Mostrando entradas con la etiqueta Seudociencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Seudociencia. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de octubre de 2024

Librepensamiento, ayer y hoy

Identificar mero ateísmo con librepensamiento nos conduce a no pocas objeciones y problemas. Hay que distinguir entre la figura de un librepensador, propia de los siglos XVIII y XIX y lo que hoy podemos considerar que eso significa. Creemos sinceramente, y de una manera también ferozmente autocrítica, que desde posiciones ateas, lo que entendemos por un movimiento ateo combativo con la religión y más o menos organizada, se produce con cierta asiduidad esa ambivalencia de pretender ser progresista y librepensador y hacerlo únicamente desde posiciones, quizá no superadas, pero sí necesitadas de ser puestas al día conforme a nuevos discursos que resultan de lo más cuestionables. 

 
Hoy, así hay que considerarlo de manera permanente y muy crítica, no es lo mismo ser un librepensador en la actualidad que en la época que nace esa condición, en torno a lo que llamamos la Ilustración. Lo que queremos expresar es que da la impresión de que existe quien se refugia en ese librepensamiento de los orígenes, de una época en que los paradigmas eran obviamente muy distintos, y sin embargo adopta una actitud bien poco librepensadora en la actualidad; de hecho, es posible que los auténticos librepensadores les parezcan personas equivocadas, a veces subversivas y peligrosas, adoptando con ello una condición en realidad tristemente conservadora. Dicho de modo elemental, el librepensamiento en origen consistía en escapar de un mundo de creencias aceptadas y de una serie de pautas establecidas (una serie de dogmas y prejuicios,

domingo, 10 de marzo de 2019

Tiendas esotéricas, ¡están aquí!


Hoy en día, proliferan tiendas de condición inenarrable en las que, de forma aparentemente inexplicable, abunda toda suerte de productos relacionados con terapias pseudocientíficas, soluciones mágicas o espiritualidad de baratillo; para no andarnos con eufemismos, engaños para incautos.

Es más, es posible que la crisis económica de los últimos años haya favorecido el auge de este tipo de locales que venden consuelo no tan barato a las personas. Algunos de los que regentan estos negocios, lo dejan muy claro sin andarse por las ramas: "cuando peor le va a la gente, mejor nos va a nosotros". La frontera con la religión es difusa, podemos hablar de una necesidad de creer de tantas personas, aunque muy explicable gracias a mecanismos sociales y psicológicos. Es decir, los conformistas van a argumentar una y otra vez que la gente tiene esa necesidad de creencia, que qué le vamos a hacer, o más bien de consuelo, mientras que otros nos empecinamos en buscar sustentos más sólidos en la vida al mismo tiempo que soluciones a los problemas sociales e individuales, tantas veces conectados de forma estrecha.

sábado, 25 de agosto de 2018

Por qué creemos en cosas raras

Ese es el título de un libro de Michael Shermer, subtitulado Pseudociencia, superstición y otras confusiones de nuestro tiempo.
Correspondiente a esa obra, repasamos a continuación algunos de los factores que inducen a las personas a creer cosas más que raras, los cuales son incluidos en la categoría de "lenguaje pseudocientífico":

Las anécdotas no constituyen una ciencia
Las anécdotas —las historias que se cuentan para apoyar una afirmación— no constituyen una ciencia. Sin testimonios de otras fuentes que las corroboren, sin pruebas físicas de algún tipo, diez anécdotas no valen más que una sola y cien no valen más que diez. Quienes cuentan una anécdota son narradores humanos falsables.

El lenguaje científico por sí solo no constituye una ciencia
Vestir un sistema de creencias con los atavíos de una ciencia recurriendo al lenguaje y a la jerga científicas, como en «ciencia de la creación» no significa nada sin testimonios, pruebas experimentales y corroboración. Como en nuestra sociedad la ciencia está investida de un gran poder místico, quienes desean respetabilidad, pero carecen de pruebas, intentan llenar lagunas buscando una apariencia y un lenguaje «científicos».

jueves, 2 de agosto de 2018

¿Ateísmo posmoderno?

La posmodernidad se suele entender como el fracaso de la Modernidad, es decir, el fin de todo proyecto y normativa global y totalizante. Es por ello que en el terreno de la religión, se trata de un rechazo máximo a la idea de Dios, por lo que tantas veces se menciona a Nietzche como el precursor de la posmodernidad.

El ateísmo, al que hay que observar como una parte de las ideas antiautoritarias, inauguró una corriente moderna radical con Feuerbach en la que se trató de invertir los postulados teístas, al considerar que Dios había arrebatado los valores y la libertad al ser humanos, para tratar de divinizar a la humanidad. El lugar central de Dios vendría a ser ocupado ahora por el hombre y el ateísmo liberaría al hombre de la concepción alienante de la religión y la creencia sobrenatural. Como he dicho, se trata de una radicalización de los ideales modernos: la emancipación humana se apoyaría en la razón, de base sobre todo científica, y en una organización justa, solidaria e igualitaria. Desde la perspectiva actual, y con el desarrollo paralelo a la Modernidad de la dominación económica capitalista (proyecto autoritario y totalizante, por mucho que se presente con un barniz de liberalismo), hay que ser crítico con esa concepción absolutista de la razón, apoyada en una ciencia que ha estado al servicio de grandes horrores en las disputas humanas. A mi modo de ver la cosas, y aunque se pretende desde el

martes, 22 de mayo de 2018

Pensamiento mágico

Como parece obvio a priori, el pensamiento mágico viene a estar fundado en un modo de razonar, o de pensar, carente de una sólida base lógica. En lugar de emplear una relación causa-efecto de un modo científico, tienen más peso en el pensamiento mágico ciertos factores de índole subjetivo, personal o psicológico. En otras palabras, se tiende a pensar que los propios pensamientos, palabras o actos influirán en la realidad de un modo causal, desafiando con ello las propias leyes naturales de tipo científico.

El ejemplo más evidente de pensamiento mágico es la superstición, aunque, ojo, la religión y cualquier tipo de pseudociencia, de forma más sutil si se quiere, también hay que considerarlos influidos notablemente por aquel. El pensamiento religioso ha querido verse como una especie de evolución del pensamiento mágico, pero los estudios más modernos tienden a pensar que no es tan fácil separar uno de otro. El sometimiento de la mente a una abstracción mediante la oración, como puede ser a alguna forma de deidad, no está tan distante del conjuro que puede realizar el practicante de algún tipo de hechicería. A pesar de las vueltas que quieren darle los autores religiosos, en un lenguaje habitualmente abstruso, que no hay que confundir nunca con inteligente, hay que recordar este sustrato del pensamiento mágico en la religión (si se quiere mencionar una fuente moderna importante al respecto, mencionaremos a Frazer y su monumental obra La rama dorada).

domingo, 24 de abril de 2016

El retorno de los charlatanes

http://charlatanes.blogspot.com.es/

Para los que no lo conozcan, Mauricio-José Schwarz es un escritor mexicano, además de periodista y fotógrafo, que actualmente vive en España. Nos ocuparemos aquí de su faceta de divulgador del escepticismo y del pensamiento crítico, siendo miembro del Círculo Escéptico, organización que se ocupa de cuestionar la ingente cantidad de propuestas pseudocientíficas que nos rodean. No tiene precio el blog de Schwarz, acertadamente llamado "El retorno de los charlatanes", y subtitulado "Cuestionamientos al pensamiento mágico, la irracionalidad cómoda, el embuste paranormal y otras fantasía perjudiciales".

martes, 5 de abril de 2016

Medicina sin engaños

José Miguel Mulet, autor del libro Medicina sin engaños, es profesor titular de biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia. Esta obra arremete contra las llamadas terapias alternativas o complementarias y hace una decidida defensa de la medicina científica. Se trata de que el lector tenga mejores armas, además de un espíritu crítico, para enfrentarse a decisiones que tengan que ver con su salud. El texto es ameno, escrito de forma sencilla, e incluso no exento de cierto agradecible sarcasmo. Aunque tantas veces se nos trata de hacer ver lo contrario, la medicina científica está siempre abierta a continuos aportes, vengan de donde vengan y siempre si se ha demostrado su eficacia. El propio Mulet alude, y a todos nos resultará familiar, eal hecho de que ciertos médicos (o pseudomédicos) dicen haber descubierto la panacea en sanación, y se aseguran de difundir que solo ellos lo han inventado y, además, pueden aplicarlo. Esta es una táctica más propia del pasado, de los charlatanes del siglo XIX.

