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sábado, 7 de junio de 2025

Maestros espirituales, gurús, charlatanes y otras gentes de mal vivir

Como vamos a empezar a soltar un poco de bilis, sin perder por supuesto el sentido del humor, y cualquier cretino puede poner una demanda con la más peregrina excusa, vamos a evitar en este capítulo mencionar nombres propios; el lector avispado reconocerá rápidamente a algún conocido escritor de obras con cierto éxito de ventas.

Directamente relacionado con el tema de la New Age, proliferan en la actualidad una serie de fulanos que insisten en la fuerza de la espiritualidad y en el poder de la mente y, especialmente irritante, es que lo hagan a veces con el subterfugio de cierta “base científica”. El intento de fusionar conocimiento científico con algunos elementos de exóticas religiones no es nuevo, se produce al menos desde la década de los 70 del siglo XX; es creíble que si se tiene suficiente imaginación, y verdaderas ganas de manipular, seguro que se encuentran algunos puntos en común entre, por ejemplo, la física cuántica y algunas corrientes místicas orientales. La cuestión es que el subterfugio “cuántico” se encuentra ahora muy presente en algo que es ya bastante antiguo; la idea de que la materia es una mera ilusión de la sique. Si vinculamos, como ya apuntamos en el apartado anterior de la New Age, misticismo con medicina, vemos la insistencia en el poder curativo de la mente; la manipulación espiritual de las personas está asegurada y también el enriquecimiento material de estos maestros de pacotilla. Uno de éstos conocidos gurús ha llegado a afirmar que su fuerza mental, a través de la meditación, llegó incluso a provocar en parte alguna catástrofe natural como un terremoto; que este tipo siga teniendo prestigio, y no se le denoste sin más, es un síntoma de los tiempos que vivimos.

domingo, 5 de julio de 2020

Desvergonzados líderes espirituales

Fulanos como Deepak Chopra son el paradigma de los tiempos que vivimos, en cuanto a nuevas creencias. Se trata un prolífico escritor sobre la espiritualidad y el poder de la mente, presentadas con el subterfugio de "cierta" base científica. El tipo es tan sinvergüenza, que llegó a afirmar que algún terremoto ha sido provocado en parte por él gracias a una "poderosa" meditación. El autor de la obra La curación cuántica considera que las ideas provocan cambios físicos evidentes, y de la forma más burda posible. Nuestra visceralidad sobre esta clase de "especialistas" es, tal vez, inmisericorde, pero así consideramos que hay que ser con este tipo  de charlatanes y manipuladores. La defensa de esta clase de cosas son ya lugares comunes, como el hecho de ser un alternativa al feo y materialista mundo en que vivimos (no una alternativa, sino la gran Verdad ofrecida, al igual que la han propuesto todas las religiones). Sin embargo, todos estos gurús de la espiritualidad tienen sus bienes materiales bien asegurados, gracias a un público deseoso de creer en algo diferente. Chopra es, por encima de cualquier otra condición, un autor de best-sellers y una garantía de éxito comercial gracias a multitud de productos relacionados con sus teorías.

sábado, 16 de mayo de 2020

Sobre la espiritualidad

El término espiritualidad, debido a su apropiación por parte de la religión, hasta el punto que casi se confunden en el lenguaje coloquial, se nos hace terriblemente antipático. 

Y, sin embargo, merece que le prestemos atención, precisamente para desprenderle de esa condición trascendente y sobrenatural y tratar de demostrar la superioridad de lo inmanente de cara a los valores humanos y la transformación social. En el siglo XIX, en un momento en que la religión no es ya necesaria, e incluso se considera perniciosa para el devenir humano según algunas corrientes de pensamiento, el término "espiritual" se convierte en un sinónimo de humanismo y búsqueda de la perfección en todos los ámbitos de la vida.


domingo, 15 de septiembre de 2019

Recuerde, todo es posible

La sociedad posmoderna nos depara una sorpresa tras otra. Como ya hemos dicho muy a menudo, afloran toda suerte de gurús, maestros de pacotilla y adalides de la más manida y cuestionable espiritualidad.

