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sábado, 9 de julio de 2016

Creencias y elecciones


La gran pregunta, que encabeza este blog, es por qué la gente cree en tonterías (dicho sea de forma políticamente incorrecta, no como en la cabecera). Preguntar eso en un país en el que el Partido Popular acaba de ganar, de nuevo, las elecciones parece una broma. Un partido siniestro, autoritario y en gran parte corrupto, apoyado por gran parte de la población. ¿Qué le pasa a la gente? Aunque es actualmente el mejor ejemplo, no hay que focalizar esa actitud papanatas en los gobiernos de la derecha. Incluso, podemos decir que en el caso de la izquierda clásica (algo más romántica e idealista, pero no necesariamente racional) los males de la creencia son mayores: la gente "cree", a pesar de las evidencias, que ese partido, el suyo de toda la vida, nos va a llevar al estatus de felicidad. Pero, no seamos simplistas ni maniqueos. Veamos los nuevos partidos. A pesar de que, con mayor o menor obviedad, todos ellos prometen más o menos lo mismo (es posible que uno se pase de crítico, pero parecen nuevos partidos que pretenden ocupar el lugar de los viejos; puede que roben y extorsionen algo menos, eso sí), la gente decide "creer" que caras nuevas pueden renovar los malos hábitos. No está mal expresado, un lavado de cara para unas vías que no dejan de ser las mismas que nos han llevado al desastre (a nivel político y económico). Buscando un paralelismo, se me ocurre el ejemplo de la Iglesia Católica. Ahora mismo, tiene un máximo mandatario la mar de simpático e incluso algo "progresista", pero sigue siendo la misma organización dogmática, reaccionaria, sexista y supersticiosa. Por supuesto, se me dirá que este es mi análisis, que esto no es ni tiene por qué ser así. Lo comprendo, uno es demasiado crítico y radical, y a veces es posible que se le vaya la mano.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Elecciones, buenas y malas


Ante las nuevas elecciones generales en el país, lo que ha sido la campaña electoral, con el concurso de nuevas fuerzas políticas, de los medios, y de todo quisque en general, es digno de análisis. Vaya por delante que, como ya sabrá quien tenga la paciencia de leer este blog, mi condición ácrata hace que no vote… como norma general. Esta apostilla final es porque no tengo, ni quiero tener, ninguna actitud ni comportamiento definitivos; es decir, como todo hijo de vecino, tengo convicciones, pero resulta francamente difícil que sean "absolutamente" inamovibles (o, a mi modo de ver las cosas, caemos en el delirio). Si no voto es en gran parte porque considero que es mejor la abstención, ya que al hacerlo apuntalas un determinado sistema e impides la transformación a algo mejor; esta actitud "negativa", de oposición a algo, por supuesto va pareja a otra "positiva", de construcción del tipo de sociedad que nos gustaría. Digo esto, ya que tantas veces hay que soportar comentarios, que oscilan entre la vulgaridad y la mera necedad, en los que se nos acusa a los que no votamos de "pasotismo" o de "contrarios a la democracia". Las cosas son bastante más complejas y, en mi caso, no voto porque creo en una profundización de la democracia junto a otras muchas reformas radicales (sí, hay que ser "radical" o no cambiamos nada). Dejemos, de momento, las convicciones (es decir, la "ideología", y también "creencias").