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domingo, 23 de noviembre de 2025

El mito del libre albedrío

En este blog, ya hemos abordado el concepto del libre albedrío, basado en una supuesta voluntad libre del individuo, que ya señalamos como una fantasía y un concepto reduccionista proveniente de la tradición religiosa; la libertad humana es algo complejo y apasionante, pero la vida social está sujeta a tantos condicionantes, máxime en una sociedad jerarquizada y muy mediática, con tantos intereses, que quien no ponga en cuestión sus actos y creencias resulta alguien más bien pobre y determinado. 

Esta situación se produce más en concreto en la posmoderna sociedad de consumo, donde la tecnología, internet y redes sociales juegan un cuestionable papel, deberíamos esforzarnos en un mayor tiempo para la reflexión y el contraste de las ideas. Muy probablemente, la ideología que aparentemente se ha impuesto en el desarrollo de la humanidad, con todos los altibajos que se quiera, el liberalismo, tomó una confianza exacerbada en el libre albedrío. Por lo común, las personas creen actuar libremente, sin apenas espacio para el análisis, la crítica y la autocrítica; desgraciadamente, forma parte de nuestro acervo cultural. Sin embargo, de forma obvia a poco que reflexionemos, el libre albedrío no es una realidad científica, más bien lo contrario, un concepto heredado de la visión religiosa (quizá, más en concreto, la monoteísta). Así, se considera tradicionalmente que el ser humano es libre para actuar, algo que justifica la recompensa o el castigo de Dios; yendo un poco más allá, se considera el libre albedrío resulta un reflejo de nuestra alma eterna, por lo que no hay cabida para las limitaciones biológicas y sociales. Un mito que debería tener poca relación con lo que nos dice el conocimiento, disciplinas como la antropología o la biología, incluso la filosofìa en general si se quiere ser extremadamente crítico con la ciencia.

sábado, 25 de enero de 2025

La caja tonta y su persistente capacidad manipuladora

Entre los factores de enajenación más obvios, dentro de los medios de comunicación de masas, está la televisión. La cosa es tan elemental que uno se pregunta cómo podemos dejar que un medio, que además alcanza cotas tan bajas de nivel cultural, puede ser tan importante en nuestras vidas.
 
Recordaremos, brevemente y de modo elemental, lo que entendemos por enajenación o alienación: se trata de una pérdida de la personalidad debido a la dependencia del ser humano de fuerzas externas, de tal manera que se muestra incapaz de realizar lo que se espera mínimamente de su capacidad. Para comprender más ampliamente el término, recordaremos que la etiqueta de "normal" o "sano" para un individuo posee al menos dos enfoques: adaptación a unas necesidades sociales o la posibilidad de alcanzar un proyecto vital satisfactorio. En el caso de una estructura social adecuada, que podemos denominar racional, los dos enfoques pueden coincidir y la etiqueta de "individuo sano" puede estar más cercana a la realidad. En el caso de nuestra sociedad, con tantos problemas sociales y sicológicos que sería más ajustado calificarla de "irracional", la persona adaptada a su papel social (trabajar en algo funcional, fundar una familia...) es la que se suele calificar de "sano" o "normal"; otros proyectos vitales esforzados en otras vías, y en este caso a la fuerza puede suponer tratar de escapar a las fuerzas de enajenación y poseer rasgos propios, se suelen calificar como "rarezas" o señalar lo imposible o inapropiado de sus aportaciones (en este sentido, recordaremos el desprestigio de las ideologías, que es lo mismo que decir de las ideas, de la ética y de la racionalidad).

sábado, 20 de julio de 2024

El librepensamiento y la propaganda oficial

En una conferencia de 1922 así titulada, Bertrand Russell alertaba sobre los peligros en torno a la libertad de pensamiento, por mucho terreno que pareciera que se hubiera logrado. Casi un siglo después, con una concepción del progreso, que hay que cuestionar tanto o más que en aquel momento, merece la pena que atendamos a lo que dice el genial filósofo.


En un sentido estricto, lo que entendemos por "librepensamiento" significa desprenderse de los dogmas de la religión tradicional; Russell considera que las religiones no han sido, a grandes rasgos, una fuerza positiva y confía en que acabarían desvaneciéndose al pertenecer a una fase infantil de la razón humana. Pero, el término "librepensamiento" tiene una acepción más amplia, y es precisamente debido a las religiones que no se habría desarrollado en ese sentido. Russell se refiere a "libre" cuando no hay una coacción externa, la cual puede ser evidente o más sutil y esquiva. La dominación del pensamiento más obvia es cuando "corre el riesgo de sufrir una sanción legal por atenerse o dejar de atenerse a según qué opiniones"; Russell aboga por la ausencia de penas legales para que la libertad de expresión sea completa, algo que no se ha terminado de realizar en ningún país. No obstante, existen otros dos grandes impedimentos opuestos al librepensamiento: las servidumbres económicas y la distorsión de lo evidente. Es también evidente que no puede existir un pensamiento libre si se presentan todos los argumentos, dentro de una controversia, del modo más atractivo posible, mientras que los de la otra parte permanecen ocultos de tal manera que solo una cuidadosa investigación podría descubrirlos:
Podríamos decir que el pensamiento es libre cuando asistimos a una libre competencia entre las distintas creencias, es decir, cuando se permite que todas las fes expongan sus planteamientos y cuando dichas creencias no se hallan asociadas a ventajas o desventajas de carácter legal o pecuniario. Se trata de un ideal que, por varias razones, jamás se alcanza plenamente. Sin embargo, es posible aproximarse a él mucho más de lo que hoy se hace.