martes, 1 de marzo de 2016

Medicina científica y/o pseudocientífica

A menudo, los practicantes de la medicina alternativa o complementaria insisten en los males de la llamada medicina convencional, oficial y científica (usados estos apelativos indistintamente). Bien, en primer lugar hay que decir que cuando decimos medicina científica, y solo usaremos ese término en nuestro caso, no nos referimos a medicina oficial ni convencional (primero, por una cuestión semántica, ya la ciencia debe ser revisada constantemente, nunca ser estática o dogmática); estamos sencillamente, con la denominación e "científica", hablando de una medicina que ha demostrado ser eficaz, o razonablemente eficaz. Otra cosa es un sistema basado en el privilegio y la codicia, donde también entran la medicina y los medicamentos; bien porque que se prime el beneficio económico, frente al adecuado tratamiento y la búsqueda de la sanación de las personas, bien por la subordinación de la clase dirigente y la desidia de los profesiones. Desde este punto de vista, la medicina "oficial", consecuencia de ese sistema capitalista, tiene muchas cosas criticables y, tantas otras, repudiables. Esta evidencia, que por otra parte tampoco hay que llevar al extremo, no es en ningún argumento, para defender prácticas que no han demostrado ser eficaces (es decir, la ciencia nos dice eso, por lo que sus supuestos éxitos son comparables al placebo, de cuyas características ya hemos hablado).

martes, 3 de marzo de 2015

Cómo convertirse en un charlatán


Edzard Ernst es uno de las mayores investigadores en medicina alternativa y de él tomamos prestados los siguientes puntos -a modo de pasos a seguir para llegar a convertirse en un notable charlatán con la vida crematística asegurada-, que alertan sobre esa gran fuente de ingresos a la que puede apuntarse cualquier habilidoso vendedor de humo. En la entrada anterior, quisimos dar a conocer, de forma humorística, ignotas terapias sanadoras de nulos resultados; veremos una y otra vez que la realidad deja en pañales cualquier intención cómica.

1. Encuentre una terapia atractiva y dele un nombre fantástico. Aquí Ernst deja claro que este primer punto no resulta tan sencillo, ya que a estas alturas la mayor parte de las prácticas delirantes está ya cogidas: apiterapia, vinoterapia, chocolaterapia, sanación energética, quinesiología, cromoterapia, iridología, orinoterapia, quiropráctica, recitación de mantras, risoterapia, etc., etc., etc.; no hay que desesperar, ya que con buena imaginación uno pude fabricarse su propia terapia alternativa de imaginativo nombre, primer paso para convertirse en un magnífico charlatán de habilidosa retórica, contacto con fuerzas no contrastadas y/o con superpoderes.

2. Invente una historia fascinante. Otro punto primordial en el que es necesario crear una génesis fantástica en la que nuestra terapia haya sanado a algún tierno infante, o a otra persona que despierte la emoción en nuestras víctimas, o se haya originado en algún oscuro contacto con fuerzas sobrenaturales,

3. Añada un poco de pseudociencia. Efectivamente, Ernst tiene toda la razón, vivimos en una época en la que la ciencia no puede ser simplemente desechada como antaño, cuando la Iglesia, y otras instituciones oscuramente reaccionarias, tenían tanto poder; una adecuada terminología semicientífica, que supuestamente solo pueden comprender algunos expertos, nos ayudará en nuestro cometido; física cuántica, teoría de las cuerdas, teoría del caos o nanotecnología, son algunos de los recurrentes ejemplos que, inexplicablemente, cautivan a las masas.

4. No olvide una dosis de sabiduría antigua. Por supuesto, la terminología pseudocientífica no quita que se recurra a la Antigüedad como garante de la validez de según qué prácticas; efectivamente, la sabiduría que tenían las civilizaciones del pasado, filtradas adecuadamente por el paso del tiempo, nos ayudará en la elaboración de nuestra tronchante terapia alternativa.

5. Afirme tener una panacea. Lo que es lo mismo, nuestra terapia servirá para cualquier tipo de enfermedad, lo que asegurará enormemente nuestros ingresos; hay que advertir que, llegados a este punto, ha desaparecido la poca vergüenza que, tal vez, conservábamos.

6. Lidiar con el "problema de la evidencia" y los desagradables escépticos. ¡Cómo no! Esos irritantes y fastidiosos escépticos se verán pronto atraídos por nuestra envidiable terapia y nos exigirán pruebas de su evidencia sanatoria; no hay que perder la calma ante estas acometidas escépticas, la solución es aportar testimonio tras testimonio de lo bien que ha ido nuestra técnica, los cuales pueden ser por supuesto producto enteramente de nuestra imaginación.

7. Demuestre que domina el arte de hacer trampa con las estadísticas. Este punto es una ampliación del anterior; si los escépticos vuelven a la carga, podemos aportar una estadística de un 70% de pacientes, de ahí para arriba, que ha obtenido un notable beneficio con nuestra imaginativa terapia.

8. Gane puntos con las grandes farmacéuticas. Aludir a que la industria médica está acojonada con nuestra medicina alternativa, ya que les va a quitar gran parte de sus beneficios, es algo tan recurrente como efectivo; por supuesto, todo aquel que pretende apelar a la ciencia para desmontar nuestra terapia está sencillamente a sueldo de las grandes empresas farmacéuticas. Este punto asegura una clientela de lo más variopinta, no solo los habituales místico-alternativos.

9. Pida dinero, mucho dinero. Ernst nos recuerda, en su último punto, que nuestro objetivo primordial es, como no podía ser de otra manera, ganar mucho dinero. Es necesario cobrar tarifas elevadas, incluso de manera exagerada; ya hablemos de un producto que pongamos a la venta, de consultas particulares que realicemos o, en un alarde de generosidad, de clases que demos sobre nuestra magnífica técnica. Con algunas excepciones (las hay, las hemos visto, ya que hay gente peligrosamente encerrada en sus creencias), no hay ningún verdadero charlatán que trabaje gratis o que tenga un precio razonable.

Erzard Ernst publicó originariamente estos pasos en su blog bajo el título How to become a charlatan. La traducción al castellano ha sido tomada del siguiente enlace: http://charlatanes.blogspot.com.es/2012/12/como-convertirse-en-charlatan.html

miércoles, 25 de febrero de 2015

James Randi, gurú del escepticismo

James Randi es una conocida figura en Norteamérica por poner en evidencia los fraudes de todo tipo de pseudociencia; como él mismo fue ilusionista durante casi cinco décadas, parece que ha desarrollado una gran habilidad para detectar los engaños de personas que afirman tener poderes y toda suerte de bobadas.

Este hombre fue miembro, y cofundador del Comité para la Investigación Escéptica, organización estadounidense que promueve el pensamiento crítico y la investigación científica de todo tipo de actividad paranormal y afirmaciones cuestionablemente científicas; en inglés, el Comité publica el Skeptical Inquirer y, para los lectores de habla hispana, tenemos la suerte de contar con la revista Pensar, así como multitud de libros que se ocupan de la pseudociencia. Como no podía ser de otra forma, las investigaciones críticas que lleva a cabo el Comité se basan en que las afirmaciones extraordinarias, tan del gusto de 'creyentes' y terapeutas alternativos, deben ser probadas de manera sólida o, de lo contrario, ser de inmediato descartadas.  A pesar de los intentos para desacreditarla, con tanto fundamento como las propias teorías y creencias objeto de crítica, esta organización goza de un gran prestigio; Carl Sagan, en su influyente libro El mundo y sus demonios, se congratula de que exista el Comité y realiza proposiciones para la mejora del movimiento escéptico. Organizaciones similares que han surgido en España  son la Asociación para el Avance del Pensamiento Crítico (ARP-SAPC) y el Círculo Escéptico; en Chile, existe la Asociación Escéptica de Chile.

