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sábado, 17 de noviembre de 2018

¿Lo oficial contra lo alternativo?

Atacar la homeopatía, como uno de los insignes representantes de la llamada "medicina alternativa", es ya un lugar común. Es decir, es habitual afirmar, con algo de tono jocoso, que el supuesto médicamento homeopático no es más que un compuesto de agua con azúcar.

Eso sí, un remedio el de la homeopatía que tiene como el resto de medicamentos un precio en el mercado, y con una alusión a un supuesto principio activo tan diluido que parece inexistente. Como deberíamos saber, para que un medicamento resulte efectivo hay que tomar una dosis mínima que resulte efectiva, lo que se define como superar un umbral de dosis a partir del cual puede haber efecto farmacológico. Para sustituir esto, los homeópatas suelen acudir a explicaciones bien algo fantasiosas, bien repletas de términos científicos abstrusos. Como a cualquier otro terapeuta y científico, habría que exigir una explicación clara y coherente sobre el principio activo que puede curarnos. Decir que la homeopatía que nos venden en las farmacias no es más que agua con azúcar es, efectivamente, un lugar común insuficiente para los que siguen creyendo en la bondad de sus resultados, lo mismo que afirmar que sus beneficios no son superiores a los del llamado efecto placebo.

sábado, 10 de noviembre de 2018

A vueltas con la homeopatía

La cosa con la homeopatía está más revolucionada que nunca. Diversas asociaciones, médicas y de defensores del paciente, piden una actuación legislativa clara contra las pseudoterapias, lo cual ha sido visto, como no podía ser de otra manera, por ciertos defensores de "lo alternativo" como una especie de "caza de brujas". En mi opinión, y no digo que yo esté de acuerdo con esa nueva legislación, uno es un ingenuo que cree más en la educación, una vez más, se tergiversa el debate para desviar la atención sobre lo evidente: que ciertas terapias no presentan validez alguna, no muestran beneficio alguno más allá de un efecto placebo notablemente malentendido. Las estadísticas del placebo, que hay que insistir en que no es ninguna terapia, por lo que no puede defenderse como tal, y por lo tanto no cura enfermedad alguna, son los son, equiparables al supuestos beneficio de la homeopatía. A no ser, claro está, que quiera creerse otra cosa. Sea como fuere, es éticamente cuestionable vender el placebo como una solución médica, tan sencillo como eso. Para mí, realizar tal cosa, aunque pueda producir alivio de algunos síntomas a corto plazo, nos introduce en cuestiones controvertidas: refuerzan ciertas creencias, que acaban siendo muy negativas, como el hecho de pensar que una solución simple termina por solucionar un problema verdaderamente grave.

viernes, 9 de junio de 2017

Los reconocidos y limitados beneficios del placebo

Me da la sensación de que existe cierta confusión sobre lo que es el efecto placebo. En un artículo reciente, Rosa Montero ha llegado a considerar la homeopatía, muy probablemente, como un simple placebo, para acto seguida defenderla por su condición inocua y por mejorar la salud. ¿El placebo mejora verdaderamente la salud? Veamos. Al menos, desde finales del siglo XIX, la medicina científica anunció el (supuesto) fin del placebo. Ya en aquel momento, hubo quien lamentaba el asunto, ya que se consideraba que factores como una actitud tranquilizadora, por parte del terapeuta, junto a saber dar el trato correcto al paciente, resultaban eficaces en algunos aspectos. Podemos decir que, hoy en día, y afortunadamente, el efecto placebo ha sobrevivido. También es posible afirmar que cierto poder de la mente humana resulta poco menos que incognoscible. Esto es importante para el conocimiento científico, reconocer la propia ignorancia sobre tantas cuestiones, lo cual no abre la puerta a lo esotérico. Dicho esto, admitiendo los beneficios del placebo, hay que decir que no se trata de ninguna terapia. Y esto es así porque resulta francamente complicado realizar un experimento para desgranar los beneficios psicológicos y culturales del placebo; no resulta posible comparar el placebo con ningún otro tratamiento. De hecho, y esto hay que decirlo, no parece muy ético, dentro de la comunidad médica, tratar a un paciente realmente enfermo con un efecto placebo. Insistiremos en lo importante de "realmente enfermo". La explicación estriba en que el mundo clínico no puede interesarse por demostrar que un tratamiento funciona mejor que "nada", sino si lo hace mejor que cualquiera de los realmente existentes.

sábado, 28 de febrero de 2015

Glosario de medicina alternativa (Primera parte)

Ante la avalancha de correos, tanto electrónicos como físicos, solicitando un mayor esclarecimiento sobre algunas terapias de la denominada medicina alternativa, proponemos en esta entrada un pequeño glosario sobre algunas de estas peculiares prácticas. Advertimos que, aunque se invoque severamente el método científico para exigir pruebas de lo afirmado, algunos de los comentarios son ferozmente subjetivos, ¡nosotros somos así! 

