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sábado, 19 de diciembre de 2015

Elecciones, buenas y malas


Ante las nuevas elecciones generales en el país, lo que ha sido la campaña electoral, con el concurso de nuevas fuerzas políticas, de los medios, y de todo quisque en general, es digno de análisis. Vaya por delante que, como ya sabrá quien tenga la paciencia de leer este blog, mi condición ácrata hace que no vote… como norma general. Esta apostilla final es porque no tengo, ni quiero tener, ninguna actitud ni comportamiento definitivos; es decir, como todo hijo de vecino, tengo convicciones, pero resulta francamente difícil que sean "absolutamente" inamovibles (o, a mi modo de ver las cosas, caemos en el delirio). Si no voto es en gran parte porque considero que es mejor la abstención, ya que al hacerlo apuntalas un determinado sistema e impides la transformación a algo mejor; esta actitud "negativa", de oposición a algo, por supuesto va pareja a otra "positiva", de construcción del tipo de sociedad que nos gustaría. Digo esto, ya que tantas veces hay que soportar comentarios, que oscilan entre la vulgaridad y la mera necedad, en los que se nos acusa a los que no votamos de "pasotismo" o de "contrarios a la democracia". Las cosas son bastante más complejas y, en mi caso, no voto porque creo en una profundización de la democracia junto a otras muchas reformas radicales (sí, hay que ser "radical" o no cambiamos nada). Dejemos, de momento, las convicciones (es decir, la "ideología", y también "creencias").