Randi también creó en 1996 la Fundación Educativa James Randi, organización no lucrativa, que fomenta igualmente el análisis crítico y trata de educar a la gente y a los medios de comunicación frente a los peligros de las afirmaciones no probadas. Como el propio Randi fue desafiado en el pasado por algún gurú a respaldar con dinero sus palabras, la Fundación ha llegado a ofrecer un millón de dólares a quien demuestra alguna prueba objetiva de actividad paranormal; a pesar de los numerosas solicitudes, nadie ha logrado pasar siquiera la fase preliminar (prueba que deciden previamente Randi y la propia persona que se presta al desafío). En un programa de televisión de finales de 80, llamado Exploring Psychic Powers Live!, Randi hizo una muestra de este tipo de desafíos poniendo en evidencia a unos cuantos charlatanes con poderes inexistentes. Desde 2003, la Fundación realiza un encuentro llamado The Amazing Meeting, donde se reúnen conocidas personas de la comunidad escéptica.

Desmontando lo paranormal


Sobre la homeopatía

Sobre charlatanería, en general

sábado, 25 de octubre de 2014

Mario Bunge y la reivindicación de la ciencia

Mario Bunge es un físico y filósofo, crítico con todos aquellos que se alejan de la ciencia racional, con el que solemos estar muy de acuerdo. Aunque algunos posmodernos nos mirarán por encima del hombro, insisto a menudo en ello. Siempre observé un vínculo entre la posmodernidad y las llamadas seudociencias, y autores como Bunge nos confirman en ello.

En los rasgos que caracterizan las seudociencias, califica a sus seguidores de "comunidad de creyentes", menciona que sus postulados "excitan la imaginación" y considera que su existencia se da por "descuido de la ciencia". La verdadera ciencia y la técnica, a pesar de su instrumentalización por el capitalismo, no dejan de ser motores de la civilización, por lo que resulta primordial vincularlas siempre a la política, mientras que ésta no debe perder jamás de vista la ética. Bunge considera que la filosofía sufre en la actualidad una crisis profunda, que no se ocupa de cómo piensa y siente la gente, es por eso que en mi opinión hay que enlazar su pensamiento con el de autores como Bertrand Russell.
Russell, que no dejó nunca de evolucionar y de pensar diferente alejado de todo dogmatismo, caminó hacia una filosofía que se ocupara verdaderamente de los problemas humanos. Bunge reivindica la ciencia junto a la filosofía y arremete contra todo el idealismo, desde Hegel, y contra todos aquellos que han gestado el pensamiento posmoderno. Califica de charlatanes a gente como Heidegger y Husserl, de los que llega a decir que si su lenguaje es difícil e incomprensible es porque no tienen nada que decir. Con buen humor, aunque para disgusto de muchos, sobre Jacques Lacan parece que acuñó el término "charlacanismo". No deja de ser Bunge un autor que reivindica la modernidad, la cual es puesta en entredicho por los posmodernos, los cuales abogan por una complejidad que nunca debería ser negar la ciencia, la racionalidad, ni la lógica.

Las respuestas a (supuestas) cuestiones trascendentales que se ha pretendido dar desde la filosofía ha abierto la puerta a toda suerte de especualaciones metafísicas. La biología, la sicología y las ciencias sociales pueden dar respuesta a esas importantes cuestiones, sin entrar en propósitos y fines esotéricos. Por ejemplo, las diversas disciplinas nos dan la información de que el ser humano es un animal emocional, intelectual, trabajador y sociable, por mucho que tantas veces se pretenda seguir cayendo en simplificaciones infantiles. Sobre la ética, su idea de que la filosofía puede decir mucho acerca de los valores resulta también muy cercana, siempre aceptando que es el ser humano el que los crea o los destruye, producto de una determinada sociedad, y que son siempre analizables a la luz de la razón y la experiencia.
En el campo del conocimiento, nos gustaría reproducir la siguiente entrada de Bunge (de su Diccionario de filosofía): "...El criterio más simple de existencia para un objeto concreto es la observación; pero este criterio es falible, pues se puede ver un espejismo. Un criterio más exigente y por lo tanto digno de confianza es el experimental: una cosa existe sólo si reacciona a algún estímulo controlado. Sin embargo, aunque este criterio puede fallar, a menos que se pueda prever, con la ayuda de algunas hipótesis empíricas corroboradas, el tipo de reacción al estímulo en cuestión. En resumen, el modo más riguroso de determinar la existencia concreta es el experimento combinado con la teoría....".
A nivel político, Bunge apuesta por un socialismo renovador, siendo muy crítico, tanto con los moderados de izquierda, como con los autoritarios. La democracia debe convertirse en integral, extenderse desde el territorio político a todos los demás: económico, cultural e incluso, dice, biológico. Aunque Bunge habla de cooperativismo en el campo económico, es lo que podemos denominar autogestión. No parece mencionar al anarquismo, pero como tantos otros autores, su crítica al autoritarismo y sus ideas sociales le hacen encontrarse muy cerca de las ideas libertarias.
Bunge debe ser un entrañable gruñón y resulta muy divertido leer los siguientes consejos para poder, como él, pasar de los 90 años: “No leer a los posmodernos, no fumar, no beber alcohol y no hacer demasiado deporte. Mantener ágil el cerebro. Si uno deja de aprender, el cerebro deja de funcionar”.

sábado, 4 de octubre de 2014

Imposturas intelectuales

Alan Sokal y Jean Bricmont, conocidos físicos, publicaron un libro con este título partiendo de una divertida anécdota. Sokal mandó un paródico texto, llamado "Transgressing the Boundaries: Toward a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity" (Transgredir los límites: Hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica), a la publicación posmoderna Social Text. El artículo, que estaba tomado de citas, absurdas o carentes de sentido, pero auténticas, de célebres intelectuales franceses y estadounidenses, fue publicado y entonces se reveló el engaño con gran escándalo.

Lo que se quiso demostrar es que famosos intelectuales, muchos de ellos posmodernos, han hecho un uso reiterado de diversos conceptos y términos científicos, los cuales han sacado de contexto en no pocas ocasiones o los han ofrecido al lector no científico como una jerga ininteligible o carente de sentido. No se tuvo la intención de invalidar la obra por completo de dichos autores, muy conocidos, pero sí se quiso realizar esta denuncia, la cual les funcionó a la perfección. Tiempo después, para completar el dossier reunido por Sokal en la investigación bibliográfica, del cual solo una pequeña parte pudo ser incluido en la parodia, se publicó el libro titulado Imposturas intelectuales. En esta obra, hubo una segunda intención crítica, que está dirigida a los que consideran la ciencia moderna simplemente como un "mito", una "narración" o una "construcción social" entre otras muchas. Es algo que puede denominarse "relativismo epistémico", parece ser que más extendido entre el mundo angloparlante que en otras latitudes.
Por lo tanto, Imposturas intelectuales contiene dos obras distintas aunque relacionadas compuestas del siguiente material: una recopilación de abusos extremos puestos a la luz por Sokal, en primer lugar, y una crítica feroz de ese relativismo epistémico y de las concepciones falaces de la "ciencia posmoderna", en segundo. Recordaremos que la posmodernidad supone un rechazo más o menos explícito de la tradición racionalista procedente de la Ilustración, por parte de ciertas elaboraciones teóricas carentes de prueba empírica, y por una relativismo cognitivo y cultural. La denuncia presente en Imposturas intelectuales pretende ser, sobre todo, sociológica, ya que los autores franceses de las "imposturas" tienen cierto reconocimiento en aquellos círculos académicos de habla inglesa en los que el relativismo epistémico es habitual. También se produce un cierto nexo en las dos partes de esta obra: si se acepta ese relativismo epistémico, se acaba siendo poco o nada crítico con ciertas representaciones de ideas científicas (las cuales, según la visión posmoderna, acaban siendo simplemente otro discurso). No hay intención crítica alguna, más bien todo lo contrario, acerca de las humanidades o de las ciencias sociales, ya que puede extenderse la denuncia de los abusos también a estas disciplinas. Se trata, en definitiva, de una muestra de malos hábitos intelectuales, cuya denuncia corresponde probar a quien la hace, sin generalizaciones de ningún tipo.

