Martin considera que las doctrinas cristianas deberían estar basadas en razones epistemológicas, esto es, en lo que atañe al conocimiento al que tenemos acceso. Se descarta una adscripción por cuestiones meramente beneficiosas, tal vez con la excepción de casos muy extremos, ni tampoco por razones de fe. Naturalmente, para demostrar si lo que sostiene la religión es o no cierto necesitamos un examen riguroso y pruebas concluyentes.
viernes, 17 de abril de 2026
Alegato contra el cristianismo
Martin considera que las doctrinas cristianas deberían estar basadas en razones epistemológicas, esto es, en lo que atañe al conocimiento al que tenemos acceso. Se descarta una adscripción por cuestiones meramente beneficiosas, tal vez con la excepción de casos muy extremos, ni tampoco por razones de fe. Naturalmente, para demostrar si lo que sostiene la religión es o no cierto necesitamos un examen riguroso y pruebas concluyentes.
sábado, 17 de enero de 2026
¿No matarás? ¿Qué quedó de ese precepto judeocristiano?
Una conversación reciente con mi sobrina, bendita sea, acerca del precepto judeocristiano "No matarás", y en general sobre las tres religiones del libro con un mismo origen, me inspira unas cuantas reflexiones no exentas de lucidez. La lógica estribaba, bendita ingenuidad, en que si se trata de un mandamiento divino el no acabar con la vida del prójimo, cómo es posible llamar verdaderos judíos (no en el sentido étnico, claro, sino referido a los que profesan el judaísmo), o cristianos, o musulmanes, a todos aquellos que han asesinado, y siguen haciéndolo, por doquier. Se trata de una cuestión nada baladí, ya que por un lado nos invita a indagar en los orígenes de la moral humana, que mi condición ácrata quiere pensar obviamente que se trata de algo mucho más complejo de que una autoridad, sobrenatural o muy terrenal, dictamine la prohibición de algo. Por otra parte, el asunto también nos empuja a reflexionar una vez más, para congratulación de todos aquellos amantes del librepensamiento, sobre lo pernicioso o no de las creencias religiosas. Vamos allá, con notable entusiasmo, y en primer lugar aclararemos algo. Es habitual que, en la actualidad, cuando se perpetra un sangriento atentado en nombre del Islam, alguien asegure que, a diferencia de los cristianos, los musulmanes y otras creencias sí matan. Uf, no hace falta aclarar la interesada estupidez, en nombre de las tres religiones del libro se ha asesinado muchísimo sin que haga falta aclarar cuál de ellas lo ha hecho con más ahínco en nombre un nocivo concepto absoluto y alienante (sí, Dios). Claro, esto no contesta a la pregunta que nos ocupa, pero sí evidencia y explica que otros preceptos, u obligaciones, deben prevalecer en las creencias frente a aquel de no arrebatar la vida del vecino, por no pensar o creer lo mismo que tú. No hace falta que nos remontemos a las Cruzadas o la inquisición, en época contemporánea un muy cristiano dictador, en este inefable país llamado Reino de España, provocó una sangrienta guerra civil junto a una posterior y cruenta dictadura durante gran parte del siglo XX con la pérdida, directa o indirecta, de innumerables vidas por su causa. Por cierto, al alzamiento genocida de todos aquellos generales facciosos la muy cristiana Iglesia Católica lo llamó también Cruzada, lo cual nos hace ver dónde queda el quinto mandamiento en su muy flexible moralidad.
viernes, 22 de agosto de 2025
¿Es la doctrina cristiana un ejemplo ético a seguir?
domingo, 8 de diciembre de 2024
Abandono del cristianismo
Si echamos un vistazo a la convulsa historia contemporánea de este país, si en un momento pareció apartarse el cristianismo y la religión en general, luego llegó lo que llegó, cuatro décadas de dictadura en la que se primó el catolicismo como impuesta identidad nacional. Hoy, aunque en claro retroceso, todavía existe esa identificación, por parte de una número considerable de gente, de la nacionalidad española con la religión católica. Los fundamentalistas, y empleo esta palabra en sentido lato como algo inherente de forma obvia a la identidad religiosa, consideran esta situación de abandono de la creencia como un síntoma de la falta de valores, seguramente también como falta de unidad de la patria fundamentanda en esa dogmática identidad nacional e, incluso, con tono ya irrisoriamente apocalípticio con el desmoronamiento de la civilización. Unas líneas más abajo, entraremos en esa controversia entre esa supuesta falta de valores y, tal y como también puede entenderse, una lógica concepción del progreso en el que se deja atrás el dogma religioso. Primero, habría que señalar lo que parece una evidente correlación entre la creencia religiosa y ciertos regímenes autoritarios en los que se impone o se reprime.