Estos iluminados, suelen dar conferencias, impartir cursos y escribir libros, y no pocos incautos se ven seducidos por sus propuestas. No vamos a entrar en muy concretas técnicas o terapias, que no son más que pseudociencia que habría que rechazar. No, hoy vamos a hablar de esa filosofía genérica de baratillo, que podríamos encuadrar dentro de lo que en las secciones de las librerías, que al fin y al cabo lo que quieren es vender libros, denominan "autoayuda". Bien es cierto, que las propuestas pseudocientíficas, junto a una muy poco innovadora espiritualidad (ya sabe, la superioridad de la mente sobre la materia), se fusionan en estos gurús, que aseguran hacerlo todo por el prójimo.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Coach ultraespiritual

De unos años a esta parte, hemos oído con frecuencia las palabras coach y coaching; inundan por doquier nuestra vida y parece que es inevitable caer tarde o temprano en manos de algún listillo que nos va a enseñar las técnicas adecuadas para no se sabe muy bien qué (hacer un cursillo, vamos), si a eso le añadimos alguna suerte de espiritualidad, ya obtenemos nuestro máster superior tan auténtico como el de los políticos.

Como es lógico, en una sociedad que prima el éxito (a pesar de lo penoso que resulta caer en ella, una y otra vez, en crisis de todo tipo; ¡como somos los seres humanos!), estos tipos que nos venden el adiestramiento adecuado para lograr un objetivo tienen su nicho de mercado (¡y de qué manera!). Seguramente, y solo digo seguramente, la mayoría de estos coach lo que nos venden son cajas de humo envueltas de perogrulladas.

¿Qué ocurre cuando aparece en nuestras vidas un coach que, además, asegura ser 'sanador espiritual'? Sencillamente, que una vez más logra engañar a más de un incauto ávido de una vida plena de luz y energía. Sin embargo, la cosa tiene todavía una vuelta de tuerca más: frente a la pseudoespiritualidad, la ultraespiritualidad. No sé, no sé, estoy planteándome si lo que nos dice J.P. Sears pueden ser "verdades como puños". Vean y escuchen, y juzguen por sí mismos…



sábado, 21 de abril de 2018

¿Pseudociencia o sencillamente anticiencia?

En alguna ocasión, he dedicado alguna entrada en este blog al término “magufo”, que alude peyorativamente a practicantes de pseudociencias y/o pseudoterapias, y en general a “creyentes” de todo tipo. Bien, ya expresé lo poco de mi agrado que es el término, empleado con tal simpleza, que el usuario se suele poner a un nivel de irracionalidad similar al de todo aquel que pretende hacernos comulgar con sus creencias absurdas, y además lo hace en nombre todo lo contrario.

Por desgracia, y supuestamente en nombre de la ciencia y del librepensamiento, dos conceptos tal vez no equiparables, pero que sí deberían ir de la mano, hay quien actúa de forma elitista e inquisitorial. Precisamente, lo que deberíamos tratar de combatir como herramientas imprescindibles para toda oposición al dogmatismo. Dicho esto, rechazada todo etiqueta insultante y simplista, me gustaría una vez más reflexionar sobre la pseudociencia y sobre ciertas terapias (que, efectivamente, no dejan de ser ‘creencias’, pero cuya relación con la ciencia es posible que a veces observemos de forma errónea). A menudo también aludimos, a la hora de juzgar ciertas teorías, al método falsacionista. Esto es, que la ciencia se dedica fundamentalmente, no a demostrar que algo es rigurosamente cierto, sino a “falsar”: si se demuestra que algo es falso, entonces hay que decir que no es científico. El falsacionismo, también criticado cuando se usa como método infalible, nos introduce en no pocos problemas, si queremos denominar “pseudociencia” a toda creencia o teoría, ya que no todas ellas se presentan utilizando reglas científicas. El ejemplo más obvio es la creencia en Dios (o en dioses), que va más allá de los meros hechos que puedan desmentirla. Es por eso que hay quien considera que ciencia y religión corresponden a ámbitos diferentes, regidos por normas distintas (no digo que sea, necesariamente, mi caso, aunque sí hay que tenerlo en cuenta). Dejemos a un lado lo que podemos llamar, estrictamente, creencia religiosa, aunque a veces las fronteras se diluyan cuando observamos a creyentes y prácticantes de todo tipo de terapias (más adelante, apuntaré sobre esto).