En palabras de los mismos Sokal y Bricmont, su obra combate la confusión intelectual, no el radicalismo político, y puede añadirse que más bien al contrario. La siguiente cita de Michael Albert en Z Magazine es significativa: «No hay nada veraz, sabio, humano ni estratégico en confundir la hostilidad a la injusticia y a la opresión, que es de izquierdas, con la hostilidad a la ciencia y a la racionalidad, que es un sinsentido». De hecho, parece ser que numerosos investigadores del campo de las humanidades y de las ciencias sociales agradecieron a Sokal aquella iniciativa paródica y expresaron igualmente su rechazo a a las tendencias posmodernas y relativistas que invaden sus disciplinas. A pesar de todo, hay que reconocer que aquello fue una broma y el hecho de que se publicara, a pesar del disgusto y la puesta en evidencia de la publicación posmoderna, no es lo más importante. Lo auténticamente revelador es el contenido de la parodia, construida a partir de citas de los más eminentes autores franceses y nortemericanos sobre las presuntas implicaciones filosóficas y sociales de las ciencias naturales y de las matemáticas. Citas que pueden calificarse de absurdas, pero auténticas, las cuales han sido reunidas en Imposturas intelectuales en forma de textos más largos que permiten juzgar mejor el trato que dispensan esos intelectuales a las ciencias. Además, para los lectores que no somos científicos, se realizan una serie de análisis y comentarios que nos explican por qué son los textos disparatados. Se trata de una obra recomendable para todos los que estamos interesados en un análisis intelectual de nuestra época, que algunos quieren observar como la confirmación del fracaso del proyecto de la modernidad (y no les falta razón), pero que bajo ningún concepto debe hacernos renunciar a perseguir esos valores emancipadores.

martes, 30 de septiembre de 2014

Círculo escéptico

Damos a conocer en este blog uno de los grupos más activos en cuanto a divulgación del escepticismo y del pensamiento crítico: Círculo Escéptico. Preguntas incómodas ante afirmaciones extravagantes

Somos escépticos y fomentamos la práctica del escepticismo, entendiendo por éste el pensamiento crítico y racional, luchamos contra las pseudociencias y las pseudomedicinas, cuestionamos los fundamentos espurios de la astrología, la homeopatía, las mancias y videncias, el tarot y el espiritismo, exponemos a los mercaderes de lo paranormal y promovemos el sentido crítico y la divulgación científica como herramientas indispensables para la comprensión del mundo y la toma de decisiones en la vida diaria

Quiénes somos
El Círculo Escéptico es una asociación cultural que tiene como finalidad principal fomentar la práctica del escepticismo, entendiendo por éste al pensamiento crítico y racional, como herramienta indispensable para la comprensión del mundo y la toma de decisiones en la vida diaria. Consideramos que una posición intelectual crítica es la mejor herramienta para desenvolvernos en las realidades natural y social, ante la creciente multiplicidad de discursos con pretensión de verdad absoluta que los medios de comunicación difunden.

Nuestro compromiso
Estas directrices se concretan en el interés por la crítica y afán explicativo de las numerosas afirmaciones sobre fenómenos extraños, pretendidos misterios, enigmas históricos, milagros y otros rumores sin demostración. Para ello, apelamos a los conocimientos que las ciencias y las humanidades nos proporcionan. Nuestro compromiso será investigar de modo objetivo, siguiendo la metodología científica y la de las disciplinas humanísticas, los fenómenos sociales citados, sin aceptar ni descartar a priori explicación u opción alguna, así como divulgar el resultado de nuestras investigaciones.

Actividades y campañas
Internet ha supuesto una importante vía de difusión para el pensamiento crítico y el escepticismo ante las afirmaciones paranormales y los productos relacionados, ya que los vetos y las tradicionales censuras que los medios especializados en lo paranormal han ejercido contra el escepticismo organizado no son posibles en la Red. El Círculo Escéptico quiere sumarse a una creciente oferta crítico-escéptica por medio de una serie de actividades y propuestas culturales que se irán concretando próximamente, como una colección de libros escépticos sobre temas clásicos, charlas en foros públicos, presentaciones sociales, etcétera.

Objetivos
Queremos hacer del Círculo Escéptico una entidad viva y dinámica, en permanente conexión crítica con el mundo de lo alternativo, lo misterioso y lo paranormal. Deseamos fomentar la conciencia reflexiva e inquisitiva en particular de los más jóvenes consumidores del mercado de lo oculto, uno de los blancos tradicionales de esta industria, y dar pie a una sana corriente de opinión informada, creativa y escéptica ante el engaño, la manipulación y la difusión de creencias falsas en unos casos y muy dudosas cuando menos en otros.
Esperamos despertar su interés y solicitamos su colaboración para esta necesaria labor de difusión del pensamiento y la investigación escépticos

Enlaces:
Web del Círculo Escéptico
"El escepticismo. Lo necesitamos"

"La importancia de la divulgación científica"

sábado, 13 de septiembre de 2014

Alopatía, un término sin significado

Todos hemos oídos este término, referido habitualmente a la medicina occidental o moderna; aunque fue acuñado por la escuela de la homeopatía (no lo puedo decir con certeza, pero creo que fue su propio fundador, Samuel Hahnemann), en oposición a esa falacia de que lo mismo que nos enferma es lo que nos cura (etimológicamente, viene a ser lo contrario, lo distinto a lo que nos enferma…), el despropósito es tan grande que gran parte de las medicinas alternativas emplean el término de manera despectiva para referirse a la medicina científica.

Efectivamente, la cosa es tan ridícula que muchos practicantes de medicinas alternativas (insisto, no solo la homeopatía) defienden sus postulados atacando, no siempre de forma visceral, aunque sí en bastantes casos, a lo que ellos denominan "alopatía" o "medicina alopática". A solo que pensemos un poquito, la cosa es bien sectaria: para defender unos principios más que cuestionables nos inventamos un bonito término para etiquetar al enemigo y tratar de defenestrarle de modo simplista. Insistiremos una y otra vez, no hay que poner ningún apelativo a la medicina, ni moderna, ni occidental, ni oriental, ni leches, simplemente hay que demostrar que funciona más allá del placebo y entonces recibe un amplio y bonito nombre: medicina (no me disgusta el apelativo "científica", pero tampoco debería ser necesario por obvio). La medicina no puede ser reducida a nada, se trata de una práctica que emplea todas las medidas de las cuales se ha demostrado validez, tan sencillo como eso. Si alguien escucha la palabra "alopatía" lo mejor es pedir explicaciones, interrogar al sujeto de a qué se refiere exactamente y, lo más probable, nos encontremos que ni él mismo estará seguro de la cuestión (a no ser que sea alguna suerte de iluminado dueño de una astuta y hábil retórica); desgraciadamente, es una tendencia del ser humano de lo más papanatas la de creer haber encontrado una bonita teoría (y/o práctica) que resuelve los problemas humanos de manera más bien simplista (aunque, cuando lleguen las críticas, se apele a veces a complejos principios difíciles de comprender por el común de los mortales).

Por lo tanto, el término "alopatía" es sencillamente falso, además de irrisorio, ya que fue acuñado de forma malintencionada por una escuela alternativa muy concreta, luego acogido por tantas otras, para iniciar una cruzada contra la medicina convencional (ya he puesto otro apelativo, pero si no, no nos entendemos). Si queremos crear una analogía, cuando se emplea el apelativo de marras es semejante a cuando una escuela religiosa (por lo tanto, dogmática) denomina herejes a los que no abrazan sus postulados. Homeópatas, quiroprácticos y toda suerte de naturópatas describen de forma errónea a los médicos y quieren mostrar un conflicto donde solo existe una hipótesis cuestionable (por no decir seudociencia) enfrentada a la ciencia. Otro argumento falaz que suelen emplear, muy relacionado con el bobalicón término de "alopatía", es que ellos se encargan con sus cuestionables prácticas de buscar las verdaderas raíces de la enfermedad (tantas veces apelando a energías o fuerzas vitales más bien metafísicas), mientras que le medicina oficial solo se ocupa de los síntomas; insistimos, una bonita retórica, que a veces cala en personas despistadas, que sencillamente es falaz. Si descubrimos las verdaderas causas de la enfermedad, es gracias a la medicina moderna (virus, bacterias, protozoos, radicación…), mientras que solo podemos decir de las terapias alternativas que alivian los procesos sintomáticos (eso, en algunos casos).

Si alguien quiere profundizar, más allá de la "diatriba" que supone esta entrada: "El abuso malintencionado de la palabra alopatía".

martes, 9 de septiembre de 2014

Si abres tu mente demasiado, se te puede caer el cerebro

Dicha frase se le atribuye a Timothy David "Tim" Minchin, cómico y músico inglés, que mezcla ambas facetas en lo que puede denominarse comedias musicales; él mismo define sus representaciones como "divertidos shows de cabaret". La razón de que se hable de él en este blog es que algunos de sus temas preferidos son la religión, las terapias alternativas y toda suerte de seudociencia, a las que realiza una lúcida y divertida sátira. Sí, es tremendamente irreverente y, por lo tanto, va a ofender a más de uno (tal vez, no todos los ofendidos se consideren "creyentes"); recordaremos que se trata de humor, aunque en este caso con muchísima intención y con deseos de que las personas se hagan preguntas (todo empieza con esbozar una sonrisa).