martes, 14 de mayo de 2024
La increíble transformación del Logos en Cristo
lunes, 25 de diciembre de 2023
Por qué no soy cristiano
De esa manera, cuando Russell dice que no es cristiano, afirma de entrada dos cosas distintas: la no creencia en Dios y en la inmortalidad, y la negación de la gran capacidad de Cristo en el terreno moral. Lo que entendemos cuando Russell habla de Cristo es la figura histórica que el tiempo ha creado, aunque las fuentes originales de su existencia sean muy dudosas (algo que no se habla lo suficiente). No obstante, parece correcto mencionar un Cristo de los Evangelios (o un profeta llamado Jesús), desprendiéndole de toda connotación sobrenatural, ya que puede decirse que se ha acabado dando lugar a una figura relevante con esas características e importante es reflexionar sobre ella (sin olvidar mencionar la falta de legitimidad histórica para su existencia, juego en el que obviamente no desea entrar la iglesia).
sábado, 23 de octubre de 2021
Occidens
Occidente, según la exposición, hunde sus raíces en la Antigüedad fruto de un mestizaje (Atenas, Roma, Jerusalén y el Espíritu Germánico), se construye a través de la reforma Gregoriana, en el Medioevo, y alcanza su plenitud en la Modernidad (sic). Muy apresurado es considerar que los valores occidentales son universales, algo que hay que poner a prueba, y bastante cuestionable considerar como tales la democracia (así, sin matices), la racionalidad crítica (ay, que la propaganda religiosa asegure tal cosa), el estado de derecho, los derechos humanos e, incluso, la libertad de conciencia y la solidaridad. Todo ello, insisto, resulta digno de poner en cuestión. Sin embargo, lo peor son las ausencias, la falta de matices y la conclusión final. Muy a menudo, tendemos a explicar la historia de una manera tremendamente sesgada, producto de una determinada cultura, y visión parcial, que desgraciadamente se extiende al sistema educativo, en la que nos vemos insertos. Si ello se produce por parte de una institución dogmática (no empleo ninguna connotación en esta denominación, simplemente es una descripción objetiva de lo que es la religión), hay que andar prevenidos.
jueves, 29 de marzo de 2018
La ficción del cristianismo
Aunque es un poco triste señalar esto a estas alturas, todos nos hemos encontrado con personas supuestamente ilustradas que, de una manera u otra, aceptan los libros de La Biblia como fuentes historiográficas. Puede decirse que el Evangelio de Marcos es una obra que constituye un género literario original; aunque se refiera a determinados hechos, es obvio que debe clasificarse como un documento kerygmático (del griego kerygma, anuncio o proclamación), es decir, un instrumento para la predicación. Precisamente, a pesar de la también presente intención historiográfica de los Evangelios, los exégetas creyentes aluden a esa vertiente kerygmática para tratar de justificar las numerosas contradicciones e incompatibilidades entre los diferentes textos. Por lo tanto, el Evangelio puede calificarse como un género literario de carácter histórico-teológico, cuyo propósito es certificar la autenticidad histórica y doctrinal de la figura de Jesús de Nazaret. Por supuesto, para realizar esa labor se subordina y adapta el soporte historiográfico a un molde dogmático, por lo que se pretende dar a conocer de una manera interesada. Estamos hablando de un texto que quiere inculcar una tesis teológica, la cual se profesa como una "verdad revelada", que tendría dos vertientes bien diferenciadas: proclamar a Jesús como heraldo del Reino de Dios y la de la Iglesia como proclamante del Cristo resucitado.lunes, 2 de enero de 2017
El cristianismo al descubierto
sábado, 26 de diciembre de 2015
A vueltas con la figura de Jesús
Puede haber dos niveles para aceptar la existencia de Jesús: uno, además considera que se trata de un personaje divino (y no empleamos aquí un apelativo coloquial, sino que alude a que se trata nada menos que del hijo de Dios, de Dios mismo y, a la vez, miembro de una Santísima Trinidad; un guirigay considerable que ha marcado a generaciones de chavales); a otro nivel, menos ortodoxo, se admite simplemente que hubo una figura histórica llamada Jesús, y esto lo creen incluso personas ajenas al cristianismo. Incluso, la evidencia que resulta de considerar el Jesucristo de los Evangelios un mito, la acepta gran cantidad de ateos y escépticos, pero aceptando que sus enseñanzas y su moral son un gran ejemplo. Personalmente, no solo considero que se trata de una muy obvia figura mítica, con un respaldo histórico muy débil que poco tiene que ver con lo que se cree habitualmente, sino que su legado moral resulta reprobable en demasiados aspectos.
