Cada vez estoy más convencido de que, al menos en España, de manera muy generalizada, no hay
memoria, ni corta ni larga. Es muy difícil trabajar por la recuperación
de la memoria historia, en un país en el que no parecen recordarse ni
los últimos años. Todo el afán parece ser buscar una élite política (un
gobierno, claro) que gestione adecuadamente, que nos resuelva las cosas,
vamos. Esta situación, al margen de las ideas políticas que tenga uno
(que sí, que todos tenemos eso que llaman "ideología", aunque algunas
personas simplemente reproduzcan la ideología predominante), se produce
en una sociedad en la que la ausencia de conocimiento y de análisis
político es que cada vez mayor. Irremediablemente, ello lleva
automáticamente a vincular la participación política con la mera
votación periódica para la elección de los gestores de turno. Dicho de
un modo algo más profundo, podemos decir que lo que predomina en la
actualidad es un imaginario social reformista o revisionista (se quieren
cambiar las cosas a nivel formal, pero manteniendo el sistema intacto)
frente al imaginario reaccionario (se querrían mantener los rasgos de
una sociedad tradicional y retrógrada; un ejemplo es el catolicismo en
este país, y afortunadamente el laicismo va ganando terreno) y el
imaginario revolucionario (que ya concretaremos más adelante cuál de
ellos es nos parece verdaderamente transformador y progresista).