domingo, 10 de diciembre de 2017

Religión, anarquismo y posmodernidad

 ¿Qué hay de cierto en lo que aseguran los pensadores posmodernos? La posmodernidad se caracteriza por la crítica a cualquier discurso totalizante, algo que debería poner en cuestión a las religiones y a todo tipo de dogmatismo. Lejos de esto, lo que llaman "época posmoderna" ha abierto la puerta a toda suerte de creencias espirituales y pseudocientíficas. ¿Existe algo llamado "anarquismo" posmoderno? Defendemos que las ideas libertarias, con su huida de toda solución definitiva y de toda trascendencia, y con su convicción en la transformación de la vida para abrir nuevas posibilidades inmanentes, han sido la excepción entre las corrientes surgidas en la modernidad

La llamada posmodernidad ha aumentado la sospecha sobre la razón, que ya iniciaron otros autores en los dos últimos siglos. El cuestionamiento del racionalismo moderno ha desembocado, en gran medida, en un abierto desencanto de la razón. Si se llegó a confiar en la existencia de un "mundo verdadero", por encima de las meras experiencias, en una realidad última o fundamento, ahora los posmodernos consideran que solo es posible un "pensamiento débil" que conduce al relativismo. Lo paradójico es que la religión, que se afana también en la búsqueda de esa "realidad última", de un absoluto, debería ser lo más opuesto a los rasgos que presenta la posmodernidad. Lyotard, autor en los años 70 de conocidos ensayos sobre la posmodernidad, consideró que los relatos religiosos configuran la visión del mundo, es decir, lo que puede decirse dentro de una determinada cultura; así, la religión supondría también uno de esos grandes discursos o metarrelatos denunciables por la posmodernidad. Sin embargo, al denunciar también la razón como constructora de la realidad, al considerarla también como un "absoluto", se produce cierto respeto por el misterio presente en la inescrutable pluralidad de lo real y se prima la experiencia sobre el conocimiento para abordar las grandes cuestiones de la vida.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Sueños lúcidos

Por mucho que se despotrique contra la mística de la religión y contra la pseudociencia de las terapias alternativas, no sé como diablos ocurre, que uno acaba dando de bruces con todo ello. Esa vez, no me pregunten ustedes por qué, me encontraba súbitamente rodeado de individuos cuyas palabras y actitud me producían, como no podía ser de otro modo, cierto déjà vu. La terminología, con algunas variantes, era la habitual en estos casos, algo relacionado con las "vibraciones" y constantes alusiones a la "energía", atribuyéndola de manera pertinaz cualidades morales y contradiciendo, así alegremente, las más elementales enseñanzas científicas. Lo que aportaba algo de originalidad, y tampoco demasiado no nos vayamos a engañar, a los postulados de aquellos seres extrañamente vaporosos es que no paraban de repetir a modo de mantra el epíteto "cuántico". También, una mención embelasada al poder del subconsciente y a lo maravilloso del universo onírico.

sábado, 27 de agosto de 2016

Entrevista al líder espiritual Padek Koprowski

Ofrecemos una entrevista, que tuvimos la posibilidad de realizar, de forma algo inexplicable dada nuestra modestia mediática, a Padek Koprowski; no necesita presentación, se trata de uno de los líderes espirituales más prestigiosos en la actualidad, cuyas teorías espirituales vincula a la medicina alternativa fusionando, o pretendiendo hacerlo, factores de la cultura oriental y occidental en un batiburrillo notable.

¿Puede decirnos cuál es su visión del mundo y de la existencia humana?
En realidad, el mundo no existe. Existe nuestra consciencia, es ella la que construye el mundo y el universo entero.