martes, 22 de diciembre de 2015
Apocalipsis navideño en el centro de Madrid
sábado, 10 de octubre de 2015
Teología de bolsillo
Esta editorial, en su impagable colección Los Ilustrados, ya nos había ofrecido cuatro obras de este autor: Sistema de la naturaleza, probablemente el más importante de Holbach, impreso a finales de 1769, provocó poco después una gran pasión por su lectura y una enorme persecución policial y sacerdotal; a pesar de la prohibición por parte de la Iglesia, las ediciones se sucedieron una detrás de la otra; El cristianismo al descubierto, también publicado de forma anónima, en 1761, se convertiría en uno de los libros más leídos y buscados en aquel siglo; se trata, sin olvidar a Meslier y su Memoria contra la religión (que también puede encontrarse en esta colección), de uno de los primeros manifiestos radicales y abiertamente ateos de la historia, nos muestra la imposibilidad de la existencia de Dios y las contradicciones inaceptables de la doctrina cristiana y de las sagradas escrituras; Cartas a Eugenia está dirigida a una mujer que decide retirarse del mundo por motivos religiosos, por supuesto, d'Holbach decide, en lugar de aconsejarle la sumisión y la profundización en su fe, tratar de fomentar en ella la autonomía moral e intelectual base de toda emancipación, y en Etocracia alude en su título a un gobierno fundado en la moral y observamos que muchos de sus postulados filosóficos, vitales y políticos (democracia radical, igualdad, libertad individual, laicismo…) resultan de una innegable actualidad.
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Jesucristo ¡vaya timo!
Resulta falsa porque se ha construido, si bien con una base histórica real, en base a notables mistificaciones. Así, si bien se considera que Jesús fue real y vivió en Palestina hace 2.000 años, sus seguidores crearon un artificio teológico legendario mezclándolo con hechos reales. Gabriel Andrade se encarga primero de refutar las afirmaciones según las cuales Jesús no existió, para derribar luego las realizadas por los propios evangelistas, que son aceptadas de manera acrítica por los creyentes; finalmente, desmonta también otras aseveraciones posteriores a los evangelios con cierto peso en los medios de comunicación.
sábado, 21 de marzo de 2015
El Papa Francisco
Y decimos tal cosa a sabiendas de que existan masas enfervorecidas que siguen ciegamente a los líderes eclesiásticos. Estamos totalmente a favor de la libertad de conciencia, faltaría más; un paso más avanzado es la total libertad de crítica en aras del progreso. Por poner un ejemplo de lo que queremos decir sobre una institución eclesiástica todavía con demasiado poder, el cada vez menos progresista diario El País de España ha dedicado primeras planas a alabar una más que cuestionable renovación en la manera de ver las cosas en la Iglesia. Se aplaude si el sumo pontífice dedica palabra amables a los homosexuales (algo así como "Quién soy yo para juzgar a los gays"), cuando se mantiene intacta una moral obsoleta que observa dicha condición sexual como algo patológico, desviado, contraria a lo que ellos consideran "normal".
Precisamente, hablando de patología, alguien dijo una vez que lo que era simple delirio en una persona, se convertía en religión cuando las creencias se producían a nivel colectivo. Hablamos de instituciones ferozmente jerarquizadas, que exigen una absoluta obediencia, decidiendo sobre lo que tienen que hacer y pensar las personas, y cuyo máximo mandatario se encuentra en comunicación directa con un ser sobrenatural todopoderoso. Como ya hemos insistido desde este blog, el debate a estas alturas de la película no es cuál religión es mejor, cualquiera de ellas tiene una moral que será pronto superada, o más verdadera, obviamente todas son cosmogonías falsas; la auténtica cuestión es si la religión es o no necesaria bien entrados en el siglo XXI.