Sobre Dios y la existencia del mal en el mundo

Sobre todo tipo de creencias espirituales

Sobre el conocimiento

Sobre Jesús

Sobre El Corán

Sobre el lado oscuro

martes, 12 de agosto de 2014

El humanismo secular

Mario Bunge, en su libro Crisis y reconstrucción de la filosofía, refuta a los que consideran el humanismo secular (puede verse como una forma más amplia de llamar al ateísmo) al no considerarlo una simple doctrina que niega lo sobrenatural. Es más, este autor considera que se trata en realidad de "una cosmovisión positiva y amplia".

Así, presenta siete tesis sobre el humanismo secular:

1. Cosmológica: todo lo que existe es natural o producto del trabajo humano, ya sea manual o mental. Si queremos verlo de modo negativo: en el mundo no hay nada sobrenatural.

2. Antropológica: las diferencias individuales entre las personas son poco importantes en comparación con los aspectos comunes que nos hacen a todos miembros de la misma especie. Puesto en términos negativos: no existen hombres ni razas superiores.

3. Axiológica: aunque los diferentes grupos humanos puedan tener valores diferentes, hay muchos valores universales básicos, tales como bienestar, honestidad, lealtad, solidaridad, justicia, seguridad, paz y conocimiento, por los cuales vale la pena trabajar e incluso luchar. Puesto en términos negativos: el relativismo axiológico radical es falso y perjudicial.

4. Epistemológica: es posible y deseable hallar la verdad acerca del mundo y de nosotros mismos recurriendo únicamente a la experiencia, la razón, la imaginación, la crítica y la acción. Puesto de manera negativa: el escepticismo radical y el relativismo gnoseológico son falsos y nocivos.

5. Moral: debemos buscar la salvación en este mundo, el único real, por medio del trabajo y el pensamiento, antes que por la oración y el enfrentamiento, y debemos disfrutar la vida, así como intentar ayudar a los demás a vivir, en lugar de perjudicarlos.

6. Social: libertad, igualdad y fraternidad, valores que deben concretarse en la administración de la comunidad.

7. Política: a la vez que defendemos tanto la libertad de culto y la diversidad de cultos, como la libertad de inclinación política y la diversidad de las inclinaciones políticas, debemos esforzarnos por lograr o mantener una sociedad laica, así como un orden social íntegramente democrático, a salvo de las desigualdades injustificadas y las chapuzas técnicas evitables.

Bunge considera que cada humanista secular puede dar un valor con mayor o menor peso a cualquier de estos puntos. Al alejarse de cualquier posición sectaria y dogmática, el humanismo secular supone un amplio abanico que puede abarcar, tanto a activistas sociales, como a librepensadores de diverso pelaje. Por ejemplo, aunque este autor habla de un estado laico, para evitar confusiones y llevando las cosas a un terreno libertario (ojo, con una visión si se quiere más amplia), me he permitido hablar mejor de una sociedad o de una comunidad laica. Bunge es un hombre de izquierdas, muy progresista; su crítica a la praxis marxista y su apuesta por un socialismo cooperativista podrían acercarle sin problemas a una crítica radical al Estado como órgano político y a una postura libertaria.

La revolución informática, como cualquier otra en el pasado producida en el ámbito técnico, se ha producido en un ámbito de inaceptables desigualdades sociales. Es por eso que cualquier persona con inquietudes humanistas debe observar y ser crítico con las consecuencias del ambivalente progreso tecnológico. Se aplaude toda innovación técnica puesta al servicio de valores humanos, pero se advierte de la definitiva enajenación del ser humano. Consecuentemente, un filósofo y científico como Bunge reivindica una visión secular que abarque al conjunto de la humanidad. Si bien el humanismo puede tener un cariz religioso, lo mismo que un ateo o agnóstico puede estar exento de inquietudes éticas, se considera aquí que es el humanismo secular, combativo con cualquier postura trascendente y sobrenatural, es el que nos coloca en mejor posición para el progreso social y moral.

Bunge considera que la filosofía está estancada y, a pesar de que es muy crítico con ese culto al pasado del pensamiento y con los grandes sistemas filosóficos, reivindica sin problemas los valores de la Ilustración: una corriente naturalista, humanística, racionalista y progresista. El filosofar no es una mera actividad de especialistas, sino que debe ser inherente al conjunto de la especie humana. Para el progreso, han sido necesarios el deseo del ser humano para conocer, la capacidad de hacerse preguntas y la indagación. Ahora, de forma más necesaria que nunca por el nivel de enajenación producido por la revolución tecnológica, se demanda una visión filosófica de conjunto, capaz de interpretar los cambios y saltos decisivos en el conocimiento científico y de preguntarse sobre su significado.

sábado, 12 de julio de 2014

Osteopatía, holismo y autorregulación corpórea (si ellos lo dicen)

¿Qué diablos es la osteopatía? ¿En qué se diferencia de la fisioterapia? (un concepto que, a todas luces, parece más amplio) ¿Se trata, una vez más, de una medicina alternativa que encubre una mera seudociencia? No tenemos ni puñetera idea, la verdad, por lo que indaguemos en el asunto y tratemos de arrojar, seguramente de manera patética, algo de luz.

Para empezar, resulta algo sorprendente lo que dice la Real Academia de la Lengua: se trata, en medicina, de un "término general para las enfermedades óseas". No sabemos si la Rae va por un lado y la realidad, oficial o alternativa, por otro; sin embargo, a favor de la Academia hay que decir que etimológicamente la palabreja significa eso (la correcta sería, entonces, osteoterapia, creemos nosotros) y que se aclara que es terminología médica. Si acudimos a los profesionales de la misma osteopatía, aclaran que se trata de un "enfoque asistencial diferente" (uf), que pone especial énfasis en la estructura del individuo y en los problemas mecánicos que puedan aparecer en la misma. No aclaran mucho esas primeras palabras, pero parece que el fundador de la osteopatía consideraba que "la salud y el correcto funcionamiento del individuo dependen de la integridad estructural global del cuerpo". Nos encontramos aquí, en primer lugar, con un concepto que gusta sobremanera a nuestras amigas las terapias alternativas: holismo. Hay otro asunto, también propugnado por los profesionales de la osteopatía y es que se trata de una terapia complementaria con la medicina convencional (uf) o alopática (un uf todavía mayor). Para empezar, ¿por qué leches emplean tantos terapeutas alternativos el término "alopatía"?, ¿no se trataba de una denominación de la homeopatía para designar a todo lo contrario de lo que ellos propugnan? (es decir, el uso de remedios que producen efectos distintos a los síntomas que se quieren combatir) Ahora resulta que esté término, normalmente despectivo (e inexacto, ya que la medicina que ellos llama "convencional", y que solo podemos denominar "científica" si de verdad cura), lo usa todo quisque del mundo alternativo sea o no homeópata (tenemos la teoría que este tipo de terapias "no oficiales" generan cierta ósmosis de manera obvia e irritante).

Olvidemos del antagonismo homeopatía/alopatía, de momento, algo más bien falaz a nuestro modo de ver las cosas, y continuemos con la osteopatía. Ya podemos concluir uno de los rasgos fundamentales de esta terapia, el holismo, es decir, el observar al paciente como un todo en el que se funden la mente, el cuerpo y, ¡ojo!, el espíritu (sea lo que sea lo que signifique eso); también, implica que no pueda observarse cada parte del cuerpo como independiente, ya que cada una trabajaría por el benefiico de la totalidad; aquí, llegamos a ciertos mecanismos de unión entre las diversas partes, que ya resultan algo cuestionables (busquen ustedes sobre una tejido conectivo denominado "fascia"). Lo que hace la osteopatía es ayudar a reequilibrar el organismo centrándose en la estructura y mejorando, así, el funcionamiento del cuerpo; parece que estos terapeutas trabajan, sobre todo, con tejidos y fluidos corporales. Hasta ahora, no nos hemos aclarado mucho, seguramente porque somos bastante botarates, aunque ciertos conceptos han disparado algunas alarmas, de esas que nos gustan tanto oír a los criticones; además del holismo, de considerar el cuerpo como una unidad, suelen hablar de cuestiones ambiguas como la autorregulación de cuerpo y su capacidad para defenderse y sanarse (no decimos que sea totalmente falso, solo que es algo ambiguo y cuestionable en según qué terapias). Entiendo que seguimos sin aclararnos, y por supuesto sin aclarar a nadie, por lo que proponemos volver a una de las primeras cuestiones de este texto: ¿por qué no es la osteopatía, si funciona de verdad, una parte de la fisioterapia? Puede que seamos demasiado obtusos, pero parece lo razonable; sin embargo, es posible darle la vuelta al asunto, tal vez esta terapia se ha visto encubierta más de una vez debido a la fisioterapia hasta el punto de confundirse una con la otra.

