domingo, 25 de junio de 2023

Cinismo y libre examen

El lenguaje popular ha llevado el significado del término 'cinismo' a un lugar abiertamente peyorativo. Cínico, para esta acepción, sería alguien con una actitud deshonesta, casi que hace gala de su falta de virtudes. Bien, nadie puede negar que la palabra se emplea con este significado en infinidad de ocasiones, aunque con algunos matices.

Tenemos la sensación de que, a pesar de que suele esgrimirse como un insulto, algo ha quedado en ella de cierta carga lúcida; el cínico es alguien que, a pesar de que su conducta pueda ser muy reprobable según determinada moral, en realidad obedece a cierta consciencia e incluso a cierta denuncia sobre la hipocresía del mundo en que vivimos.
Para entender esto, como en tantas ocasiones, hay que averiguar qué suponía en origen la escuela filosófica de los cínicos. No hace falta decir, antes de ello, que si nos ocupamos de tal cosa en este blog es porque entendemos que una cierta actitud cínica, es más que necesaria para acercarnos al librepensamiento. En otras palabras, cuestionar siempre lo establecido, dudar de los convencionalismos y ser irreverente suponen una determinada forma de ver la vida y actuar en ella; por supuesto, una forma que defendemos y que entendemos muy unida al librepensamiento (y, por supuesto, a la libre expresión).

viernes, 12 de mayo de 2023

La tensión entre racionalidad y apasionamiento

A lo largo de la historia, creo que puede decirse así, ha habido una tensión permanente entre una actitud racional y otra, digamos, apasionada. La primera podría corresponder a la ciencia y la segunda, aunque obviamente no solo, a la religión; por supuesto, la cosa necesita de matices en ambos polos.

Por su propia esencia, la religión es fundamentalista, dogmática, aunque sean apelativos que solo aplicamos muy influidos por los medios a los que terminan haciendo barbaridades en nombre de sus creencias. Cuando decimos que alguien es fanático, no estamos diciendo otro cosa que es excesivamente apasionado, es decir, que puede terminar por no corregir su actitud con una buena dosis de racionalidad (ni, muy importante, con una ética que a veces hay que aplicar sin más cuando se trata de respetar al prójimo). No es una tensión, volviendo al principio del texto, que sea fácil de resolver; sencillamente, es la vida cotidiana la que tiene que dar las respuestas. La frialdad científica no puede aplicar a todos los ámbitos humanos, y el dogmatismo, a mi modo de ver las cosas es siempre rechazable (creo que, aunque cueste un poco verlo, todo conlleva cierta dosis de relativismo, aunque sea un término que no defendamos abiertamente y que, especialmente, nos cueste ver aplicado en cuestiones morales).

lunes, 24 de abril de 2023

Reflexiones sobre la ideología

¿Qué queremos decir exactamente cuando hablamos de tener una "ideología"? Huyendo de la utilización de la filosofía como herramienta elitista, y como separación del mundo de las ideas con la realidad cotidiana (algo que puede observarse como muy habitual), parece importante reflexionar sobre este aspecto, y por varios motivos.
 
Por un lado, vivimos en una sociedad básicamente conservadora, en la que tener una ideología parece una cosa arcaica propia de personas dogmáticas que desean, inútilmente, cambiar el mundo conforme a un modelo establecido y, desgraciadamente, incluso a un nivel vulgar, es el pensamiento que ha triunfado: las grandes ideologías murieron y todo intento de resucitarlas supone el peligro de una nueva tentación totalitaria.

lunes, 10 de abril de 2023

Las ideas permanentes en el cerebro

Michael Shermer, fundador de la Skeptics Society, editor de la revista Skeptic, columnista divulgador en Scientific American, productor de programas sobre la ciencia y autor de, entre otros libros, Por qué creemos cosas raras, es uno de los más conocidos defensores del escepticismo científico y defensor de una filosofía humanista. Su obra está dirigida, principalmente, a las personas que no resultan tan escépticos y necesitan argumentos sólidos para tener una mirada más crítica sobre sus creencias.

Por qué creemos cosas raras, publicado en 2007 (con edición española un año más tarde), y como su propio título indica, se esfuerza en desentrañar el motivo por el que las personas creen en tantas cosas extrañas. La primera parte de la obra, como puede esperarse de un divulgador de la ciencia y del pensamiento crítico, puede considerarse todo un manifiesto del escéptico; el antídoto para las supersticiones y para las falsas creencias es el pensamiento racional y el método científico. Los más variados temas, como las abducciones extraterrestres, las experiencias del más allá o los rituales satánicos, son abordados en el resto del libro. Un tema muy interesante es lo que denomina "epidemias de acusaciones", que pueden desencadenar olas de histeria y cazas de brujas; por ejemplo, el acceso por hipnosis a recuerdos reprimidos de supuestos abusos sexuales en la infancia. No podía faltar en en el libro la polémica entre creacionismo y evolución, entre los biólogos que defienden la teoría evolucionista y los partidarios del diseño inteligente.