Nihilopatía: una de las medicinas alternativas más demandadas, por su sencillez y por encontrarse ya a la venta en farmacias en forma de pastillas de llamativos colores a un precio relativamente económico; se basa en tres principios sencillos de comprender incluso para un niños de cuatro años (como diría Groucho, ¡que me traigan a un niño de cuatro años): el principio fundamental es que es la nada, pura y dura, la que puede curar la enfermedad (es válida, como no podía ser de otra manera, cualquier tipo de trastorno); el segundo principio es que la mencionada nada, que recordamos es la que sanará a nuestro enfermo según un principio activo inexistente, se diluirá en dosis infinitesimales (es decir, no se pierdan ustedes, la nada diluida en dosis ridículas); por último, esta nada, aunque de venta en farmacias de forma generalizada, causará efectos muy particularizados en cada persona; no hacen falta más comentarios.

Porcinoterapia: como es sabido, del cerdo el ser humano aprovecha todo, tal vez porque somos mucho más parecidos de lo que nos gusta afirmar (unas personas más que otras, eso sí); por si no fuera suficiente para el pobre animal, se ha descubierto ahora que el semen del cerdo tiene propiedades curativas, ya que supuestamente puede prevenir o sanar a una persona afectada de según que trastornos reales o incluso ficticios; la posología no la explicamos, ya que nos entra la risa floja.

Rai-Chi: dentro de las llamadas terapias energéticas del biocampo, se trata de una de las más entretenidas; por supuesto, como tantas otras de estas prácticas, la premisa fundamental es que existe un campo de energía, a veces con aspiraciones universales e incluso cósmicas, que rodea y penetra (con perdón) el cuerpo humano con fines curativos; por supuesto, es necesaria la presencia de un experimentado, y sobradamente informado, terapeuta para aplicar dicha energía en el cuerpo del paciente (normalmente, con tocamientos, qué les vamos a contar); se advierte de que si ese campo energético, controlable gracias al entrenamiento en manos de un atractivo maestro, recibe el nombre de 'la fuerza', no hablamos de Rai-Chi, sino de otra ficción igualmente divertida.

Terapia espirituosa: curiosa fusión de la espiritualidad de baratillo, que ofrecen algunas de las irritantes prácticas New Age, con licores alcohólicos de lo más variopintos; según esta, no tan novedosa, terapia si ingieres algunos de estos líquidos, propuestos por algunas personas con túnica de elevada espirituosidad (los licores, nos referimos, aunque también las personas), pueden producirse alteraciones de la conciencia tan elevadas como para adentrarse alegremente en un mundo sobrenatural poblado de toda suerte de seres espirituales; las propiedades curativas gracias a este estado no parecen muy claras, pero está asegurado pasar un rato entretenido.

sábado, 8 de febrero de 2014

Seudociencia o mala ciencia

Mala ciencia es un excelente libro, muy necesario, y escrito de manera amena y perfectamente comprensible para cualquiera que no tenga una gran formación científica. Su autor es Ben Goldacre, periodista, ensayista y siquiatra, el cual sacude ya a toda suerte de charlatanes de las seudociencias desde su columna homónima en The Guardian, y este libro es una extensión de ese trabajo.

