miércoles, 14 de febrero de 2018

Lo importante de revisar permanentemente las creencias

La creencia, tal y como se ha definido en ocasiones, sería como una especie de mapa, que llevaríamos grabado en nuestro interior (en mi opinión, y en nombre de la libertad, más producto del ambiente que de la genética), que nos conduce en el mundo para hallar una mejor satisfacción de nuestras necesidades.

Así, dicho mapa no nos dice necesariamente cómo son las cosas, sino que nos muestra formas de conducta adaptadas a esas necesidades personales en el ámbito de una realidad percibida por la experiencia. Habría que objetar, frente a todo determinismo, que dicha definición es posible que sea muy correcta, pero que dicho mapa es, o debería ser, modificable en función del conocimiento, desarrollo, experiencias, etc. Es decir, si de alguna manera nos vemos condicionados por nuestra necesidades, algo muy humano, estas deberían cambiar y ser revisadas constantemente si de verdad creemos en el cambio y la evolución. Si recuerdan ustedes aquella campaña atea de hace unos años, que invitaba al creyente a olvidarse de la gran deidad y a relajarse, es un ejemplo perfecto. Si se esfuerzan en inscribir en nuestro mapa interno, de la forma que sea, una idea absurda, nuestros deseos y satisfacciones, toda nuestra vida, se ven condicionados por ello con toda suerte de dificultades que nos hacen caer, precisamente, en fuentes externas. La respuesta primera es, tal vez, "relajarse" para observar un horizonte amplio en la vida exento de creencias inamovibles (que siempre, tengan o no un origen sobrenatural, resultan perniciosas).

viernes, 26 de enero de 2018

Religión y jeraquía social

Entre las múltiples críticas que realizamos a la religión, desde una perspectiva libertaria (y entendemos este término como estrechamente vinculado al librepensamiento y a la emancipación social e individual), está la legitimación que supone de las jerarquías.

Aunque esta visión requiere matizaciones, y solo alcanza su plena expresión con el monoteísmo, podemos considerar que la idea de que "todo el poder viene de Dios" alcanza un reflejo en un orden social rígidamente jerarquizado. Las cosmogonías religiosas determinan también las estructuras sociales. No es posible que existan personas autónomas en el pensamiento religioso, y sí "fieles", "súbditos", "ovejas" (parte de un rebaño) o toda suerte de miembros de un grupo subordinados a un jerarca o a una tradición. A pesar de su cambio de estrategia ante los nuevos tiempos, máxime ahora con un nuevo pontífice aparentemente progresista, el objetivo de la Iglesia siempre ha estado en obtener el poder absoluto, presuntamente establecido por la máxima figura de la divinidad. Incluso, algo tan obvio en el transcurrir de los tiempos como es la visión laica, la separación entre Iglesia y Estado, es un evidente peligro para el poder religioso (y una falacia en la práctica, ya que se prima en tantos países la confesión católica). Aunque el poder político, concretado en alguna forma de Estado, posee el mismo peligro, en el caso de las estructuras ecleasiásticas es más evidente la imposibilidad de opinar sobre sus leyes, siendo necesaria una clase mediadora capaz de interpretar la "legítima" e "infalible" voluntad divina.

sábado, 20 de enero de 2018

Sobre la construcción dinámica de la identidad personal

La construcción de la identidad personal, en contra de toda identidad estática y colectiva, debe tener en cuenta la diversidad y complejidad de lo social; debe ser un proceso dinámico y en constante revisión de toda idea preestablecida, lo cual supone el rechazo del dogmatismo y un permanente sentido crítico de la realidad

Cuando hablamos de identidad personal, nos referimos a la "individualidad", que hay que diferenciar del individualismo o atomización imperante en las sociedades contemporáneas, insolidario e incapaz de una auténtica conciencia social. Es decir, un individualismo rechazable, que lo relega todo a la subjetividad, obviando los conflictos sociales que están detrás de tantos problemas. No es de extrañar que gran parte de las personas corran a abrazar viejas o nuevas formas de religiosidad, o todo tipo de creencias, que prometen la "curación" o "salvación" personal. Desde nuestro punto de vista, en esta cuestión se encuentra el origen de una profunda distorsión de la "espiritualidad" o, para que nos entendamos mejor, de la manera de entender los valores humanos. Pero, volvamos a la cuestión de la identidad. Esta, entendida como una proceso de individuación, debería ser auténticamente humanizadora y emancipadora, por lo que es necesario un proceso educativo que haga que la persona se implique en la construcción social y cultural de su personalidad. De forma paulatina, vamos construyendo nuestra identidad personal mediante múltiples interacciones con los demás en contextos que deben ser complejos y plurales; por lo tanto, no se trata de un proceso con un principio y un final, sino dinámico, constantemente estimulado para la innovación. De lo contrario, no es de extrañar que las personas caigan en el estatismo y la alienación, volvemos de nuevo a las creencias en algo permanente, no sujeto a crítica, con la cual nuestra propia identidad se convierte en algo inamovible. No resulta extraño el enfado monumental de ciertas personas, cuando criticas sus creencias dogmáticas, ya que al hacerlo estás cuestionando indirectamente su propia identidad sagrada e inmutable.

martes, 2 de enero de 2018

Fomentar el pensamiento crítico

Los que me conocen, ya saben que soy un pertinaz, testarudo y acérrimo defensor del pensamiento crítico (y, ojo, también autocrítico, no existe uno sin el otro), considero su falta uno de los grandes problemas de la sociedad, por lo que procuro no dejar nunca de fomentarlo. A poco que se indague, pueden encontrarse fácilmente diversos puntos que ayudan a nuestros hijos, en fase educacional, a tener un pensamiento crítico, profundo e independiente.