No obstante, dejemos a un lado esta crítica radical a la religión y a las organizaciones derivadas, y centrémonos en el Papa Francisco. Recientemente, a raíz de los atentados islamistas a la publicación satírica Charlie Hebdo, este hombre ha manifestado su condena, su defensa de los "derechos humanos" y de la "libertad religiosa" junto a una metáfora sobre que hay cosas que no pueden criticarse: algo así como "si alguien dice una mala palabra de mi madre, puede esperarse un puñetazo". Dejando a un lado la muy cuestionable apología de la violencia, supuestamente ajena al cristianismo (aunque, como haya pasado con todo dogmatismo, en nombre de esta religión se hayan producido las mayores barbaridades en la historia), este señor quiere olvidar que lo que los compañeros de la publicación Charlie hacen no es un mero insulto gratuito (que sería, por otra parte, condenable por otros medios sin que medie la violencia de por medio), sino una crítica a lo instituido con toda la intención del mundo. Gente poderosa, políticos, empresarios y religiosos, han sido objeto de la pluma afilada de esta publicación; el Papa Francisco, por muy amable que quiera presentar su faz, es simplemente uno más de esa clase.Repasamos otras declaraciones del Papa. "No tener hijos es una elección egoísta", manifestó recientemente, junto a la afirmación de que tres es el número ideal de infantes por familia. Otras palabras que muestran la verdadera cara ideológica de nuestra muy repudiable Iglesia. ¿En qué mundo vive esta gente? No tener hijos es una elección tan respetable como cualquier otra. Es más, en este mundo en el que vivimos, con tanta injusticia y problemas sociales, con tanta infancia desprotegida, no tener hijos es la elección más lógica y concienciada. Por supuesto, es una manera más de ver las cosas; la diferencia es que algunos no nos subimos a un púlpito para manifestarlas. Tal vez la curia romana, sabiendo que estas declaraciones son seguidas al dedillo por demasiados feligreses ciegos, tema algún día quedarse sin clientela. Repugnante, en cualquier caso, muy repugnante.
Son muchas las palabras textuales que podemos analizar del sumo pontífice, dichas no de manera accidental, sino con toda la intención del mundo. Ya en el terreno de la estulticia, aunque no exenta la declaración de un tono igualmente abominable, Francisco ha dicho en cierto medio televisivo mejicano lo siguiente: "A Méjico históricamente el diablo lo ha castigado con 'mucha bronca' porque fue el lugar de la aparición de la Virgen de Guadalupe". ¿Merecen mucho análisis estas palabras? Los numerosos problemas sociales que tiene aquel país, explicables por motivos muy terrenales (y, por supuesto, solucionables si se profundiza en ellos), son producto de una infantil creencia sobrenatural. No olvidemos una cosa, la Iglesia es simplemente una organización conservadora en aquellos lugares donde ya no manda tanto y muy reaccionaria donde sí puede hacerlo; por lo tanto, cómplice directa o indirectamente de las injusticias sociales, económicas y políticas. Sea cual sea la faz que presente su máximo mandatario, y por mucha buena gente que haya en sus bases (no hace falta decirlo, existen personas que creen y practican el amor al prójimo, dentro y fuera de las organizaciones religiosas), esto es lo que está detrás de la Iglesia Católica: una moral obsoleta, una negación abierta o encubierta del placer y una apología del sufrimiento, una defensa directa o indirecta del sistema instituido (con todas sus injusticias sociales), sexismo y homofobia, una negación general del progreso, junto a creencias infantiles en fuerzas sobrenaturales (benévolas o malvadas).sábado, 8 de marzo de 2014
Construyendo mitos: el cristianismo
Gonzalo Puente Ojea califica la historia de Jesús de "impresionante ficción legendaria", sustentada en el Evangelio atribuido a Marcos. Es lo que podemos describir como una substitución del Jesús histórico por el Cristo de la fe, algo que constituye una fractura insalvable y cuyas consecuencias llegan, desgraciadamente, a la sociedad de hoy. La apologética evangélica nos ha legado volúmenes de simplificación y tergiversación, por lo que hay que atender a los textos con sentido histórico y contextualizar en las realidades ideológicas, económicas, sociales y políticas de aquellos días para tratar de restaurar un Jesús acercado a la realidad.Aunque es un poco triste señalar esto a estas alturas, todos nos hemos encontrado con personas supuestamente ilustradas que, de una manera u otra, aceptan los libros