discurso religioso. Pero todo ello aparece subordinado a todas las nociones autoritarias mencionadas con anterioridad, y que hay que recordarlo continuamente, ya que actúan como obstáculo para la evolución y el desarrollo de esos mismos valores.

Cualquier religión se enmarca, en mayor o en menor medida, dentro de una cultura autoritaria, y el ateísmo es, a mi modo de ver las cosas, la respuesta para buscar la autonomía. Si ya no deseamos hacernos preguntas, nos mantendremos arrodillados, pero si deseamos seguir indagando, continuar evolucionando y potenciando la vida, solo podemos recurrir a un horizonte más amplio (y este horizonte, únicamente lo observo en el plano terrenal, con todas las preguntas que ello suscita acerca de los que es "real"). Uno de los factores que más hablan a favor del anarquismo es el del autoritarismo como obstáculo para el desarrollo de la civilización (y utilizo esta palabra con la intención más amplia); no todas las personas lo verán así, y aquí entra el continuo debate enriquecedor, pero pienso que hay que mostrarse filosófica y vitalmente combativos con la religión (con sus instituciones y con su pensamiento, me refiero), como sinónimo de subordinación y conservadurismo no puede tener cabida en ese deseo de cambiar a mejor y de transformar la sociedad. He confundido, de manera más o menos consciente, las ideas "ateísmo" y "anarquismo"; obviamente, no estarán de acuerdo conmigo los numerosos ateos que no se consideran ácratas, pero resulta más interesante observar el ateísmo desde un punto de vista crítico con una cultura autoritaria y ello me acaba llevando a un terreno político y filosófico más amplio.

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