Tenemos la sospecha, y así parecen confirmarlo algunas definiciones, de que estamos de nuevo ante algo más cercano a una "creencia" y menos ante algo científicamente verificado. El fundador de la osteopatía, Andrew Taylor Still, según la propaganda oficial de estos terapeutas, "se basó en que las enfermedades son debidas a una alteración de la estructura del órgano, músculo, hueso u otros tejidos" (estamos hablando de finales del siglo XVIII). Con todos los respetos, esa manera de hablar del asunto revela más bien a un iluminado, descubridor de algo demasiado grande y genérico, y no a un científico basándose en pruebas muy concretas que evidencian la base del asunto (como son, sin más que rascar, los científicos). Si alguien tiene pruebas concluyentes de que este descubrimiento de hace más de dos siglos es cierto, y de nuevo nos encontremos ante una ocultación deliberada, por favor, que nos lo haga ver. Los principios de la osteopatía (varia a veces el número según la fuente a la que acudamos) son, como hemos dicho, bastante ambiguos, juegan con algunas verdades, otras a medias y, en algunos casos, se les ve el plumero con la terminología "espiritual" habitual en las terapias alternativas.

Dicho esto, y esperando que nadie, de momento, se haya brotado de manera irracional (no es nuestro cometido ni nuestro deseo provocar tal cosa), aclaremos algunas cosas (por otra parte, aplicables a otras terapias alternativas). Es cierto, al parecer, que la osteopatía está admitida de manera oficial en algunos países (aunque la inquina es tan grande, a veces, contra los sistemas establecidos, que no sabemos si considerarlo eso bueno; es decir, al margen de lo científico que demuestra su funcionamiento, si hay intereses y manipulación, lo hay en lo oficial y en lo alternativo, por supuesto y no distinguimos según esa lógica cuando un título homologado legitima para ejercer algo, preferimos acudir a la evidencia); es cierto, también, que todos conocemos a alguien que le funcionan este tipo de terapias (supuestamente) seudocientíficas y del porqué ocurre también hemos tratado en este blog (entendiendo, a nuestro modesto parecer, que puede ser por algo ajeno a la propia eficacia de la terapia). Por último, es posible que muchos osteópatas ejerzan su profesión de manera honesta, dejando a un lado los conceptos más cuestionables de la terapia, esos principios espirituales ya añejos, y aplicando lo más practico, como por ejemplo estirando músculos y tendones para mejorar la salud; de acuerdo, pero volvemos a lo mismo, ¿se diferencian entonces de un fisioterapeuta? Seguiremos indagando.

Algunas fuentes de información, a favor y en contra de la osteopatía, infinitamente más aclaratorias que la entrada de este blog:
Entrada en Wikipedia.
Registro de los Osteópatas de España.
"Fisioterapia y osteopatía: Separando el grano de la paja".
"¿Es la osteopatía una pseudociencia?"

sábado, 21 de junio de 2014

Dioses, espíritus y fuerzas vitales

La religión, aunque haya resultado útil en los albores de los tiempos (que tampoco aseguramos que lo haya sido), ha supuesto una distorsión de la razón que impregna toda nuestra cultura. Tantas veces, ha pretendido apropiarse de una concepción de la razón que deja a un lado la ciencia, la cual solo puede convalidar una y otra vez la ausencia de cualquier realidad trascendente y negar la posibilidad de que existe agún elemento sobrenatural (o no-material) que controle o condicione los acontecimientos. El físico Victor J. Stenger señala algo lógico, que existe una mayoría de personas con formación científica que no tiene ya creencias sobrenaturales, aunque muchos de ellos se declaren agnósticos. Stenger, como es sabido, es otro ateo combativo y reclama una mayor atención a los datos empíricos para mostrarse más firmes frente a los reiterados ataques de los religiosos. De hecho, si el agnosticismo pretende simplemente no ser categórico y dejar la "carga de la prueba" en los que afirman, eso no debe apartar de "la noble tarea de sacar del error a quienes carecen de instrumentos del saber, pues en los contenidos de la fe religiosa hay elementos falsables que deben ser públicamente falsados en virtud de la información científica pertinente" (reproducido de La religión, ¡vaya timo!, de Gonzalo Puente Ojea).

Entre los argumentos clásicos de los religiosos, está aquel del teólogo William Paley, en 1902, en el que describe un reloj estampado contra un matorral y acaba concluyendo que el creador del apartado tiene que ser un artífice y no un objeto natural; dentro de la misma argumentación, menciona el ojo humano y otros órganos como ejemplos de lo que vendría a ser la genialidad de Dios. Una variante más moderna de este argumento es el que señala lo ridículo que sería pensar que un huracán afecta a un basurero de chatarra hasta tal punto que acaba montándose un Boeing 747. Sin embargo, es solo aparentemente ridículo si nos interrogamos acerca de la causa de algo infinitamente más complejo: lo que ellos denominan Dios. Por supuesto, una respuesta racional a cómo se formó algo tan complicado como la vida, ya hace más de siglo y medio que fue imaginada. La selección natural ha hecho que la metáfora del reloj fuera un juego de niños y así lo hace ver Richard Dawkins en El relojero ciego (1986), en el que afirma que el argumento de la improbabilidad utilizado habitualmente por los teístas se acaba volviendo contra ellos al no comprender la relevancia de la selección natural. Ésta, parece de momento la única solución conocida a los interrogantes sobre la vida y resulta intolerable las arremetidas reaccionarias de la religión.

A propósito del hecho de que los teístas consideran que Dios supone obtener algo de la nada, Dawkins concluye que ese argumento de la improbabilidad que rechaza al azar trae nuevas complicaciones igualmente improbables; según este autor, un profundo conocimiento del darwinismo nos tiene que hacer más prudentes a la facilona suposición de que la única alternativa al azar es el diseño y nos enseña que existen "graduales rampas de complejidad lentamente ascendentes". El filósofo David Hume, anterior a Darwin, ya señaló que la improbabilidad de la vida no nos lleva necesariamente a la teoría del diseño, aunque haya resultado difícil para la humanidad encontrar una alternativa durante tanto tiempo. A partir de Darwin, al menos, se debería haber estimulado la conciencia de todo ser humano para escapar a la infantil idea del diseño inteligente. Dawkins recuerda que la selección natural "es un proceso acumulativo que rompe el problema de la improbabilidad en pequeñas piezas", cada uno de las cuales no es necesariamente improbable; es la acumulación de grandes cantidades de esos eventos la que da lugar a productos bastante improbables, lo suficiente para estar lejos del alcance del azar. El argumento del creacionista se viene abajo si comprende algo tan sencillo.