martes, 21 de marzo de 2023

El ateísmo, la aventura de pensar libremente

En una librería de viejo, enontramos este libro y, cómo resistirse a su compra, con semejante título: El ateísmo. La aventura de pensar libremente en España; máxime cuando vemos en los capítulos dedicados a los siglos XIX y XX con no poco espacio dedicado al anarquismo y también todo un epígrafe a Francisco Ferrer Guardia. Nos encontramos con una rigurosa y estimulante obra, editado por Cátedra en 2016, cuyo autor es el filólogo e historiador Andreu Navarra Ordoño. Comienza el libro con una declaración de intenciones donde el autor asegura no tener ninguna vocación polémica y si el afán de haber hecho un trabajo de investigación histórica. El objetivo es corregir el hecho de que es el ateísmo una postura filosófica no lo suficientemente estudiada en España; el ateísmo y una serie de conceptos más o menos cercanos como pueden ser el escepticismo, la incredulidad, el materialismo, el evolucionismo, la laicidad, el anticlericalismo…

sábado, 11 de marzo de 2023

La ética y su concreción humana en el anarquismo

Ética deriva de una palabra griega que significa costumbre, y es por eso que con frecuencia se ha definido dicho concepto como "doctrina de las costumbres". Aristóteles consideraba que las virtudes éticas son aquellas que se desenvuelven en la práctica (en la vida social, relativas a la justicia, el valor, la amistad, etc.), diferenciadas de las virtudes propiamente intelectuales, que se denominan dianoéticas (todo aquello que tiene que ver con la inteligencia o la razón, como son la sabiduría o la prudencia). En la evolución posterior de la ética, llegará a identificarse cada vez más con la moral, por lo que hay que hablar de una ciencia que se ocupa de los objetos morales.
No obstante, es complicado diferenciar entre la ética, entendida como los sistemas morales, y el conjunto de normas y actitudes de tipo moral propio de una determinada sociedad o de un periodo histórico. Es por eso que los que se han ocupado de la historia de la ética, es frecuente que se limiten a un uso filosófico del concepto, es decir, examinado en sus fundamentos para encontrar una base racional de las ideas o de las normas. Antes de Aristóteles, donde se coloca el punto de partida de la ética, ya existen reflexiones en los filósofos presocráticos en las que se preguntan las razones por las que los hombres se comportan de cierta manera. Sócrates podría ser el fundador de una reflexión ética autónoma, aunque se suele considerar que la misma no hubiera sido posible sin el sistema de ideas morales en el que vivía el filósofo y, de forma importante, sin las cuestiones lanzadas acerca de ellas por los sofistas (recordemos que con ellos nace la oposición entre lo que es por naturaleza y lo que es por mera convención). Platón continuará la obra de Sócrates en los primeros tiempos, aunque luego emprenderá un camino muy diferente, trabajando en un concepto abstracto del bien y subordinando la ética a la metafísica. Más interesante, y fundamental para la historia, es el trabajo de Aristóteles al plantear la mayor parte de los problemas que luego ocupará la atención de filósofos posteriores: relación entre las normas y los bienes, relación entre la ética individual y la social, clasificación de las virtudes, análisis de la relación entre la vida teórica y la vida práctica... Es la vinculación entre teoría y prácticas éticas la que interesó posteriormente a escuelas y autores post-aristotélicos, siendo frecuente en esa comparación que se establezca la primacía de la vida práctica. Hay que recordar la pluralidad del pensamiento griego, de tal manera que aunque se solían jerarquizar en todas las escuelas los bienes concretos a los que debía aspirar el hombre, existía discrepancia en cómo encontrar la deseada tranquilidad de ánimo: búsqueda de la impasibilidad (en los estoicos), desprecio de las convenciones (cínicos) o persecución del placer moderado (o, para expresarlo mejor, equilibrio racional entre las pasiones y su satisfacción, según los epicúreos).

domingo, 19 de febrero de 2023

La actitud escéptica, base del progreso

Se dice que cuando un acontecimiento da lugar a un efecto de extrañeza la inteligencia produce mecanismos de defensa con afán de anularlo, desde la simple negación hasta incluso la exclusión. Naturalmente, a este esfuerzo de la inteligencia puede seguir el trabajo de la reflexión, sopesando con ecuanimidad y distanciamiento los argumentos tratando de acercarse a los hechos con una mirada más abierta, desinteresada y comprensiva.

Por desgracia, no siempre esta admirable actitud ocurre así, sobre todo en los casos en que las implicaciones de aquello a lo que la reflexión se enfrenta, en el caso de ser aceptado, pueden parecer tan graves como para que todo aquello en que creeemos -es decir, una parte considerable de lo que somos- se venga abajo. Ese es también el caso del escepticismo, actitud filosófica que pretende socavar los fundamentos mismos de la razón. Pero esos mecanismos de defensa no han podido eliminar la pulsión escéptica, lo que demuestra tal vez lo inherente que es esta actitud al ser humano al poner en cuestión todo dogmatismo y toda verdad absoluta.