No sé si le he entendido bien, perdone, tal vez deba ampliar un poco esa visión…
Todo se resume en que el mundo está en nosotros. Aunque nuestra percepción nos engañe a un nivel superficial, nosotros no existimos en el universo. Mi mente proyecta a mi cuerpo y de este proyectamos el mundo. Somos una conciencia que experimentamos para dar lugar a las formas físicas y a los fenómenos.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Las rutas senderistas de la espiritualidad

Uno de los placeres, que no siempre tengo tiempo de disfrutar, es caminar por el campo. En aquel grupo de senderistas de una sierra del norte de Madrid, del que formaba parte, no todos me eran conocidos. Una de esas personas, de actitud aparentemente vitalista, pero rayando en lo estridente en mi humilde impresión, hablaba en voz bastante alta. Daba la impresión, solo la impresión, de que le gustaba hacerse notar. No es que estuviera haciendo mucho caso a lo que aquel individuo exponía, pero creí entender en su retórica términos como "espiritualidad", "medicina", "holística" y "misticismo" Ay, ay, pensé para mis adentros.

Como hacía tiempo que no practicaba la sana actividad del senderismo, decidí concentrarme en mi propia condición física y disfrutar del paisaje. Aquel improvisado conferenciante parecía tener un público al que agradaba su discurso, y yo sencillamente debía concentrarme en lo mío. Sin embargo, hiciera lo que hiciera, la voz de aquel sujeto resonaba por doquier. No pude evitar, ante aquella verborrea que empezaba a martillear mi cerebro, dirigir mi vista hacia el individuo en cuestión. De de forma sorprendente, y tal vez algo esotérica, él también giró la cabeza y nuestras miradas se cruzaron. No sé por qué, pero me sentí como la presa ya a punto de caer en manos del depredador.

sábado, 28 de febrero de 2015

Glosario de medicina alternativa (Primera parte)

Ante la avalancha de correos, tanto electrónicos como físicos, solicitando un mayor esclarecimiento sobre algunas terapias de la denominada medicina alternativa, proponemos en esta entrada un pequeño glosario sobre algunas de estas peculiares prácticas. Advertimos que, aunque se invoque severamente el método científico para exigir pruebas de lo afirmado, algunos de los comentarios son ferozmente subjetivos, ¡nosotros somos así! 

Nihilopatía: una de las medicinas alternativas más demandadas, por su sencillez y por encontrarse ya a la venta en farmacias en forma de pastillas de llamativos colores a un precio relativamente económico; se basa en tres principios sencillos de comprender incluso para un niños de cuatro años (como diría Groucho, ¡que me traigan a un niño de cuatro años): el principio fundamental es que es la nada, pura y dura, la que puede curar la enfermedad (es válida, como no podía ser de otra manera, cualquier tipo de trastorno); el segundo principio es que la mencionada nada, que recordamos es la que sanará a nuestro enfermo según un principio activo inexistente, se diluirá en dosis infinitesimales (es decir, no se pierdan ustedes, la nada diluida en dosis ridículas); por último, esta nada, aunque de venta en farmacias de forma generalizada, causará efectos muy particularizados en cada persona; no hacen falta más comentarios.

Porcinoterapia: como es sabido, del cerdo el ser humano aprovecha todo, tal vez porque somos mucho más parecidos de lo que nos gusta afirmar (unas personas más que otras, eso sí); por si no fuera suficiente para el pobre animal, se ha descubierto ahora que el semen del cerdo tiene propiedades curativas, ya que supuestamente puede prevenir o sanar a una persona afectada de según que trastornos reales o incluso ficticios; la posología no la explicamos, ya que nos entra la risa floja.