de La Biblia como fuentes historiográficas. Puede decirse que el Evangelio de Marcos es una obra que constituye un género literario original; aunque se refiera a determinados hechos, es obvio que debe clasificarse como un documento kerygmático (del griego kerygma, anuncio o proclamación), es decir, un instrumento para la predicación. Precisamente, a pesar de la también presente intención historiográfica de los Evangelios, los exégetas creyentes aluden a esa vertiente kerygmática para tratar de justificar las numerosas contradicciones e incompatibilidades entre los diferentes textos. Por lo tanto, el Evangelio puede calificarse como un género literario de carácter histórico-teológico, cuyo propósito es certificar la autenticidad histórica y doctrinal de la figura de Jesús de Nazaret. Por supuesto, para realizar esa labor se subordina y adapta el soporte historiográfico a un molde dogmático, por lo que se pretende dar a conocer de una manera interesada. Estamos hablando de un texto que quiere inculcar una tesis teológica, la cual se profesa como una "verdad revelada", que tendría dos vertientes bien diferenciadas: proclamar a Jesús como heraldo del Reino de Dios y la de la Iglesia como proclamante del Cristo resucitado.
El relato presente en el Evangelio de Marcos no se desarrolla cronológicamente, sino de manera teológica, partiendo de la idea de la muerte de Jesús como propiciatoria del Reino y como confirmación de su figura mesiánica y como Hijo de Dios. Por lo tanto, no hablamos de una biografía histórica, sino de una construcción kerygmática desde la fe en la Resurrección (un hecho claramente inverificable, incluso dentro de esta tradición). Puente Ojea señala una contradicción entre esa consideración en el Evangelio de la figura de Jesús como mesiánica y la posterior justificación de su crucifixión como parte de un misterioso plan divino. Es lo que hay que calificar como la ambigüedad constitutiva del cristianismo como híbrido ideológico, se apropia de la esperanza tradicional de Israel, para dar cerrojazo e instaurar una economía de la salvación (una nueva alianza en la que la Iglesia se integra con vocación hegemónica de poder en el orden de dominación existente). Se trata de conciliar dos kerygmas contradictorios, el del Mesías Jesús y el de la Iglesia, por lo que basta con afirmar algo y, a la vez, lo contrario. Es una ambigüedad connatural al cristianismo, lo que le ha capacitado para adaptarse a todas las coyunturas históricas y explotarlas todo lo posible en beneficio de su dominación.
Michael Martin, en su concienzuda obra Alegato contra el cristianismo, dedicado un capítulo a la historicidad de Jesús; distingue en primer lugar entre un cristianismo ortodoxo, que admite obligatoriamos varias hipótesis sobre la existencia de Jesús al creer en su divinidad, y un cristianismo liberal, que niega la condición divina del profeta, pero que se muestra sorprendentemente acrítico con las contradicciones históricas y con las (muy) débiles fuentes al respecto. La historicidad de Jesús está fuertemente implantada en nuestra civilización, de tal manera que creyentes y no creyentes, cristianos y no cristianos, la dan prácticamente por sentada. Incluso, feroces críticos con el cristianismo, de gran prestigio, como Bertrand Russell o Nietzsche, parecían aceptar la existencia histórica de Jesús al valorar algunas de sus enseñanzas morales. Es muy legítimo preguntarse si un personaje es histórico o resulta un mito, y es lo que hacen, afortunadamente, algunos autores como Martin o Puente Ojea. Otro de los autores contemporáneos, tal vez el más respetado, que ha cuestionado la historicidad de Jesús es G.A. Wells; su opinión escéptica se basa, en gran medida, en las opiniones de teólogos y expertos en la Biblia, ya que se admite sutilmente la condición legendaria de las historias evangélicas y la muy parcial intención religiosa de sus autores. Así, la condición como fuente histórica de los evangelios son más que dudosas al estar plagados de situaciones contradictorias y de hechos sumamente improbables, si sus autores son obviamente tendenciosos (que, además, escribieron mucho después de la supuesta vida de Jesús) y si la reivindicación existente en ellos no está confirmada por otros autores más independientes. Además, otras fuentes históricas, de carácter bastante débil como es el caso de Flavio Josefo, son más que sospechosas de haber sufrido la manipulación posterior de autores cristianos; todo esto obliga a mostrarse muy escéptico sobre la historicidad de Jesús.
