Mostrando entradas con la etiqueta Posmodernidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Posmodernidad. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de octubre de 2023

La posmodernidad y las nuevas creencias

El malestar con la modernidad no es tan reciente como pudiera parecer en un primer momento. De hecho, puede decirse que el mismo desarrollo de la época moderna conlleva algunos movimientos más o menos de oposición. Es el caso del romanticismo, en el que se exhaltan los sentimientos y la subjetividad, frente a la razón ilustrada y la objetividad.

Cuando he hablado con personas del ámbito filosófico, siempre se alude a la posmodernidad como algo abstruso, que tal vez no terminan de comprender bien ni ellos mismos; en cualquier caso, hablamos de una crisis de los valores modernos, el desencanto debido a que hay poner en cuestión nociones como el progreso, la razón, la emancipación e incluso la ciencia. Es, en definitiva, una crisis de los grandes relatos, discursos, cosmogonías o ideologías; ya no existen grandes asideros a los que agarrarse, debido a lo cual se ha hablado también de la posmodernidad como "modernidad líquida". Todo esto nos lleva, y hablo por experiencia propia, de que los pensadores impregnados de posmodernidad, con alguna notable excepción, caigan en un relativismo no pocas veces extremo; debido a que la verdad es algo cuestionable, y no existe ninguna gran explicación definitiva a la que agarrarse, cualquier discurso les vale.
 

viernes, 12 de mayo de 2023

La tensión entre racionalidad y apasionamiento

A lo largo de la historia, creo que puede decirse así, ha habido una tensión permanente entre una actitud racional y otra, digamos, apasionada. La primera podría corresponder a la ciencia y la segunda, aunque obviamente no solo, a la religión; por supuesto, la cosa necesita de matices en ambos polos.

Por su propia esencia, la religión es fundamentalista, dogmática, aunque sean apelativos que solo aplicamos muy influidos por los medios a los que terminan haciendo barbaridades en nombre de sus creencias. Cuando decimos que alguien es fanático, no estamos diciendo otro cosa que es excesivamente apasionado, es decir, que puede terminar por no corregir su actitud con una buena dosis de racionalidad (ni, muy importante, con una ética que a veces hay que aplicar sin más cuando se trata de respetar al prójimo). No es una tensión, volviendo al principio del texto, que sea fácil de resolver; sencillamente, es la vida cotidiana la que tiene que dar las respuestas. La frialdad científica no puede aplicar a todos los ámbitos humanos, y el dogmatismo, a mi modo de ver las cosas es siempre rechazable (creo que, aunque cueste un poco verlo, todo conlleva cierta dosis de relativismo, aunque sea un término que no defendamos abiertamente y que, especialmente, nos cueste ver aplicado en cuestiones morales).

domingo, 15 de septiembre de 2019

Recuerde, todo es posible

La sociedad posmoderna nos depara una sorpresa tras otra. Como ya hemos dicho muy a menudo, afloran toda suerte de gurús, maestros de pacotilla y adalides de la más manida y cuestionable espiritualidad.

Estos iluminados, suelen dar conferencias, impartir cursos y escribir libros, y no pocos incautos se ven seducidos por sus propuestas. No vamos a entrar en muy concretas técnicas o terapias, que no son más que pseudociencia que habría que rechazar. No, hoy vamos a hablar de esa filosofía genérica de baratillo, que podríamos encuadrar dentro de lo que en las secciones de las librerías, que al fin y al cabo lo que quieren es vender libros, denominan "autoayuda". Bien es cierto, que las propuestas pseudocientíficas, junto a una muy poco innovadora espiritualidad (ya sabe, la superioridad de la mente sobre la materia), se fusionan en estos gurús, que aseguran hacerlo todo por el prójimo.

domingo, 16 de diciembre de 2018

A vueltas con la ciencia


En la filosofía posmoderna, que ya adelantamos que resulta la mayor parte de las veces un fárrago de mucho cuidado en el que no vamos a incidir, se considera que la ciencia es simplemente un “discurso” más insertado en una determinada cultura, en este caso la de los valores occidentales.

Aunque resulta difícil de creer a priori que alguien considere esto como cierto, se viene a decir que el conocimiento científico viene a ser equiparable a la construcción de mitos de otras culturas, ni más ni menos válido. Frente a la afirmación de que resulta posible acercarnos a un conocimiento objetivo, nos dicen ahora que todo es más o menos relativo, resultado de una determinados prácticas sociales y políticas. Bien, esto explicaría, al menos en parte, por qué en las sociedades “avanzadas” (no repriman ustedes la risa por el epíteto) proliferan toda suerte de discursos y remedios alternativos, que nos prometen una salud y una existencia envidiables, y que se insista tantas veces en la división entre el conocimiento occidental y el oriental.

jueves, 2 de agosto de 2018

¿Ateísmo posmoderno?