Rai-Chi: dentro de las llamadas terapias energéticas del biocampo, se trata de una de las más entretenidas; por supuesto, como tantas otras de estas prácticas, la premisa fundamental es que existe un campo de energía, a veces con aspiraciones universales e incluso cósmicas, que rodea y penetra (con perdón) el cuerpo humano con fines curativos; por supuesto, es necesaria la presencia de un experimentado, y sobradamente informado, terapeuta para aplicar dicha energía en el cuerpo del paciente (normalmente, con tocamientos, qué les vamos a contar); se advierte de que si ese campo energético, controlable gracias al entrenamiento en manos de un atractivo maestro, recibe el nombre de 'la fuerza', no hablamos de Rai-Chi, sino de otra ficción igualmente divertida.

Terapia espirituosa: curiosa fusión de la espiritualidad de baratillo, que ofrecen algunas de las irritantes prácticas New Age, con licores alcohólicos de lo más variopintos; según esta, no tan novedosa, terapia si ingieres algunos de estos líquidos, propuestos por algunas personas con túnica de elevada espirituosidad (los licores, nos referimos, aunque también las personas), pueden producirse alteraciones de la conciencia tan elevadas como para adentrarse alegremente en un mundo sobrenatural poblado de toda suerte de seres espirituales; las propiedades curativas gracias a este estado no parecen muy claras, pero está asegurado pasar un rato entretenido.

sábado, 20 de diciembre de 2014

El origen de los valores humanos

Desechado cualquier tipo de determinismo natural o biológico, y ante la imposibilidad de que la ciencia nos dé todas las respuestas, conviene reflexionar sobre el origen de los valores. Defenderemos en este texto, frente a toda posición absolutista, la fortaleza de una moral fundada en el ámbito humano, propia de los deseos y aspiraciones de las personas, de carácter laico, ajena a lo trascendente e íntimamente vinculada a lo social y político; en definitiva, que favorezca el desarrollo de la humanidad


Dada la continua polémica sobre los valores humanos, hay que recordar una y otra vez los importantes interrogantes que este tema suscita y las profundas divergencias que parecen irresolubles y nos hacen caer una y otra vez en soluciones metafísicas. Desde el subjetivismo, los valores serían una creación humana, por lo que su origen dependería de las preferencias, puntos de vista o sentimientos de cada individuo; llevada al extremo, convertiremos esta postura en una suerte de relativismo moral, en un "todo vale" o dependencia de la opinión de cada persona. En cambio, el objetivismo considera que los valores existen por sí mismos, no siendo necesario que los individuos o las diferentes culturas los conozcan o los pongan en práctica; así, desde este punto de vista objetivo podría establecerse una guía universal del comportamiento humano. No obstante, la cuestión no es tan elemental. Si el relativismo moral, si entendemos por tal cosa simplemente el "todo vale", es rechazable, el absolutismo nos introduce en no pocos problemas; esta postura absolutista, que está obviamente relacionada con el objetivismo, hace caer con frecuencia en el dogmatismo: se trata de una postura que considera correctos solo determinados valores, despreciando los de otras culturas, e imponiéndolos a los demás. La idea de que existan valores absolutos, independientes del ámbito humano, se antoja una fantasía "espiritual"; en cualquier caso, nadie tiene derecho a imponer unos determinados valores humanos a los demás, lo cual no nos introduce en ningún tipo de "relativismo" (postura más bien caricaturesca, que suelen invocar los partidarios de las religiones y de todo tipo de absolutismo).


En nuestra acervo cultural, está profundamente arraigada la idea de que es necesario un garante de lo absoluto para decidir lo que es bueno o malo (de ahí la necesidad para algunas personas de la creencia en un ser supremo). Sin embargo, la historia nos demuestra, por un lado, que los valores son mutables, y por otro, que esta discusión sobre la fuente de los valores es ya muy antigua, no siendo necesario trascender en cualquier caso el ámbito humano. Desde la Antigua Grecia hasta Kant, ha habido ya muchos intentos de derivar la moral de fuentes no absolutistas ni sobrenaturales. La moral kantiana, que se basa en la "obediencia a reglas", no es plenamente identificable con el absolutismo; lo que está detrás de la visión de Kant, más bien, es el deseo de la universalidad de los valores humanos. Es algo que también nos introduce en no pocos problemas, ya que no todo el mundo va a estar de acuerdo con según qué comportamientos (como es el caso de la moral sexual o del aborto); lo que parece claro a estas alturas es que la moral no tiene por qué ser absoluta, y ello a pesar de las continuas acusaciones de una relativismo mal entendido. Los llamados utilitaristas, que consideran la utilidad como principio moral, son objetos de no pocos ataques; y, sin embargo, pueden ser vistos de manera amplia como partidarios de una visión moral "consecuencinalista"; según este punto de vista, muy pragmático, se considera que la moralidad de una acción debe ser juzgada por sus consecuencias.