La mayoría de los creyentes ignora, o quiere ignorar, el gran salto que hay entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe, y es probablemente esa ignorancia la que ha salvado de momento a la Iglesia del colapso. Lo que atañe a la clase mediadora, al clero, es un misterio el grado de honestidad y/o de ignorancia que se encuentra detrás de sus creencias. Lo que es obvio es que la crítica racional queda a un lado en la religión revelada, por lo que su institucionalización y la generación de una clase mediadora solo conlleva intolerancia y fanatismo. Estamos hablando de la raíz misma del cristianismo, que se caracterizó por la hibridación y la ambigüedad ideológica, lo que explica su eficacia como institución de poder. Puente Ojea describe muy bien a la Iglesia como instancia hegemónica totalitaria sin, además, ninguna legitimación histórica. Es curioso que los sacerdotes y creyentes realicen una continua apelación a la tolerancia, cuando es su propia Iglesia la que es un obstáculo para una sociedad plural. Ha sido, y es, este poder eclesiástico una forma de estabilización social mediante la legitimación de la clases dominantes y también como red de instituciones que ha mantenido una doble relación con esas clases: de confirmación divina de todo tipo de dominación terrenal por parte de los poderes hegemónicos (la Iglesia es uno de ellos), y de control externo e interno de las formas de esos mismo poderes para lograr el consenso colectivo y la legitimación histórica e ideológica. Es esa paradójica doble relación estabilizadora la que ha mantenido la ilusión de que el cristianismo pueda representar una posibilidad de emancipación para explotados y oprimidos. Sin embargo, una elemental información histórica nos hace comprobar que ha ocurrido exactamente lo contrario, coherentemente con el desarrollo del poder eclesiástico y con las bases doctrinales.La función de la Iglesia parece haber sido mantener la manipulación y la dominación, aunque paralelamente difunda de forma retórica un incongruente deseo de reforma social. Los rasgos benéficos y paternales que se aducen habitualmente para justificar la institución eclesiástica no suponen ningún cambio real, solo aseguran la buena conciencia de sus miembros y siguen perpetuando esa ilusión de una posible reforma social que le otorgue un mínimo crédito. A pesar de que los tiempos han cambiado mucho desde que se realizó el primer análisis de este tipo, la religión sigue funcionando como un perfecto instrumento de control social, por lo que la clase dirigente (creyente o no) continúa utilizándolo. Conviene recordar la clásica frase "la religión es el opio del pueblo", entendida como consuelo ante los infortunios de la existencia, y también la de Lacan, "la religión es el alivio a costa del juicio". Existirán ciertos mecanismos sicológicos que conducen al individuo a la fabulación, pero lo que resulta intolerable es que instituciones de poder sigan negociando con esas debilidades inherentes a la existencia humana manteniendo toda una red con múltiples formas de coerción individual y colectiva sobre las conciencias y las conductas.
Nos hemos ocupado en el texto de hoy, sobre todo, de la historicidad de Jesús y de su salto a lo que la religión conoce como Cristo. Nos parece más que lógica una posición escéptica sobre ello, de tal manera que se rechace incluso una concepción liberal del cristianismo que lo considere un gran profeta; lo que sí parece incuestionable es la existencia de una fractura insalvable entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe. No obstante, como las autores mencionados no han logrado una aceptación amplia, para futuros textos repasaremos lo pernicioso o no del cristianismo sin cuestionar necesariamente la existencia histórica de Jesús; como nuestra civilización está impregnada de los dogmas judeocristianos, nos vemos obligados a ello si creemos en el librepensamiento y en el progreso.









