Atacar la homeopatía, como uno de los insignes representantes de la llamada "medicina alternativa", es ya un lugar común. Es decir, es habitual afirmar, con algo de tono jocoso, que el supuesto médicamento homeopático no es más que un compuesto de agua con azúcar.
Eso sí, un remedio el de la homeopatía que tiene como el resto de medicamentos un precio en el mercado, y con una alusión a un supuesto principio activo tan diluido que parece inexistente. Como deberíamos saber, para que un medicamento resulte efectivo hay que tomar una dosis mínima que resulte efectiva, lo que se define como superar un umbral de dosis a partir del cual puede haber efecto farmacológico. Para sustituir esto, los homeópatas suelen acudir a explicaciones bien algo fantasiosas, bien repletas de términos científicos abstrusos. Como a cualquier otro terapeuta y científico, habría que exigir una explicación clara y coherente sobre el principio activo que puede curarnos. Decir que la homeopatía que nos venden en las farmacias no es más que agua con azúcar es, efectivamente, un lugar común insuficiente para los que siguen creyendo en la bondad de sus resultados, lo mismo que afirmar que sus beneficios no son superiores a los del llamado efecto placebo.
Eso sí, un remedio el de la homeopatía que tiene como el resto de medicamentos un precio en el mercado, y con una alusión a un supuesto principio activo tan diluido que parece inexistente. Como deberíamos saber, para que un medicamento resulte efectivo hay que tomar una dosis mínima que resulte efectiva, lo que se define como superar un umbral de dosis a partir del cual puede haber efecto farmacológico. Para sustituir esto, los homeópatas suelen acudir a explicaciones bien algo fantasiosas, bien repletas de términos científicos abstrusos. Como a cualquier otro terapeuta y científico, habría que exigir una explicación clara y coherente sobre el principio activo que puede curarnos. Decir que la homeopatía que nos venden en las farmacias no es más que agua con azúcar es, efectivamente, un lugar común insuficiente para los que siguen creyendo en la bondad de sus resultados, lo mismo que afirmar que sus beneficios no son superiores a los del llamado efecto placebo.