No todo absolutismo deriva de la religión, pero es francamente difícil defenderlo en otros terrenos. Si acaso, es el nacionalismo en la modernidad el que ha rivalizado con al religión en posturas absolutistas; recordemos de nuevo la frase de Luis Buñuel: "Dios y Patria son un equipo imbatible; baten todos los récords de la opresión y del derramamiento de sangre". Que se hayan realizado tantas barbaridades a lo largo de la historia en su nombre demuestra la irracionalidad de los principios absolutistas, la negación de las consecuencias de esos actos (que da la razón a una moral inmanente y pragmática) e incluso la debilidad de todos esos imperativos categóricos cuando se encuentran fundados en abstracciones. No negamos la complejidad del asunto, y nos adelantamos a las acusaciones de relativismo, pero consideramos que los principios morales se defienden mejor en un plano humano, no desde el absolutismo o la trascendencia.

Por lo tanto, al menos como punto de partida y sin intención de ser categóricos, podemos apostar por una ética utilitaria y consecuencialista, en el sentido de ser una ética laica, estrechamente vinculada a lo social y a lo político, ajena a los trascendente y capaz de favorecer el desarrollo de la humanidad. Los valores humanos no son reducibles a la ciencia, delegando en ella lo que es bueno o malo, ya que ello sería también una forma de objetivismo. Bertrand Russell, aunque mantuvo siempre cierta puerta abierta a la posibilidad del "conocimiento ético", evolucionó hacia posturas que podemos denominar emotivistas; esto es, cuando decimos que algo tiene "valor", que es bueno, estamos dando expresión a nuestras propias emociones y no a un hecho que seguiría siendo cierto cuando nuestros sentimientos personales fueran distintos. Esta postura, obviamente subjetivista, no cae en el relativismo; a pesar de la imposibilidad de presentar un conjunto de proposiciones verdaderas sobre el bien con mayúsculas, existe la permanente aspiración de elevar nuestros deseos al interés de toda la humanidad. De esta manera, los valores está fuertemente relacionados con la política, ya que el individuo puede realizar el intento de que sus deseos se convierten en los de la colectividad si ello supone la mejora para el grupo. Así, al filósofo que expresa los más nobles sentimientos sobre la verdad, la bondad o la belleza no le parece solo estar expresando sus propios deseos, sino también estar señalando el camino para toda la humanidad ; a diferencia del que expresa deseos mezquinos, puede creer que sus deseos tiene un valor también impersonal.

De esta manera, la ética queda vinculada a la política cuando trasciende el ámbito de lo personal y consigue que su valores sean considerados buenos por la sociedad: desde este punto de vista, los valores personales son susceptibles ser universalizables u objetivables. No obstante, nos movemos en el terreno de los valores subjetivos, ya que es francamente difícil decidir si algo tiene un valor intrínseco o si existe una verdad objetiva. Para los absolutistas, se trata de una conclusión catastrófica, pero intentaremos demostrar lo contrario y fortalecer la posibilidad de transformar la realidad desde un punto de vista ético; apelando a valores objetivos, o no, poco vamos a conseguir para que las personas cambien su ética; en cambio, influyendo en sus deseos si puede ser posible cambiar su conducta. En otras palabras, sean los valores objetivos o no, podemos hacer mucho más para transformar el mundo influyendo en los deseos de la gente. Russell quiso aclarar, ante las acusaciones de irracionalismo, que un deseo no es en sí mismo racional o irracional; "razón" posee un significado preciso y claro, tiene que ver con la elección de los medios adecuados para lograr un fin que se desea alcanzar, pero no tiene nada que ver con la elección de los fines.