La posmodernidad se suele entender como el fracaso de la Modernidad, es decir, el fin de todo proyecto y normativa global y totalizante. Es por ello que en el terreno de la religión, se trata de un rechazo máximo a la idea de Dios, por lo que tantas veces se menciona a Nietzche como el precursor de la posmodernidad.

El ateísmo, al que hay que observar como una parte de las ideas antiautoritarias, inauguró una corriente moderna radical con Feuerbach en la que se trató de invertir los postulados teístas, al considerar que Dios había arrebatado los valores y la libertad al ser humanos, para tratar de divinizar a la humanidad. El lugar central de Dios vendría a ser ocupado ahora por el hombre y el ateísmo liberaría al hombre de la concepción alienante de la religión y la creencia sobrenatural. Como he dicho, se trata de una radicalización de los ideales modernos: la emancipación humana se apoyaría en la razón, de base sobre todo científica, y en una organización justa, solidaria e igualitaria. Desde la perspectiva actual, y con el desarrollo paralelo a la Modernidad de la dominación económica capitalista (proyecto autoritario y totalizante, por mucho que se presente con un barniz de liberalismo), hay que ser crítico con esa concepción absolutista de la razón, apoyada en una ciencia que ha estado al servicio de grandes horrores en las disputas humanas. A mi modo de ver la cosas, y aunque se pretende desde el

sábado, 5 de mayo de 2018

New Age, posmodernidad y creencias alternativas


En otras ocasiones, nos hemos referido a la posmodernidad y también a la pseudociencia (terapias alternativas, formas eclécticas de neoespiritualidad…), vamos a tratar ahora de vincularlas de alguna manera con los rasgos de esta época proclive al eclecticismo y a una suerte de creencias a la carta. El objetivo, como no podía ser de otra manera, es tratar de comprender cómo es posible que tantas personas sigan creyendo en cosas absurdas, contrarias a la razón, incluso irrisorias.

Hay que recordar que la crisis de la modernidad supuso la de los grandes relatos, ya fueran políticos, científicos, religiosos o filosóficos; ello explica que el llamado sujeto posmoderno se caracteriza por la atomización y por la falta de vínculos; así, buscaría con afán un relato, entendido como un discurso que legitime su existencia. Uno de los grandes males que caracterizan las sociedades "avanzadas" es el de la depresión, o cualquier otro tipo de dolencia psicológica, para el que la medicina convencional y científica no tarda, lamentablemente, en administrar psicofármacos. De forma paralela, se ha producido un sorprendente auge de todo tipo de hechiceros y terapeutas alternativos, con discursos pseudocientíficos, abiertamente esotéricos o, en gran parte de los casos, con una mezcolanza de difícil digestión.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Religión, anarquismo y posmodernidad

 ¿Qué hay de cierto en lo que aseguran los pensadores posmodernos? La posmodernidad se caracteriza por la crítica a cualquier discurso totalizante, algo que debería poner en cuestión a las religiones y a todo tipo de dogmatismo. Lejos de esto, lo que llaman "época posmoderna" ha abierto la puerta a toda suerte de creencias espirituales y pseudocientíficas. ¿Existe algo llamado "anarquismo" posmoderno? Defendemos que las ideas libertarias, con su huida de toda solución definitiva y de toda trascendencia, y con su convicción en la transformación de la vida para abrir nuevas posibilidades inmanentes, han sido la excepción entre las corrientes surgidas en la modernidad

La llamada posmodernidad ha aumentado la sospecha sobre la razón, que ya iniciaron otros autores en los dos últimos siglos. El cuestionamiento del racionalismo moderno ha desembocado, en gran medida, en un abierto desencanto de la razón. Si se llegó a confiar en la existencia de un "mundo verdadero", por encima de las meras experiencias, en una realidad última o fundamento, ahora los posmodernos consideran que solo es posible un "pensamiento débil" que conduce al relativismo. Lo paradójico es que la religión, que se afana también en la búsqueda de esa "realidad última", de un absoluto, debería ser lo más opuesto a los rasgos que presenta la posmodernidad. Lyotard, autor en los años 70 de conocidos ensayos sobre la posmodernidad, consideró que los relatos religiosos configuran la visión del mundo, es decir, lo que puede decirse dentro de una determinada cultura; así, la religión supondría también uno de esos grandes discursos o metarrelatos denunciables por la posmodernidad. Sin embargo, al denunciar también la razón como constructora de la realidad, al considerarla también como un "absoluto", se produce cierto respeto por el misterio presente en la inescrutable pluralidad de lo real y se prima la experiencia sobre el conocimiento para abordar las grandes cuestiones de la vida.

sábado, 4 de octubre de 2014

Imposturas intelectuales

Alan Sokal y Jean Bricmont, conocidos físicos, publicaron un libro con este título partiendo de una divertida anécdota. Sokal mandó un paródico texto, llamado "Transgressing the Boundaries: Toward a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity" (Transgredir los límites: Hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica), a la publicación posmoderna Social Text. El artículo, que estaba tomado de citas, absurdas o carentes de sentido, pero auténticas, de célebres intelectuales franceses y estadounidenses, fue publicado y entonces se reveló el engaño con gran escándalo.