Goldacre afirma que los grandes medios de comunicación son en gran medida responsables de esta situación en la que las seudociencias campan a sus anchas, debido a su afán de buscar certezas y trascendencia, mientras que solo resulta posible ofrecer probabilidades en numerosas ocasiones. Del mismo modo, señala a tantos periodistas ignorantes, incapaces de aplicar el sentido común antes de publicar un texto. Entre lo más valioso de Goldacre está en que no deja títeres con cabeza en sus críticas, desmontando entre otras muchas cosas el habitual victimismo de los terapeutas alternativos, muchos de los cuales aplican la misma manipulación a sus pacientes que la que realizan las grandes farmacéuticas sobre los médicos. Entre los numerosos especialistas objeto de todas las críticas, pueden estar los "científicos estrella", que se pirran por aparecer en los medios, aunque no son dignos de demasiada atención al ser muy fáciles de desenmascarar; otra cosa es el caso de los dietistas famosos. Éstos, se apoyan en grandes compañías que desean vender sus productos y publicitarlas en los grandes medios, por lo que dan una visión distorsionada de la ciencia y realizan grandes promesas a la gente. Desgraciadamente, las personas tendemos a creer en soluciones milagrosas, como es el caso de las dietas de corta duración, mientras que la única posibilidad es tener un estilo de vida sano durante largo tiempo.

La homeopatía es uno de los objetivos de Goldacre, la cual define sin más como una mala praxis. Uno de los capítulos del libro, de gran extensión, está dedicada a esta terapia y aconsejaría leer con atención la explicación de todos los tópicos sobre el asunto. Si uno de los argumentos recurrentes entre los defensores de la homeopatía es que hay ya médicos convencionales que la recetan, no está nada mal recordar que también existen profesionales profundamente incompetentes y deshonestos. Al igual que en cualquier otra profesión, puedes encontrar a médicos haciendo cosas verdaderamente idiotas, tantas veces debido a la presión de que es mejor hacer algo, que nada. Es una manera de dejar al paciente contento. Del mismo modo, por poner otro ejemplo, existen facultativos que prescriben antibióticos contra el resfriado, cuando saben perfectamente que son ineficaces e incluso contraproducentes a largo plazo. En lugar de contribuir a enseñar a la gente cómo tratar su propia enfermedad, eligen el camino más fácil. Las farmacéuticas están deseando vender sus productos y crearán también una enorme presión para que así sea, dejando a un lado la eficacia, pero podemos poner en su lugar a los terapeutas alternativos sin hacer demasiado esfuerzo -es algo que me llama la atención, se denuncia el afán de lucro de algunos actores, por ser poderosos, pero en otros se pone más peso en su supuesta condición alternativa y (seudo) humanista-. Goldacre no se esfuerza demasiado en mostrar lo irrisorio de ciertas teorías, sino que va directamente a la evidencia empírica. Los ensayos imparciales con efecto de placebo demuestran que la homeopatía no es más eficaz que aquellos. Anticipándonos una vez más a las críticas, diremos que someter un tratamiento aceptado (da igual si hablamos de la medicina convencional o la mal llamada alternativa) a un ensayo con control de placebo es un acto profundamente subversivo (lo contrario de las acusaciones que suelen hacer a los que apelamos a la ciencia, la cual solo tiene un camino si aplicamos la metodología correcta). Como parte de un discurso antiautoritario, tal como nosotros lo vemos, está el desmontar falsedades y señalar lo que puede ser mera charlatanería, no crear falsas legitimidades científicas donde no puede haberlas (aunque hay terapeutas o "mediadores" que apelan a causas más o menos esotéricas, la palabra "seudociencia" suele irritarles bastante). Uno de los capítulos de Mala ciencia está dedicado íntegramente a explicarnos cómo funciona el efecto placebo.

La homeopatía, y otras terapias alternativas, resultan inofensivas en su praxis (si no contamos con la irresponsabilidad de asegurar que se puede curar a alguien sin evidencia científica), por lo que es difícil que desaparezcan, y sí parece en gran medida una cuestión de modas. Goldacre asegura que su éxito no es fácil de explicar, aunque hay algo que parece convincente, a la gente le gusta tomar pastillas y que le aseguren que algo contienen con lo que se van a sentir mejor. Todos conocemos a personas que aseguran que la homeopatía funciona, normalmente es gente con malas experiencias en la medicina convencional (algo que no resulta nada extraño en el sistema en que vivimos), por lo que es lógico que piensen que cualquier remedio alternativo puede ayudarles. Tal y como lo expresa Goldacre: "La medicina alternativa forma parte del paisaje emocional de nuestra cultura, es una expresión más de nuestras preocupaciones y dudas sobre nuestra salud y cómo afrontarlas". Este libro lo consideramos eminentemente subversivo, no solo por destapar toda suerte de remedios y teorías irrisorias sobre la salud (insistimos, también en la medicina "oficial"), llamando a las cosas por su nombre, también por indagar de manera seria en cuestiones complejas, como es el caso de por qué existe tanta manipulación y tanta gente inteligente acaba creyendo cualquier cosa. En este blog, con seguridad seguiremos aludiendo al contenido de este libro.

sábado, 1 de febrero de 2014

¡Estoy "desarmonizado", ajústeme usted con flores!