La verdadera cuestión, no es solo si los chavales pueden ser educados en el pensamiento crítico, es si la mayor parte de los adultos lo tiene y la respuesta parece ser negativa. Una obviedad, la educación de un ser humano no se limita a ciertos años, sino que se extiende a lo largo de toda una vida. Esto es así porque la independencia de criterio y la autonomía (por otra parte, como toda forma de utopía personal y colectiva) es algo a perseguir constantemente, sin que se alcance nunca, ya que jamás el conocimiento, como la verdad, es absoluto.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Sugerencias para la enseñanza del pensamiento crítico

Robert H. Ennis es un filósofo de la educación que define el pensamiento crítico como reflexivo y razonable, y centrado en lo que la persona pueda decidir hacer o creer; es un pensamiento reflexivo porque analiza resultados y situaciones, y es razonable al predominar la razón sobre otras dimensiones del pensamiento.
Echemos un vistazo a lo que nos aconseja Ennis en la educación del pensamiento crítico.


1.- A lo largo de todo el proceso, dar énfasis a la agilidad para la búsqueda de alternativas (hipótesis alternativas, conclusiones, explicaciones, fuentes de evidencia, puntos de vista, planes).

2.- Poner de relieve la búsqueda de razones y evidencias. Preguntar frecuentemente "¿por qué?" de un modo no amenazante (tanto si estás de acuerdo con los alumnos como si no y, por supuesto, cuando estás inseguro) o estás intentando averiguar qué es lo que quieren decir. Otra buena pregunta es "podrías decir algo más?". Preguntar "¿por qué?", aunque es el modo más conciso de descubrir los motivos, es a veces amenazador.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Religión, anarquismo y posmodernidad

 ¿Qué hay de cierto en lo que aseguran los pensadores posmodernos? La posmodernidad se caracteriza por la crítica a cualquier discurso totalizante, algo que debería poner en cuestión a las religiones y a todo tipo de dogmatismo. Lejos de esto, lo que llaman "época posmoderna" ha abierto la puerta a toda suerte de creencias espirituales y pseudocientíficas. ¿Existe algo llamado "anarquismo" posmoderno? Defendemos que las ideas libertarias, con su huida de toda solución definitiva y de toda trascendencia, y con su convicción en la transformación de la vida para abrir nuevas posibilidades inmanentes, han sido la excepción entre las corrientes surgidas en la modernidad

La llamada posmodernidad ha aumentado la sospecha sobre la razón, que ya iniciaron otros autores en los dos últimos siglos. El cuestionamiento del racionalismo moderno ha desembocado, en gran medida, en un abierto desencanto de la razón. Si se llegó a confiar en la existencia de un "mundo verdadero", por encima de las meras experiencias, en una realidad última o fundamento, ahora los posmodernos consideran que solo es posible un "pensamiento débil" que conduce al relativismo. Lo paradójico es que la religión, que se afana también en la búsqueda de esa "realidad última", de un absoluto, debería ser lo más opuesto a los rasgos que presenta la posmodernidad. Lyotard, autor en los años 70 de conocidos ensayos sobre la posmodernidad, consideró que los relatos religiosos configuran la visión del mundo, es decir, lo que puede decirse dentro de una determinada cultura; así, la religión supondría también uno de esos grandes discursos o metarrelatos denunciables por la posmodernidad. Sin embargo, al denunciar también la razón como constructora de la realidad, al considerarla también como un "absoluto", se produce cierto respeto por el misterio presente en la inescrutable pluralidad de lo real y se prima la experiencia sobre el conocimiento para abordar las grandes cuestiones de la vida.

jueves, 9 de noviembre de 2017

La cultura religiosa, beneficiosa o no

Vamos a lanzar unas cuentas reflexiones sobre la creencia religiosa y el ateísmo: si es sostenible intelectualmente una posición atea, realizamos un análisis de la religiosidad como parte de una cultura autoritaria, y evaluamos si la religión beneficia a la sociedad. En primer lugar, algo obvio, reside en el creyente la llamada "carga de prueba", es decir, tiene la obligación de estar dispuesto a demostrar la veracidad de su proposición (naturalmente, cuanto más insólita es la proposición, más pesada resulta la carga de prueba, ya que el que recibe la propuesta necesitará un mayor esfuerzo).

La persona crítica que recibe la proposición del creyente tendrá que realizar en primer lugar una suspensión de juicio, deberá indagar, examinar los hechos concretos del caso, la claridad del razonamiento, las consecuencias derivadas de la razón, las evidencias a favor o en contra de una u otra postura, los motivos de la persona que propone... Lo que se dice es que la proposición de que el "concepto clásico de Dios" (y aquí se enumeran una serie de atributos, como el hecho de una cosmovisión basada en la creación de este supuesto ser) sea real resulta extraordinaria, por lo que el proponente debe valorar la veracidad y objetividad como en el caso de cualquier otra propuesta de ese calibre. Por supuesto, si una posición resulta insostenible o infundada, es mejor abandonarla antes de que se convierta en incongruente. Desde este punto de vista intelectual, un universo sin dioses resulta teóricamente más eficiente y más probable en la práctica, por lo que la posición atea es claramente sostenible. Incluso, si se pretende justificar la creencia debilitando los criterios hasta un punto que resulta impráctico, es posible así justificar cualquier creencia mística. Desde este punto de vista, y para ser consecuente, habría que creer en todos los dioses (y en conceptos similares no sujetos a examen crítico, ya que el asunto se extiende a otros ámbitos) o en ninguno.