Lo que se quiso demostrar es que famosos intelectuales, muchos de ellos posmodernos, han hecho un uso reiterado de diversos conceptos y términos científicos, los cuales han sacado de contexto en no pocas ocasiones o los han ofrecido al lector no científico como una jerga ininteligible o carente de sentido. No se tuvo la intención de invalidar la obra por completo de dichos autores, muy conocidos, pero sí se quiso realizar esta denuncia, la cual les funcionó a la perfección. Tiempo después, para completar el dossier reunido por Sokal en la investigación bibliográfica, del cual solo una pequeña parte pudo ser incluido en la parodia, se publicó el libro titulado Imposturas intelectuales. En esta obra, hubo una segunda intención crítica, que está dirigida a los que consideran la ciencia moderna simplemente como un "mito", una "narración" o una "construcción social" entre otras muchas. Es algo que puede denominarse "relativismo epistémico", parece ser que más extendido entre el mundo angloparlante que en otras latitudes.
Por lo tanto, Imposturas intelectuales contiene dos obras distintas aunque relacionadas compuestas del siguiente material: una recopilación de abusos extremos puestos a la luz por Sokal, en primer lugar, y una crítica feroz de ese relativismo epistémico y de las concepciones falaces de la "ciencia posmoderna", en segundo. Recordaremos que la posmodernidad supone un rechazo más o menos explícito de la tradición racionalista procedente de la Ilustración, por parte de ciertas elaboraciones teóricas carentes de prueba empírica, y por una relativismo cognitivo y cultural. La denuncia presente en Imposturas intelectuales pretende ser, sobre todo, sociológica, ya que los autores franceses de las "imposturas" tienen cierto reconocimiento en aquellos círculos académicos de habla inglesa en los que el relativismo epistémico es habitual. También se produce un cierto nexo en las dos partes de esta obra: si se acepta ese relativismo epistémico, se acaba siendo poco o nada crítico con ciertas representaciones de ideas científicas (las cuales, según la visión posmoderna, acaban siendo simplemente otro discurso). No hay intención crítica alguna, más bien todo lo contrario, acerca de las humanidades o de las ciencias sociales, ya que puede extenderse la denuncia de los abusos también a estas disciplinas. Se trata, en definitiva, de una muestra de malos hábitos intelectuales, cuya denuncia corresponde probar a quien la hace, sin generalizaciones de ningún tipo.

En palabras de los mismos Sokal y Bricmont, su obra combate la confusión intelectual, no el radicalismo político, y puede añadirse que más bien al contrario. La siguiente cita de Michael Albert en Z Magazine es significativa: «No hay nada veraz, sabio, humano ni estratégico en confundir la hostilidad a la injusticia y a la opresión, que es de izquierdas, con la hostilidad a la ciencia y a la racionalidad, que es un sinsentido». De hecho, parece ser que numerosos investigadores del campo de las humanidades y de las ciencias sociales agradecieron a Sokal aquella iniciativa paródica y expresaron igualmente su rechazo a a las tendencias posmodernas y relativistas que invaden sus disciplinas. A pesar de todo, hay que reconocer que aquello fue una broma y el hecho de que se publicara, a pesar del disgusto y la puesta en evidencia de la publicación posmoderna, no es lo más importante. Lo auténticamente revelador es el contenido de la parodia, construida a partir de citas de los más eminentes autores franceses y nortemericanos sobre las presuntas implicaciones filosóficas y sociales de las ciencias naturales y de las matemáticas. Citas que pueden calificarse de absurdas, pero auténticas, las cuales han sido reunidas en Imposturas intelectuales en forma de textos más largos que permiten juzgar mejor el trato que dispensan esos intelectuales a las ciencias. Además, para los lectores que no somos científicos, se realizan una serie de análisis y comentarios que nos explican por qué son los textos disparatados. Se trata de una obra recomendable para todos los que estamos interesados en un análisis intelectual de nuestra época, que algunos quieren observar como la confirmación del fracaso del proyecto de la modernidad (y no les falta razón), pero que bajo ningún concepto debe hacernos renunciar a perseguir esos valores emancipadores.