Científicos como Dawkins y Spenger señalan lo obvio, que no puede utilizarse un Dios diseñador para explicar la complejidad organizada, ya que eso conduce a que ese ser fuera igualmente complejo para demandar alguna explicación sobre su existencia. Como se decía al principio de este texto, no hay razones para creer que existe algo más allá de la realidad material; ninguna fuerza síquica, ni dato o teoría cognitivos requieren en la actualidad de la introducción de fuerzas sobrenaturales como lo que tradicionalmente se ha dado en llamar espíritu. La misma concepción de energía, tan mencionada por seudociencias y toda clase de pretensiones paranormales, es en física una propiedad de la materia. Stenger señala que junto al término energía o fuerza vital, se habla ahora de la existencia de un campo bioenergético entre toda suerte de practicantes alternativos, los cuales aseguran efectuar curas de enfermedades manipulando ese campo y equilibrando, así, las energías vitales del cuerpo; Stenger recuerda que el término bioenergético así empleado es, cuanto menos, ambiguo, ya que en bioquímica convencional se refiere a "intercambios de energía listos para su medición dentro de los organismos, y entre ellos y su entorno, lo cual ocurre mediante procesos físicos y químicos". Por supuesto, no es esa explicación la que dan los terapeutas alternativos, ya que aluden a una fuerza vital que opera más allá de la física y la química, que es por supuesto "reduccionista", y se eleva hasta el plano más alto del espíritu. Los nuevos vitalistas, tal y como los denomina Stenger, no son capaces de especificar qué es el campo bioenergético con exactitud, confundiéndolo con el campo electromagnético clásico o, por otro lado, con campos cuánticos o con funciones de onda; en última instancia, la confusión es con algo espiritual y se apela a lo extraño, lo fantástico y lo misterioso. Es habitual entre las terapias alternativas de último cuño la utilización de la mecánica cuántica, como algo misterioso, y por lo tanto cualquier cosa misteriosa acaba siendo mecánico-cuántica. Por supuesto, estamos hablando de otro versión del sobrenaturalismo y del animismo religioso, como señala Puente Ojea, en la que se pretende que la mecánica cuántica sea el soporte de la percepción extrasensorial y de la idea de influencia de la mente sobre la materia. Algo ya muy viejo y, en nuestra opinión, muy nocivo.

martes, 10 de junio de 2014

Factores de aceptación de terapias cuestionables

Como continuación a la entrada anterior, seguimos exponiendo algunas probables razones para la aceptación de ciertas prácticas medicinales. Otro factor con fuerte peso es la presión psicológica para encontrar cierto valor a un tratamiento alternativo después de haber invertido tiempo considerable y elevadas sumas de dinero. La teoría de la disonancia cognitiva considera que si una información innovadora entra en conflicto con nuestras actitudes, creencias y conocimientos derivará en una angustia mental que solo se aliviará reinterpretando la nueva entrada perturbadora. Es imposible que cualquier persona admita su creencia en cosas absurdas, más bien tenderá a una seguridad firme y esencial en su propia virtud e inteligencia, con frecuencia distorsionando la realidad y, tal vez, malinterpretando los datos de su memoria. Sin un archivo riguroso y estadísticas fiables, se dará cierta memoria selectiva que magnificará los éxitos aparentes y marginará los fracasos.

Es cierto, seguramente, que la mayor parte de los terapeutas creen sinceramente en sus teorías y en estar ayudando a sus pacientes, por lo que no es desdeñable cierta "norma de reciprocidad" que puede darse en un escenario terapéutico. Los clientes desearán, tal vez de manera involuntaria, complacer a su vez a la persona que les está ayudando y sobredimensionarán los beneficios recibidos. De nuevo, sería necesario paliar este tipo de relaciones con ensayos clínicos rigurosos.
Estudiosos del tema distinguen entre los términos de "enfermedad" y "dolencia", para nada intercambiables. "Enfermedad" sería un estado patológico de un organismo, debido a una infección, degeneración de un tejido, contusión, exposición a algún tóxico o carcinogénesis, entre otros. "Dolencia" se refiere a sentimientos subjetivos de malestar, dolor, desorientación o disfuncionalidad que acompañan un estado patológico. Los sintomas y la percepción subjetiva de estar enfermo quedan determinados por construcciones cognitivas complejas (creencias, prejuicios, sugestiones...) y por ciertos factores sociales y económicos, por lo que los simples testimonios personales son una base insuficiente para verificar si una terapia ha curado o no. La apuesta sólida de verificación pasa por los ensayos clínicos doble ciego (donde ni el paciente ni el médico saben si están recibiendo el tratamiento o un placebo).
Es cierto que la medicina convencional utiliza frecuentemente tratamientos eficaces más dirigidos a eliminar los síntomas y reforzar los mecanismos de recuperación del propio cuerpo que a atacar el proceso de la enfermedad en sí mismo. Las medicinas alternativas no presentan una base sólida para asegurar que son eficaces en este sentido, pero sí han provocado una considerable controversia y estimulado la investigación dentro de la biomedicina convencional para buscar métodos más eficaces en los procesos naturales de recuperación. En cualquier caso, son necesarios unos medios de investigación a los que se cierran habitualmente los "alternativos".
Muchas enfermedades son cíclicas, tienen fases agudas o leves, y otras pueden estar sujetas a ciertas remisiones (inhabituales, pero posibles), por lo que un falso tratamiento (que se buscará en el momento crítico) tiene muchas posibilidades de coincidir en la fase de mejoría y será confundido con una eficacia, asumida de modo acrítico ante la ausencia de estudios clínicos y de grupos de control.

Por otra parte, tampoco resulta desdeñable el análisis que indica la notable cantidad de hipocondría y de factores psicosomáticos presentes en nuestra sociedad. Ello es un caldo de cultivo adecuado para que los "sanadores alternativos" sean el recurso de cantidad de personas convencidas erróneamente de que padecen de enfermedades orgánicas o con temor a perder su buena salud. Procurar un diagnóstico médico a dolencias psicológicas da pábulo a la pseudociencia y potencia los éxitos de falsos médicos. Desgraciadamente, la aceptación de un malestar psicológico puede ser todavía un estigma social, por lo que la actitud, consciente o no, del paciente influye muy mucho al no aceptar que no posee ninguna patología física y estar dispuesto a aceptar la incapacidad del médico convencional para sanarle.
Resulta muy común también, por parte de los practicantes de las terapias alternativas, repetir que la medicina convencional alivia síntomas específicos sin tratar la causa real de la enfermedad. En caso de haber un tratamiento conjunto, de la medicina científica y la complementaria, los practicantes de esta última consiguen magnificar su eficacia en caso de que exista alguna mejoría. La medicina ortodoxa diagnostica en ocasiones que no existen indicios de ninguna enfermedad, por lo que los pacientes acaban derivando a practicantes alternativos que encontrarán algún desequilibrio "energético" o nutricional; si se da alguna mejoría sobre una enfermedad física inexistente, se produce un nuevo converso. La personalidad fuerte y carismática que pueda tener el terapeuta marginal acaba destapando un aspecto mesiánico de la medicina alternativa y deslumbrando al paciente, que puede tener alguna mejora psicológica derivada en alivios sintomáticos a corto o largo plazo.
En conclusión, los clientes potenciales de ciertas terapias deberían averiguar si éstas tienen el apoyo de investigaciones médicas sólidas. Los testimonios personales de apoyo carecen de valor para decidirse por determinada terapia, cuyos defensores tendrían que proporcionar pruebas empíricas definitivas. El escepticismo debería producirse ante terapeutas que manifiestan ignorancia u hostilidad hacia la medicina científica (sin refutar las críticas que ésta haga a su práctica), que no son capaces de explicar razonablemente sus métodos, aludan a "fuerzas espirituales" o "energías vitales" (o similar jerga mística), mantengan poseer ingredientes o procesos secretos, apelen a conocimientos ancestrales u otras formas de conocimiento, hablen de la persona como un "todo" (en lugar de tratar enfermedades) y estén formados en instituciones de dudoso origen.
Como ya comentamos en la entrada anterior, la medicina, concretada en ciertas terapias, se aprovecha de la debilidad de las personas, y una falsa esperanza de curación suplanta con relativa facilidad al sentido común y la disposición a exigir pruebas.

sábado, 7 de junio de 2014

Los discursos alternativos en la sanación

Debido a cierta experiencia con una nueva medicina "alternativa", me gustaría recuperar unas viejas reflexiones sobre el tema y los factores que llevan a su aceptación. Primero, me gustaría partir de lo que sería una conclusión, y es que la conversión de la sanidad en un negocio, y jerarquizaremos la responsabilidad poniendo en primer lugar a las grandes compañías farmacéuticas, ha conducido a lo que es sin duda uno de las grandes distorsiones en la civilización: pensar que existen remedios milagrosos para todas las enfermedades, desde los más leves trastornos sicológicos hasta lesiones auténticamente graves.