viernes, 16 de febrero de 2024

Posverdad y manipulación

Mires, escuches o leas, donde quieras, encuentras por doquier cierto términos puestos de moda, empleados gratuitamente y, habitualmente, utilizados como armas arrojadiza contra el rival político.

Es el caso de la palabra 'populismo', cuyo origen parece estar en el éxito de ciertas fuerzas políticas electoralistas de nuevo cuño. Los que acusan al rival de 'populista' o, por ejemplo, de 'demagogo', de manera hipócrita obvian que la democracia representativa se basa, sencillamente, en esos subterfugios. La 'demagogia', es decir, la seducción de las masas (con evidentes mentiras en muchos casos) y el 'populismo', es decir, el arrogarse la voluntad y los deseos del 'pueblo' (otra abstracción sin contenido), lo emplean unos y otros a ambos lados del espectro político. Ahora, nos llega, de manera irritante, el vocablo 'posverdad'. ¿Somos capaces de otorgar contenido al lenguaje? Consecuentemente, ¿podemos analizar la realidad de manera razonablemente objetiva para no ser manipulados? Veamos, sin ser demasiado pesimistas y aportando alternativas.

jueves, 22 de diciembre de 2022

La búsqueda de aprobación y dependencia de los demás

Si uno sabe algo de psicología social, comprenderá hasta qué punto nos nuestro comportamiento se ve condicionado en sociedad. Particularmente, es algo que digno de reflexión, e incluso debería obsesionarnos un poco, cómo actuamos de una u otra manera dependiendo quién esté presente; cómo se produce, además, esa influencia. Ojo, es algo que nos pasa a todos, por muy conscientes que creamos ser, o por mucho que presumamos de independencia de criterio y de conducta, en mayor o menor medida. Lo que ocurre es que en ciertas personas, y creo que esto puede decirse así, parece algo cercano a lo patológico. No hay que hacer una lectura simplista, las personas no son esencialmente falsas y/o pusilánimes, hay otras explicaciones psicológicas. Además, están las dos posturas extremas: el que se acomoda al pensamiento de grupo y el que tiende a llevar la contraria allá donde se encuentre. Sí, creo que es más común la primera postura. Detrás se encuentra la necesidad, lógica por un lado, terrible por otro, de ser aprobado por los demás.

domingo, 3 de julio de 2022

La subversiva búsqueda del conocimiento

A poco que uno tenga cierto apego hacia el conocimiento, vivimos una época cuanto menos desconcertante. Lo habéis adivinado, me refiero una vez más a las numerosas creencias, supercherías y charlatanes que proliferan por doquier. Se trata muy problamente, de lo que nos depara la sociedad del consumo y el capitalismo con su pertinaz mercantilización de la vacuidad. Cuanta más estulticia prolifere, tanto mejor, el personal más sumiso y manipulable.
 
Por supuesto, no hay que culpar íntegramente al sistema que padecemos, esta situación es también algo que haya su caldo de cultivo en esa escalofriante tendencia del ser humano a creer en cualquier cosa, a subordirnarse a algún adalid o inefable caudillo, o a mostrar un respeto excesivo por cualquier forma de autoridad, oficial o alternativa. El propio tratamiento que sufre la información, en una época en el que nunca fue tan fácil acceder a ella, es significativo.Verdades proclamadas un día, no mucho tiempo después son olvidadas sin que sea necesario el desmentido. ¿Podemos hacer algo contra todo esto? ¿Claudicamos de una vez y entregamos las armas? Sí, de nuevo lo habéis adivinado, jamás entregaremos las armas; como dijo Leonidas, que vengan a por ellas. A pesar de lo que nos digan ciertos posmodernos, no se nos ocurre otro sistema mejor para combatir tanta falsedad y tontería, que el método científico. Es el mejor antídoto contra toda tentación idiota, al mismo tiempo que una inestimable táctica subversiva. Ah, pero no hablo de ninguna complica epistemología fundada en complejas y abstrusas teorías. No, hablo de la más elemental sensatez unida a un poquito de esfuerzo para cuestionar, reflexionar, contrastar y, si es necesario, hasta refutar e incluso erradicar (hablo, por supuesto, de ignorancia, creencias y de todo tipo de lugares comunes, para las que, insisto, los seres humanos estamos muy dotados para abrazar).