Hoy es objeto de nuestras diatribas otra simpática terapia alternativa, la cual adopta, como no podía ser de otra manera, la habitual jerga reduccionista y mística plagada de conceptos desvirtuadores, basada en todo tipo de conflictos entre nuestro cuerpo y nuestro "alma" (sea lo que sea lo que signifique eso).

Si la palabra “espíritu” es muy habitual entre los terapeutas alternativos, no lo es menos hablar de cierto “desajuste” en la persona enferma; esto viene a ser una especie de conflicto interno que existe entre nuestro cuerpo y nuestro alma (¡ay!) y que da lugar a los síntomas de la enfermedad. Por ejemplo, el amigo Edward Bach (efectivamente, el de las flores), añadió a su formación como científico un bonito batiburrillo filosófico, esotérico y, ¡cómo no!, espiritual para dar lugar a lo que hoy conocemos como terapia floral o Flores de Bach. Este hombre creyó descubrir un método para recoger un supuesto poder curativo de diversas plantas en una serie de elixires; no vamos a detallar demasiado el método que llevó a cabo, ya que está plagado de conceptos místicos, que al menos de un par de siglos para acá hay simplemente que apartar de todo análisis serio. Bach insistía en las “esencias vibratorias”; la alta vibración que tienen las flores, arbustos y árboles “tienen el supuesto poder de elevar nuestras vibraciones y abrir nuestros canales para la recepción de nuestro ser superior”. Como debería detectarse de inmediato, es la charlatanería típica del mundo espiritual alternativo. No es necesario, tampoco con esta terapia, demasiado recorrido científico; es discutible su metodología de elaboración y los principios activos de orden vegetal son prácticamente inexistentes  (Bach era también homeópata).

Es importante no confundir la terapia floral de Bach con la fitoterapia, o herbolaria, que es la ciencia del uso extractivo de las plantas medicinales; es más, el uso de las plantas como recurso terapéutico, recurso muy antiguo, confirma la presencia en ellas de principios activos, es decir, compuestos químicos con acciones farmacológicas. Llegamos aquí a otro punto importante en nuestra feroz y nada neutral crítica a la terapias alternativas, y es esa esa irritante división que suele realizarse entre lo “natural” ("beneficioso") y lo sintetizado en laboratorio (cuanto menos, "sospechoso"); a veces se emplea para esto último el calificativo de “químico”, algo falaz, ya que es igualmente natural. Si hablamos de que ciertos fármacos comerciales curan por un lado y nos estropean por otro, argumento muy recurrente en lo alternativo, hablamos de nuevo de una mala praxis, no de que todo lo producido en laboratorio sea pernicioso; ese problema, obviamente, no legitima todo lo "natural alternativo", ya que muchas veces no existe principio activo y otras puede ser francamente pernicioso (ya sea por la acción del cuestionable producto o por omisión de lo que auténticamente funcione). La realidad del caso de las flores de Bach, como el de la homeopatía o el de tantas terapias alternativas, es que no tiene base científica ni eficacia más allá del efecto placebo; por mucho ruido que se quiere arrojar, o por mucho que se maree, el método científico es lo que nos dice. Precisamente, otro argumento habitual para defender estas cosas estriba en que también funciona en niños y animales, por lo que se echan por tierra los factores de sugestión aludidos en el efecto placebo; hay que decir también que por qué diablos no se mantendrá a salvo a los tiernos infantes y a los pobres animalitos de toda esta penosa y falaz polémica.

