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domingo, 23 de agosto de 2020

El nacionalismo como religión de Estado

Puede decirse sin ambages que la visión anarquista del nacionalismo -concepto político para nada unidimensional, ni por su propia amplitud y ambigüedad, ni por los numerosos rechazos que recibe- es negativa, las más de las veces, por unos nítidos principios ideológicos que pretenden superar la parcelación patriótica, étnica o identitataria, y establecer estrechos lazos de colaboración entre los pueblos con el fin de expandir la libertad y la cultura, conviene analizar con detalle un fenómeno complejo, enmarañado con el tiempo, que es utilizado por todas las opciones políticas estatalistas y jerarquizantes. Conviene dejar claro, a priori, la asociación política que conlleva el nacionalismo político al llamado "derecho de autodeterminación", que aspira inevitablemente a la creación de un Estado para administrar sus intereses, por lo que las ideas libertarias se muestran, obviamente, opuestas a semejante objetivo.

domingo, 1 de octubre de 2017

Creencias enfrentadas

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, el nacionalismo no deja de ser una forma de creencia religiosa secularizada. Al igual que la religión, en la que solo hay una y verdadera, el nacionalismo sustituye a la divinidad por el Estado, del cual mana toda ley sagrada; así, podemos ver por parte de muchos españoles, en estos días de enfrentamientos entre creencias nacionalistas, aludir a la Constitución como si fuera la 'verdad revelada' para siempre. Por supuesto, se olvidan los intereses muy terrenales que se encuentran detrás, por parte de una minoría dirigente y privilegiada, por no hablar de la historia reciente de este país (sí, hay que hablar del franquismo, ya que lo que somos en la actualidad es un producto de lo ocurrido en el pasado, muy obvio). Volvamos al nacionalismo, con su lenguaje patriótico, grandilocuente, mítico y redentor, que al igual que la religión, nutre los deseos, ilusiones y personas de los seres humanos dejando a un lado la realidad, que está detrás, de toda opresión política y explotación económica. Este análisis, debería no ser necesario decirlo, es válido  tanto para todo Estado consolidado, como es el Reino de España, como para aquellas naciones que aspiran a construirlo, como sería el caso de una República de Cataluña. Un amigo mío, lúcido él como pocos, considera que el nacionalismo ajeno, cuando enerva de forma irracional a tantos es porque tienen otra creencia nacionalista que defender. No podemos estar más de acuerdo cuando apelamos, en nuestra crítica al nacionalismo (a todo nacionalismo) a una visión amplia de las comunidades humanas, cosmopolita y fraternal. Al igual que con la religión, no se trata de decidir cuál es mejor o el verdadera Estado-nación, sino cuestionar si son o no perniciosos al dividir a las personas y encubrír la opresión política.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Mitología nacional e identificación con lo militar y lo religioso

Difícil es encontrar los límites para una definición aceptable de nacionalismo. Sin embargo, sí me parece rechazable la ideología nacionalista desde una defensa de las libertades individuales y de la ética cuando parece sostener que lo más importante para el ser humano es su afiliación nacional, innata en él, provocando, en última instancia, los mayores sacrificios y actos dignos de ser reprobados en otras circunstancias, justificados en nombre de la "patria" o la "nación" (términos que merecerían ser analizados por separado pero que la historia parece haber unido, haciéndolos intercambiables, quizá con una connotación sentimental mayor en el caso de la "patria"). Parece obvio que es el nacionalismo el que inventa la nación y por eso nada tiene de "natural"; son aquellos que se erigen en líderes nacionalistas y salvaguardas de las esencias patrias los que recogen y seleccionan las características identitatarias que les convienen a sus objetivos políticos, características que poco o nada suelen tener en común con las de cada individuo en particular y con el pueblo en general; cuando se habla de nación, no puedo evitar entender que alguna forma de dominación política se adueña del término.

sábado, 30 de enero de 2016

Indignación nacionalista en la barra de un bar

Tan solo quería acabar mi vespertina taza de café, pero el ruido en aquel local se estaba convirtiendo en insoportable. Al parecer, un televisor de considerable envergadura dedicaba su emisión a uno de los temas candentes de actualidad. Un individuo a mi lado, con la mirada fija en el aparato y visiblemente encrespado, hablaba con un elevado tono de voz sobre lo que consideraba algo inadmisible. El tema en cuestión, dicho con palabras coloquiales, era que una parte de España pretendía separarse y no saber nada ya nada más del resto. Era algo que parecía volver loco a aquel sujeto, que no toleraba en modo alguna dicha secesión. Aunque todos ellos, televisor, tema e individuo, me producían cierto hartazgo, y algo de irritación, no dejé evadirse en primera instancia a mi autocontrol. Aquello solo fue un pobre esbozo de ingenuidad, ya que al alzar la mirada pude ver al tipo mirándome directamente a los ojos.