Vivimos en una auténtica cultura de la pastilla, de tal manera que, es cierto que existe una gran manipulación para que consumamos de todo, incluidos supuestos remedios para nuestras dolencias. Esto, producto de una sociedad de consumo y de una economía de mercado que obviamente no se ocupa de los graves problemas sociales ni de los trastornos personales, no supone, como sostienen ciertos discursos alternativos, que las personas estén manipuladas al cien por cien, ni que existan verdades sencillas sobre el conocimiento que las grandes empresas se esfuerzan en ocultar; el sentido común nos dice que ambas cosas serían imposibles por muy totalitario que fuera el sistema donde vivimos. Digo esto porque estas simplezas es lo que ciertos discursos alternativos repiten una y otra vez hasta la saciedad tratando de buscar legitimidad para vender lo suyo; especialmente, las terapias (mal) llamadas alternativas. Otra afirmación recurrente es que la medicina convencional te cura una cosa para trastornarte otra, según las llamadas contraindicaciones, que también suele basarse en medias verdades (más producto de lo que antes denominé como cultura de la pastilla que de una mano negra que se esfuerce en que sea así). Lo cierto es que muchas personas, de manera comprensible, acuden desesperadas a curanderos, homeópatas, quiroprácticos, osteópatas y otros terapeutas, por no hablar de las mucho más irrisorias terapias relacionadas con la energía, de índole cuántica, cósmica, orgónica o vaya usted a saber qué.

Como ya he sostenido en otras ocasiones, que la religión y la medicina se aprovechan de las debilidades de las personas es algo con lo que podemos estar de acuerdo personas de diverso bagaje cultural o de ideologías bien distintas. Del mismo modo, también he dicho que la presencia de las creencias más disparatadas en la sociedad moderna (incluyendo creencias religiosas solo sostenidas por su antigüedad) no puede ser atribuible simplemente a la ignorancia o a la mera credulidad, aunque el factor mimético no resulte del todo desdeñable. Existe gente culta y racionalista, por supuesto creyente, pero que también guardan precauciones sobre las más variopintas disciplinas seudocientíficas; los especialistas mejor cualificados pueden perfectamente equivocarse si confían unicamente en sus experiencias personales y en razonamientos informales, especialmente si las conclusiones a las que llegan afectan a creencias con las que mantienen vínculos de algún tipo (ideológicos, sentimentales o económicos). El pensamiento crítico, tan necesario y tan ausente en nuestra sociedad, tiene que mantenerse bien protegido de los límites de la paranoia o de la constante conspiración del "sistema". Parte de este sistema sería para mucha gente la medicina convencional, pero resulta algo increíble pensar que toda la comunidad médica occidental (ojo, no hablo aquí de la gran empresa capitalista) forme parte de una especie de confabulación interesada en no aceptar la "verdad" de terapias complementarias o alternativas. No resulta descabellado aceptar que si los defensores de esas terapias pueden aceptar pruebas concluyentes sobre la veracidad de sus métodos dejarían de ser alternativas y pasarían a ser incorporadas a la llamada medicina convencional (y me anticipo a las críticas que se me harán a esta afirmación, hablando de intereses económicos, pero no quiero centrar en ello este texto sino en la veracidad de información cuestionable). No soy un defensor a ultranza de la medicina establecida, ya que su instrumentalización por el interés económico y político tiene que hacernos desconfiar, y sí del eclecticismo más razonable, pero las fisuras o carencias del conocimiento científico no pueden llevarnos a la credulidad o a la regresión a etapas más oscurantistas. Aquellos que venden terapias alternativas tienen la obligación de demostrar que sus productos son eficaces y seguros. La supuesta validez de un tratamiento alternativo depende muchas veces de razonamientos subjetivos y de las experiencias de otros usuarios, sin base científica alguna, contradiciendo incluso principios establecidos de la biología, la química o la física.

Ya se ha insistido en los factores sociales, psicológicos y cognoscitivos que pueden llevar a gente honesta, culta e inteligente a creer en tratamientos no acreditados científicamente.
Puede haber dos grupos de personas que abracen confiados terapias no científicas. Aquellos que han sido aconsejados por alguien digno de confianza, por el testimonio de un amigo, un anuncio publicitario o por haber magnificado el hecho de que alguna terapia alternativa haya sido validada científicamente e incorporada a la medicina convencional. Los del segundo grupo pueden tener un compromiso filosófico más amplio, escogiendo "lo alternativo" sobre bases ideológicas subsumidas en determinadas creencias sociales y metafísicas (no estamos lejos de la conexión con la religión y, por lo tanto, con el dogma) alejadas de la visión científica y de sus reglas empíricas. Habría con este grupo un fuerte desacuerdo en su visión cosmológica y epistemológica. Naturalmente, es lógico que los temas que atañen a la salud se integraran en uno de esos dos modelos cosmogónicos: uno objetivo, materialista y mecanicista; el otro, subjetivo, animista y guiado por la moral. Nuestras creencias sobre la naturaleza y sentido de la vida, además de nuestra moral y la percepción de la realidad que podamos tener, influyen notablemente en lo que podamos pensar sobre la salud y la enfermedad, por lo que si criticamos a una persona por creer en curaciones no convencionales es lógico que seamos rechazados vehementemente al considerar que estamos atacando las bases mismas del pensamiento individual. Si la subjetividad conduce a filtrar y distorsionar la información recibida para construir una determinada cosmogonía, no hay que olvidar la carencia formativa, y notable ignorancia científica, que caracteriza a la sociedad. Es por eso que muchas personas pueden carecer del conocimiento y pensamiento crítico necesario para rechazar un producto comercial relacionado con la salud. Así, el consumidor se encuentra desprotegido y se crea una industria, más o menos alternativa, con sus propias y nada verificables campañas de marketing y su búsqueda de beneficios; lo mismo que ocurre con las grandes compañías farmacéuticas, pero a otro nivel de manipulación y con un mensaje diferente. La bonita y simplona creencia, apoyada en religiones de última generación, del "tú creas tu propia realidad", que apuesta por criterios emocionales, por encima de los empíricos y lógicos, para decidir cómo percibe la realidad cada cual, ha llevado a considerar que la objetividad es una ilusión y a una especie de "todo vale" en la percepción individual. La verificación empírica ha quedado devaluada y se intensifica el número de seguidores de productos sanitarios muy cuestionables.

Los seguidores de medicinas alternativas abrazan cierto dualismo mente-cuerpo y recurren más tarde o más temprano al artificio de supuestos mediadores espirituales en los temas de salud. De ahí el retorno a la creencia tradicional, con sus diversas variantes, de que la verdadera causa y solución para cualquier patología radica en la mente. Pueden haberse demostrado efectos sicológicos beneficiosos en la salud, pero ello ha quedado magnificado fuera de toda proporción razonable por los defensores de la medicina alternativa. Un extremo de esta posición es la afirmación precientífica de que la salud y la enfermedad están conectadas con la capacidad personal (con la capacidad moral), por lo que a menudo se conduce a la culpabilidad de la persona y a creer que algo inadecuado habrá realizado para merecer la aflicción que padezca. Estudios en psicología concluyen que las personas tienden a ajustar sus actitudes, creencias y comportamientos de acuerdo con un "todo" armonioso. Si existe información perturbadora que no puede ser ignorada con facilidad, la distorsionaremos con cierta habilidad para aminorar la desavenencia. En otras palabras, es necesario ser consciente, para luchar contra ello, de que el ser humano tiende a adoptar creencias tranquilizantes y placenteras y a aceptar, acríticamente, aquello que refuerza nuestras actitudes y nuestra autoestima. Nos referimos aquí a las medicinas alternativas, pero puede aplicarse a cualquier ámbito sociopolítico. Los pioneros de la revolución científica fueron conscientes del peligro del razonamiento informal unido a esa tendencia de la persona a asumir conclusiones compatibles con su visión del mundo, y trataron de prevenirlo con el análisis y el estudio sistematizado, así como con la eliminación de variables perturbatorias. Desgraciadamente, estas precauciones se encuentran con el problema de la toma de decisiones en función de las cuestionables anécdotas personales de clientes satisfechos; desgraciadamente, la lógica humana se muestra débil en situaciones complejas, con numerosas variables en juego y con la existencia de presión social. Con frecuencia, para distinguir causas verdaderas de las falaces es preciso la observación controlada y la abstracción sistematizada de grandes volúmenes de datos, labor que escapa a la capacidad cognoscitiva del ser humano. Partir del entorno propio para establecer correlaciones con cierto valor puede ser razonable para una análisis de mayor envergadura en la búsqueda causal, pero nunca debería ser el punto final para su aplicación en un uso terapéutico. Los defensores de la medicina alternativa ignorarán estas precauciones y explotan esa otra tendencia humana a depositar más fe en la experiencia e intuición personales que en estudios estadísticos controlados.