Por supuesto, los partidarios de estas terapias espirituales niegan la capacidad de la ciencia para evaluar su eficacia; la objetividad no puede, al parecer, analizar, lo que hay que particularizar. Muy bien, aceptando que ese trato y tratamiento individualizado debe estar siempre presente entre terapeuta y paciente, llegamos de nuevo al recurrente punto de ser honesto en la exposición de la "terapia"; en primer lugar, no hay que disfrazar de ciencia lo que solo pertenece al terreno de lo místico (la habitual e irritante jerga al respecto no debería tener dificultad en ser detectada: desajuste armónico, vibracional, energético, espiritual…) y hay que dejar claro que se trata de una simple cuestión de fe; en segundo lugar, no tendría tampoco que ser complicado evaluar si hablamos de verdad de una patología clínico-medica o, ¡ay!, de algún tipo de desarreglo emocional que pueda repercutir en el cuerpo. Como, hasta que no se demuestre lo contrario, nosotros los "cerrados" escépticos racionales también somos seres humanos, igualmente tenemos todo tipo de problemas emocionales; cada uno lo llevamos como podemos buscando satisfacción en todo tipo de actividades, e incluso seguramente con alguna buena porción de fe en muchas cosas, pero sin mezclar el conocimiento científico con lo que pertenece a otros ámbitos de la actividad humana (lo cual, es lógico, puede colocarnos en una buena disposición para una vida más saludable). Los defensores de la terapia floral de Bach, y de tantas otras terapias de base mística y/o seudocientífica, si reducen la cuestión a un simple desajuste entre  alma (o "ánimo" si queremos ser un poco menos farragosos) y cuerpo, sencillamente están mintiendo; existen muchos otros factores externos al individuo de los que nos habla el conocimiento médico (como los agentes patógenos o el propio medio ambiente), por no hablar de que hay causas internas fundadas en la genética. Insistimos, honestidad y rigor en todos los aspectos, no empleo sistemático de teorías simplistas, sin evidencia de eficacia alguna, ni mera jerga desvirtuadora.

martes, 28 de enero de 2014

Homeopatía o el recordatorio de la nada

¡Ay, la homeopatía! Mostrar una permanente crítica frente a esta seudociencia, quizás más que cualquier otra, suele costar más de un disgusto dialéctico; en el mejor de los casos, ante la reiterada apelación a la sugestión y el efecto placebo como explicación de los (reducidos, no nos engañemos) casos que funcionan, se nos espeta algo así como que no se puede juzgar lo que no se entiende. ¡Acabáramos! Quieren explicarse, entonces, los (supuestos) efectos beneficiosos de la homeopatía como algo ininteligible y esotérico. Y, sin embargo, la propuesta homeopática es fácil de comprender hasta para un niño; ¡que me traigan a un niño!, parafraseando al genial Groucho. Estamos muy de acuerdo con los científicos que definen la homeopatía, simplemente, como una mala praxis; según nuestro entender, no hay más que rascar.

Para explicar brevemente los principios de esta terapia alternativa, vamos a reducirlos a tres leyes fundamentales: la ley de similitud o analogía, según la cual al paciente hay que administrarle un medicamento que provocaría en un individuo sano los mismos síntomas que padece el enfermo; la ley de infinitesimales, que explica cómo a través de la "dinamización" y diluciones sucesivas las propiedades de la sustancia curativa aumenta su efecto; por último, la ley de individualización, según la cual hay que administrar a cada enfermo, en la medida que su sintomatología es única, un tratamiento particularizado. Las dos primeras leyes carecen, de forma obvia, de base científica; respecto a la tercera, vamos a decir por ser suaves que presenta contradicciones. Es necesario aclarar que la homeopatía resulta inocua; su (supuesto) principio activo, de tan diluido que se presenta, resulta inexistente; esta terapia complementaria, que se promueve ampliamente en determinados ámbitos y cada vez las venden en más farmacias, quiere verse como una alternativa a la medicina moderna y científica. Bien, señalemos en primer lugar la gran responsabilidad de los que comercian con medicamentos al vender unas pastillas prácticamente vacías, sin principio activo alguno. La industria homeopática, con sus obvias limitaciones, se ha convertido  también en un negocio; precisamente, uno de los (seudo)argumentos reiterativos  de practicantes y consumidores de terapias alternativas es que la medicina convencional está en manos de las grandes compañías farmacéuticas, las cuales buscan el beneficio económico por encima de cualquier intención humanista benefactora. Y digo seudoargumento, no porque esto no sea cierto, que lo es lamentablemente en un sistema económico desprovisto de ética humanitaria, sino por la grave distorsión que supone derivar la discusión hacia otro terreno; es decir, aquellos que priman el beneficio económico sobre la investigación de lo que funciona o no en medicina están haciendo, ni más ni menos, una mala gestión, una manipulación descarada al igual que los numerosos charlatanes del mundo alternativo  (que, dicho sea de paso, tienen muchas semejanzas con aquellos, ya que también suelen buscar el beneficio crematístico).