¿Qué podemos decir de la fraternidad, o solidaridad, tan del "deseo" de los anarquistas? Como concepto abstracto, la solidaridad puede presentar no pocas dificultades, pero como expresión de deseo individual se nos aparece como una aspiración libertaria legítimamente universalizable. La moral libertaria no está fundada en nada más allá de lo humano, en ninguna moral absolutista ni aun objetiva, sino en el deseo y las aspiraciones del individuo concreto y en los de las sociedades que ha creado, permanentemente susceptibles de mejora. Apelando a los deseos de los individuos, en los cuales se fundan los valores humanos a nivel personal y colectivo, es posible poner en cuestión los valores tradicionales y construir una nueva realidad en base a la solidaridad, es decir, en el reconocimiento en el otro y en sus propios deseos.

martes, 6 de mayo de 2014

La fortaleza humana y espiritual

Si echamos un vistazo a los significados de "Espíritu", vemos que, al margen de todas las connotaciones religiosas (que son bastantes), también es sinónimo de ánimo o valor; a nivel colectivo, también significa un principio o carácter de algo (una ley, una época, una corriente artística)… Así, el lenguaje es una consecuencia de la vida en todos los ámbitos, por lo que no es tarea fácil no identificar un término con el espíritu imperante en un periodo histórico. Quedémonos con la acepción más general de la palabra espíritu, ese vigor o valentía también en el terreno moral, por lo que de ninguna manera podemos aceptar su reducción a un significado religioso o sobrenatural.

Ser espiritual puede ser también ser apasionado y valiente en muchos sentidos; para el caso que nos ocupa, en un sentido verdaderamente humano y social. Cuando alguien se refiere simplemente, con espíritu y espiritual, al reino de lo sobrenatural, señalaremos su error; no solo eso, sino la profunda distorsión que consideramos que significa aludir a lo fantasioso para ocuparse de lo terrenal. Curiosamente, existe todavía otro derivado de la palabra espíritu; se trata de las llamadas bebidas espirituosas, las que contienen un cierto grado de alcohol, y se llaman así por considerarse que elevan el espíritu. Sin ánimo de ser excesivamente moralista, no es fácil evitar acordarse de una frase del anarquista Bakunin: "El pueblo solo tiene tres caminos para librarse de su triste suerte: los dos primeros son los de la taberna y la iglesia; el tercero es el de la revolución social". No está nada mal utilizar como argumento que, en aras del fortalecimiento de la conciencia (lo que podemos llamar también espiritualidad), rechazamos en primer lugar los delirios espirituales y espirituosos.

Como ya hemos mencionado anteriormente, se suele confundir demasiado la espiritualidad con la religión. Desde nuestro punto de vista, considerando la religión perniciosa (por identificarse, entre otras cosas, con el dogma y con el inmovilismo), defendemos un concepto muy diferente de la espiritualidad. Aclararé, a pesar de dedicar ya mucho texto al asunto, que yo mismo no me termino de acostumbrar al término; no obstante, merece la pena el esfuerzo. Consideramos que la espiritualidad pertenece por entero al ámbito humano; dejaremos por el momento a un lado a los animales, aunque sin establecer la rígida separación entre el ser humano y el resto de especies (algo, por cierto, muy propio del egocentrismo religioso). Espiritualidad es profundizar en los asuntos humanos, realizarse preguntas, lo cual no significa caer en respuestas delirantes. De nuevo, parafraseamos a Bakunin: "Yo no pongo nombre a mi ignorancia, lo coloca en un altar y lo llamo Dios" (póngase aquí el concepto que se quiera, para no aludir solo críticamente al monoteísmo). La espiritualidad que nos ocupa, por lo tanto, es una actitud radical ante la vida, dejar a un lado lo superficial y lo meramente técnico; es el desarrollo de la conciencia, tanto hacia el exterior como hacia el interior de uno mismo, aunque abandonando todo misticismo (y entiendo, por supuesto, que los sentimientos de cada persona varían en relación a este concepto). Espiritualidad es también cierta comunión con la naturaleza, por lo que inevitablemente hay que tener en cuenta al conjunto de la humanidad e incluso a las otras especies; rechazamos así los sectarismos propios de los nacionalismos y las religiones. Como espero que se esté entendiendo a estas alturas, nuestro extenso y humano concepto de espiritualidad comprende, tanto la naturaleza como el arte, la literatura o cualquier creación humana que trate de elevar los sentidos; igualmente, forman un componente primordial los sentimientos más nobles de fraternidad y de respeto a la vida.

