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sábado, 21 de abril de 2018

¿Pseudociencia o sencillamente anticiencia?

En alguna ocasión, he dedicado alguna entrada en este blog al término “magufo”, que alude peyorativamente a practicantes de pseudociencias y/o pseudoterapias, y en general a “creyentes” de todo tipo. Bien, ya expresé lo poco de mi agrado que es el término, empleado con tal simpleza, que el usuario se suele poner a un nivel de irracionalidad similar al de todo aquel que pretende hacernos comulgar con sus creencias absurdas, y además lo hace en nombre todo lo contrario.

Por desgracia, y supuestamente en nombre de la ciencia y del librepensamiento, dos conceptos tal vez no equiparables, pero que sí deberían ir de la mano, hay quien actúa de forma elitista e inquisitorial. Precisamente, lo que deberíamos tratar de combatir como herramientas imprescindibles para toda oposición al dogmatismo. Dicho esto, rechazada todo etiqueta insultante y simplista, me gustaría una vez más reflexionar sobre la pseudociencia y sobre ciertas terapias (que, efectivamente, no dejan de ser ‘creencias’, pero cuya relación con la ciencia es posible que a veces observemos de forma errónea). A menudo también aludimos, a la hora de juzgar ciertas teorías, al método falsacionista. Esto es, que la ciencia se dedica fundamentalmente, no a demostrar que algo es rigurosamente cierto, sino a “falsar”: si se demuestra que algo es falso, entonces hay que decir que no es científico. El falsacionismo, también criticado cuando se usa como método infalible, nos introduce en no pocos problemas, si queremos denominar “pseudociencia” a toda creencia o teoría, ya que no todas ellas se presentan utilizando reglas científicas. El ejemplo más obvio es la creencia en Dios (o en dioses), que va más allá de los meros hechos que puedan desmentirla. Es por eso que hay quien considera que ciencia y religión corresponden a ámbitos diferentes, regidos por normas distintas (no digo que sea, necesariamente, mi caso, aunque sí hay que tenerlo en cuenta). Dejemos a un lado lo que podemos llamar, estrictamente, creencia religiosa, aunque a veces las fronteras se diluyan cuando observamos a creyentes y prácticantes de todo tipo de terapias (más adelante, apuntaré sobre esto).

jueves, 20 de octubre de 2016

¿Ciencia o charlatanería pseudocientífica?

El mundo está plagado de sinvergüenzas e iluminados (sean honestos o no con sus propias creencias, algo difícil de demostrar a veces) que realizan afirmaciones extraordinarias. ¿Cómo podemos detectar si lo que aseguran tiene o no la más mínima base científica? Alguien dirá que, simplemente, usando las más elementales cautela y sensatez antes de creernos a pies juntillas cualquier disparate. Bueno, hay tantos condicionantes y tanta desinformación, cada vez más en una sociedad en la que prima el consumismo más atroz frente a la honestidad informativa, que la cosa no resulta tan sencilla. Además, los embaucadores de turno utilizan a menudo un lenguaje de apariencia científica para tratar de seducir con una mayor eficacia, por lo que el asunto se complica. Particularmente, se han escuchado tantos ejemplos, y tan irritables, que no sabríamos por donde empezar. Desde la ya habitual mecánica cuántica, para asegurar de la existencia de mundo espirituales, hasta apelar a las leyes de la termodinámica para justificar alguna que otra terapia basada en energía místicas. ¿Qué se puede hacer para que, alguien común sin unos grandes conocimientos científicos, se mantenga a salvo de tantas propuestas pseudocientíficas?