Esperamos que haya quedado claro el asunto, estamos hablando de lo que posee o no una base científica en la medicina, es decir, de aquello que proporciona, o no, resultados; a priori, nos resulta mucho más subversivo tratar de demostrar ciertas verdades científicas, lo cual es independiente de que los poderosos traten de preservar sus intereses de una manera o de otra, que simplemente buscar refugio en un mundo alternativo de lo más cuestionable. Que a aquellos que cuestionan, con argumentos sólidos, algunas de las propuestas delirantes de lo que quiere presentarse como “alternativo” se les quiera ver como mercenarios a sueldo de las grandes compañías es otra de las actitudes rechazables que surgen de determinados ámbitos; además de algo mezquino, acusar sin más, insistiremos en que eso no es un argumento que legitime nada de lo alternativo. Como resumen de esta extensa digresión que hemos realizado, dentro del capítulo dedicado a la homeopatía, quiero dejar claro que ciencia solo hay una, la que demuestra su eficacia; ergo, medicina científica también; aquello que se suele etiquetar como “alternativo” o “complementario”, si funciona, debe dejar inmediatamente  de serlo e incorporarse a la medicina, llamémosla, convencional  (aunque, claro está, susceptible de evolucionar y ser mejorable); esta cuestión es independiente de la mala gestión y de la manipulación que puede producirse en un sistema que busca, sobre cualquier otra cosa, estamos muy de acuerdo, el rendimiento económico.

Hace unos años, la MSS (Merseyside Skeptic Society) llevó a cabo una divertida campaña para denunciar la falacia de a homeopatía; se organizó un suicidio colectivo determinado día, consumiendo gran cantidad de productos homeopáticos, para sensibilizar a la opinión pública sobre la ineficacia de estos tratamientos. De las numerosas personas que llevaron a cabo esta iniciativa, solo hubo que practicar un rápido lavado de estómago a una pequeña cantidad; es broma, no paso absolutamente nada, ya que los productos homeopáticos no producen ni efectos primarios ni, como es lógico, secundarios. Los argumentos contra la homeopatía  son rápidos y efectivos; sin embargo, los tópicos se suceden, una y otra vez hasta el hastío, para tratar de legitimar su uso. Si uno de ellos, como ya hemos apuntado anteriormente, es que existen profesionales convencionales de la medicina que recomiendan su uso, hay que recordar que también en esta profesión existe gente incompetente y no demasiado honesta. Otro ejemplo recurrente de mala praxis científica son aquellos médicos que prescriben antibióticos para paliar el resfriado, a pesar de que se sabe que son ineficaces e incluso contraproducentes a largo plazo. En lugar de elegir el camino más fácil, que suelen ser pastillas supuestamente milagrosas, se debería enseñar a las personas cómo tratar su propia enfermedad; este camino fácil lo adoptan las grandes compañías farmacéuticas, las cuales están deseando vender sus productos, pero pongamos en su lugar a ciertos terapeutas alternativos; cambian los actores, pero el juego manipulador es el mismo. Una actitud profundamente subversiva y antiautoritaria es tratar de desmontar falsedades, vengan de donde vengan; el efecto placebo, que posee como demostraremos en otro texto cierta complejidad, es aplicable también a otros ámbitos de la vida en los que las personas son engañadas por toda suerte de charlatanes y mercachifles. No decimos que todos los terapeutas alternativos sean de esta calibre, ya que los mecanismos que intervienen en la aceptación de según qué cosas son complejos, pero consideramos nuestro deber cuestionar y denunciar lo que consideramos una mala praxis. La realidad es que la homeopatía, gracias a los ensayos imparciales, no posee más beneficio que un efecto placebo; esta terapia alternativa, como muchos otras, resulta inocua en su praxis, a lo que se une para explicar su permanencia el gusto que tenemos los seres humanos por tomar pastillas que les aseguren que les van a curar; la mala experiencia en la medicina convencional, algo lógico dado el desastre de sistema que vivimos con su mala gestión de una medicina verdaderamente científica junto a la necesidad de un trato humano y particularizado al paciente, es posible que ayude bastante a que muchas personas recurran a estos remedios alternativos tan peculiares.
Para el que tenga tiempo e interés, en la entrada de Wikipedia de la homeopatía, puede encontrarse abundante información y enlaces.