Frente a las prácticas y rituales propios de la religión, y que tantas personas identifican con formas espirituales, defendemos aquí una determinada forma de pensar, de sentir y de actuar. No decimos que cierta dosis de fe no sea importante, pero reclamamos una muy diferente; mencionamos ahora a otro anarquista, Errico Malatesta, cuando consideraba un sentido de la fe, no como una creencia ciega enfocada en el absurdo y la incomprensión, sino como una potente mezcla de voluntad y esperanza en un mundo mejor. Una bella concepción de la espiritualidad. Consideramos estéril confundir la fe con creencias religiosas, las cuales ocupan no pocas veces parte considerable de la filosofía en una tarea más que cuestionable. Si, con cierta asiduidad, la religión y la ciencia se han mostrado enfrentadas (a veces, de modo caricaturesco para vergüenza de la religión, aunque no es siempre sea el caso), la espiritualidad que nos ocupa no puede ser ajena al conocimiento; si, como ya hemos dicho, la vida y la filosofía no es reducible al pensamiento científico, éste es un factor primordial a tener en cuenta en aras de las explicaciones causales. Traemos ahora a colación una frase de Kant: "La ciencia es la organización del conocimiento, pero la sabiduría es la organización de la vida". La espiritualidad que reclamamos tiene mucho que ver con la ciencia y, especialmente, con la sabiduría.

La espiritualidad que estamos teorizando, de manera amplia y potente, debe ser constantemente puesta a prueba con los hechos. Solo a través de la práctica pueden demostrarse los más nobles valores y sentimientos humanos; dejando a un lado un mundo frívolo, es necesario el desarrollo espiritual mediante la repetición de actos nobles en el quehacer humano; esta actitud y esta práctica, como es sabido y resulta lógico, acaba repercutiendo también en la conciencia y en los sentimientos. No estamos hablando de ingenuidad ni de una bondad aparente, ya que consideramos que es necesaria esa constante profundización en los asuntos humanos para una actuación racional y ética (dos herramientas esenciales para nuestro concepto de la espiritualidad); existen personas con mejor o peor intención, mediocres o brillantes, pero esas capacidades existen en potencia en la condición humana; el desarrollo de su "espiritualidad" dependerá entonces de ellos junto a una serie de factores ambientales (no lo dejemos nunca de lado). En cualquier caso, la espiritualidad no está restringida a unos pocos, tal y como se han empeñado las religiones con sus santos y gurús; a propósito de esto, nada tiene que ver la espiritualidad con la renuncia a los placeres terrenales, con el ascetismo o con el aislamiento. Más bien, el disfrute de la vida, también en sociedad, es condición indispensable para todo desarrollo espiritual; otro motivo para oponerse a ciertas creencias. La espiritualidad no es, ni más ni menos, el intento de mejorar a nivel personal y de hacerlo también con el entorno social.
A pesar de todo el contenido que hemos pretendido dar a nuestro concepto de espiritualidad, todavía hay que señalar su uso por demasiado farsante; del mismo modo, el deseo de asociar el término a los más bellos sentimientos humanos no quita que tantas veces se vincule con el mero sentimentalismo más bien vacío de contenido. Es necesario, por lo tanto, tratar de otorgar ese contenido a la espiritualidad, identificado en suma con un potente humanismo racional y secular; todo ello para evitar que las personas, frente a un mundo político y socioeconómico pobre, frívolo y egoísta, caigan en las más absurdas creencias espirituales.