miércoles, 11 de marzo de 2020

La auténtica información

Recuperamos un texto que reflexiona sobre la calidad de la información que recibimos, y nuestra actitud hacia ella, en un mundo donde el desarrollo tecnológico parece haber ido paralelo a una mayor enajenación de las personas; reclamamos una mayor conciencia y crítica sobre el mundo en que vivimos conforme a la imagen que los grandes medios quieren darnos de él.
No dejéis nunca que la verdad os prive de una buena historia.
El magnate William Randolph Hearst, a los periodistas que trabajaban para él

domingo, 19 de mayo de 2019

Manipulaciones y creencias


Hay quien sostiene, de manera encomiable por un lado, aunque sembrando la sospecha por otra, que el librepensamiento resulta imposible. Dejaremos claro que, efectivamente, entendido como concepto absoluto, el librepensamiento, o pensamiento independiente, resulta francamente difícil. Es más, lo que nos reafirma en nuestra defensa del mismo, lo cual no quiere decir que ninguno de nosotros merezca el calificativo de 'librepensador', es nuestra más firme oposición a todo absolutismo sin que por ello caigamos en un vulgar relativismo (ya que, de una manera o de otra, todos tenemos ciertas creencias, aunque con la permanente crítica en base a la verificación con la realidad que conocemos; no entraremos, de momento, en abstrusas polémicas sobre lo que es o no 'real'); identificamos el absolutismo con cualquier tipo de creencia, y más en concreto con toda creencia trascendente, es decir, no sujeta a la verificación y al debate en un plano humano (para bien, y tantas veces para mal, el único que conocemos).


Antiguamente, el librepensamiento aludía a una emancipación de la creencia religiosa en aras del conocimiento humano. Por supuesto, seguimos pensando tal cosa, aunque es necesario expandir esa liberación a otro tipo de creencias dogmáticas; haberlas haylas, y de qué manera. Como hemos dicho, entendemos como un pensamiento aceptablemente independiente aquel que obliga a revisar sus creencias de manera permanente; sin enloquecer por ello, ya que necesitamos a diario ciertas dosis de confianza en un conocimiento no verificado para sobrevivir (lo que denominan 'atajos cognitivos', pero aceptando que es necesario oxigenar el cerebro de vez en cuando; pensamos que algunos cerebros no dejan pasar demasiado el aire).
No pocas veces, sufrimos el ataque dogmático a la libertad de expresión. Resulta muy fácil, de boquilla, atacar el fundamentalismo de esa gente que considera que su verdad no puede ser cuestionada ni ridiculizada y actúa de forma violenta para remediarlo. Resulta muy fácil criticar el fundamentalismo, y más si es una religión ajena. Sin embargo, el Papa lo dejó muy claro, en un conversación que a buen seguro no pretendía que fuera pública; reproducida con palabras no exactas, 'si te metes con algo sagrado para mí, te llevas una hostia' (y no precisamente consagrada). Nos gusta el clero cuando actúa como lo que es; dicho de manera no irrisoria, una clase mediadora que cree estar en contacto con una verdad absoluta y trascendente. A buen seguro que la inmensa mayoría de religiosos no cogerían un arma para fulminar al que les ha ofendido; no obstante, irritan un poco esas pseudocríticas al fundamentalismo que llevan siempre un 'sí, pero…'.

martes, 26 de junio de 2018

Decálogo de manipulación del poder

Existe un decálogo sobre las manipulaciones del poder y sus medios, atribuido a Chomsky, aunque no estoy seguro que sea de él (hoy en día, Internet difunde falacias con tremenda facilidad). En cualquier caso, y por mucho que detestemos a priori los decálogos, lo importante es profundizar en las cosas, por lo que echemos un vistazo a cada uno de sus puntos. No hay ánimo alguno de ser fiel a su desarrollo y añadiremos algunas cosas de cosecha propia.

martes, 19 de junio de 2018

A vueltas con la televisión y los factores manipuladores

La televisión, junto con el resto de los medios, incluidas las nuevas tecnologías que tanto han fomentado la inmediatez y el rápido ólvido, forman parte de un mundo donde la información, de un modo u otro, consciente o inconscientemente por parte de los que la producen, es constantemente deformada. Como no puede ser de otro modo, es necesario mantener la mirada y el espíritu crítico ante un mundo en el que quizá, a pesar de la ilusión de libre circulación, la manipulación esta servida.
 
Que los medios, y muy especialmente la televisión, son en gran medida una maquina de desinformación y, consecuentemente, de manipulación de la opinión de las personas, es una cosa (que, en alguna ocasión, se ha tratado en este blog). Otra muy distinta, en la que podríamos caer los que tenemos posiciones ferozmente críticas sobre la alienación que produce la tecnología y los medios en manos del interés económico y político, es atribuirle todos los males del mundo. Hay quien ha dicho que esta visión es producto de un viejo esquema de pensamiento sobre lo que representa la transmisión del saber: un emisor (persona o institución), como fuente del saber y utilizando una canal de información, y un receptor, que recibe y registra la información de forma transparente y sin obstáculo alguno. Así, para que este sistema funcione solo es necesario que la fuente sea fiable, sinceridad en lo que se transmite y verificación sólida de la información. Si nos adentramos en el terreno de la moral, es decir, obligación del que porta el saber de transmitirlo a los otros, la cuestión se convierte en un deber solidario.