Resulta digna de estudio la fiebre actual por según qué elementos de la cultura popular. Seguramente, esto ha existido siempre y, como buenos cascarrabias que somos los críticos, simplemente nos parece que en nuestra época se manifiesta de manera más intensa. Hay que decir que crecí viendo, y disfrutando muchísimo, las películas originales de Star Wars (aunque siempre nos aclararan previamente, para nuestra confusión, que aquellas eran los capítulos 4, 5 y 6); cuando ya bastante adulto, llegaron a las pantallas los tres primeros capítulos, la cosa no tenía ya un gran interés para mí. Ojo, no digo que sea una cuestión de madurez, en absoluto. Como buen amante del cine me parecen legítimos todos los géneros, incluso los más apabullantemente comerciales y dirigidos a "todos los públicos" (en otro momento, eso sí, hablaremos de la tendencia irritantemente infantil de gran parte de Hollywood, de la que gente como George Lucas o Spielberg es más que responsable).
