domingo, 24 de febrero de 2019

Gwyneth Paltrow y el imperio de la pseudociencia

La estulticia posmoderna no para de sorprendernos. Esto es así hasta el punto de que una actriz popular, aunque discreta en cuanto a talento interpretativo, como es Gwyneth Paltrow, ha construido todo un imperio económico en base a sus consejos pseudocientíficos. La más elemental sensantez nos dice que una dieta sana, unido al ejercicio, nos ayuda a una vida saludable. Tan sencillo como eso. Tal vez uno de los problemas, en el caso que nos ocupa, es cuando se da cierto culto a valores frivolos, como la fama y la belleza, y uno de estos ídolos objeto de adoración decide sacar provecho de ello. Así, Paltrow no parece de ofrecer, a sus millones de incautos seguidores en las redes sociales, infinidad de consejos sobre salud, bienestar y un pobre e irrisorio estilo de vida. Desgraciadamente, gran parte de la gente no pone el foco en gente verdaderamente sabia, sensata y honesta con un discurso que ayude a potenciar nuestras conocimiento, a pensar por uno mismo y a tomar nuestras propias decisiones. Como ya hemos insistido muy a menudo en este blog, nos preguntamos cuáles son los mecanismos que activan el papanatismo más elemental. En este caso, hablamos de una persona famosa, lo cual tal vez no es un factor desdeñable para incrementar la estolidez de las masas, pero en otros casos hablamos de meros charlatanes, más o menso marginales, pero seguro que igualmente aspirantes a difundir sus discursos pseudocientíficos en forma de réditos crematísticos.

sábado, 9 de febrero de 2019

Teorías de la conspiración

En alguna ocasión, polemizando sobre las teorías de la conspiración, o dicho (muy) despectivamente, conspiranoias, el asunto ha tomado un cariz ya habitual en este tipo de discusiones.

Usualmente, desechamos de un plumazo estas teorías, ya que las asociamos de modo simplista con poco menos que delirios de amantes de grupos ocultos que aspiran a dominar el mundo. Es tan sencillo como que, hablemos de conspiraciones o de cualquier otro asunto, es necesario guiarnos por evidencias y pruebas. Habrá personas que tiendan a un extremo o al contrario, y aquí hay que ser autocríticos con nuestra propia tendencia (que, lo han adivinado ustedes, es la ferozmente escéptica). Lo usual es que el ser humano racionalice, apartando las pruebas que contradicen lo que piensa y reforzando las que lo confirman. Esto es aplicable a cualquier análisis y deberíamos recordarlo siempre con ese mencionado, y tantas veces ausente, afán autocrítico.

domingo, 3 de febrero de 2019

La industria farmacéutica y la medicina alternativa

Es ya un lugar común, cuando se critican ciertas prácticas alternativas consideradas pseudocientíficas, argumentar que el auténtico peligro es la industria farmacéutica.

De esa manera, ante la supuesta dificultad de acudir a hechos objetivos, y convertirse la discusión en una "cuestión de fe" (es decir, mera ideología), uno no tarda en ser acusado de favorecer a la industria al criticar la medicina (mal) denominada alternativa. Por supuesto, creo que ya lo he mencionado a menudo en este blog, convertir la salud en un negocio, buscando la máxima rentabilidad de los productos, es algo digno de la máxima crítica que nos convierte en sujetos utilizables. Por otra parte, la validez o no de las terapias y productos propuestos, tanto por la industria convencional comoo la alternativa, igualmente debe ser puesto en el ojo del huracan. Es decir, tan sencillo como que se trata de dos campos diferentes, o quizá no tanto, ya que se complementan, para aplicar nuestra racionalidad y pensamiento crítico. Es más, el argumento de que las farmacéuticas priman el negocio deberíamos utilizarlo, de una manera obvia y lógica para concluir, tan sencillo como eso, que si las medicinas alternativas fueran efectivas se esforzarían en invertir en ellas y sacarles el máximo beneficio.

viernes, 18 de enero de 2019

"La curiosidad intelectual es la gran esperanza para humanidad" - Entrevista a J.F. Sebastián

Entrevistamos a Jesús Felipe Sebastián, que se suele denominar a sí mismo como peatón y ciudadano del mundo, aunque se trate de un prestigioso filósofo y científico, tímido y poco amante de revelarse en público. En esta ocasión, insistimos en una de sus facetas más conocidas, su combativo ateísmo.

Usted suele asociar en sus conferencias ateísmo, entendido como un escepticismo crítico y una confianza en el conocimiento verificado científicamente, a la inteligencia y a un alto nivel de conocimiento. ¿No le parece algo simplista esa asociación?
En absoluto. Es más, los ya numerosos estudios realizados en prestigiosas universidades confirman esa correlación entre la inteligencia y la total ausencia de creencias religiosas.

Bien, yo soy ateo, usted también lo es. Nos congratula que alguien alabe nuestra inteligencia. No obstante, si nos lee un creyente puede sentirse ofendido, ya que otra manera de decirlo es "los creyentes suelen ser más tontos".
-Es usted el que parte, precisamente, de una lectura simplista del asunto. Por no decir errónea. No se trata de que alguien, por la simple cuestión de declararse ateo, sea necesariamente más inteligente que alguien que se considera creyente. Sencillamente, hay estudios que demuestran esa correlación: por lo general, los ateos son más inteligentes… 

viernes, 21 de diciembre de 2018

Falacias argumentativas de la creencia religiosa

Un argumento habitual, y no solo en conversaciones vulgares, también en artículos de opinión en ciertos medios, que deberían ser un poquito más rigurosos, es que grandes pensadores y científicos ateos en la historia acabaron convirtiéndose al estar a punto de espicharla. Desde que tengo uso de razón, llevo escuchando esta cantinela atribuida especialmente a autores que dieron un golpe mortal a la creencia religiosa; es el caso, por citar a los más conocidos, de Voltaire, Marx, Niezsche o Darwin (últimamente, algo he oído también de Sartre).

Recuerdo una entrevista a otro lúcido ateo, Bertrand Russell en el que se le recordó esa supuesta conversión de tantos infieles; el filósofo y científico torció el gesto para, sencillamente, afirmar que era muy poco honesto por parte de los creyentes utilizar hechos que no eran ciertos. Por supuesto, la estadística hace que, muy probablemente, haya habido alguna que otra conversión de ateos ilustres, pero seguro que no entre los citados y seguro que no de una manera mayoritaria ni excesiva. En cualquier caso, si cualquiera de esos ateos, cuya obra es de una importancia extrema para la historia de la humanidad (y ahí está el quid de la cuestión, no en lo que pudiera pasar por su mente en sus últimos momentos), se hubiera convertido, pienso sinceramente que no significa nada. Y no significa nada para alguien, sea ateo o no, honesto y cultivado que no está en una desesperada búsqueda de confirmación de sus creencias.

domingo, 16 de diciembre de 2018

A vueltas con la ciencia


En la filosofía posmoderna, que ya adelantamos que resulta la mayor parte de las veces un fárrago de mucho cuidado en el que no vamos a incidir, se considera que la ciencia es simplemente un “discurso” más insertado en una determinada cultura, en este caso la de los valores occidentales.

Aunque resulta difícil de creer a priori que alguien considere esto como cierto, se viene a decir que el conocimiento científico viene a ser equiparable a la construcción de mitos de otras culturas, ni más ni menos válido. Frente a la afirmación de que resulta posible acercarnos a un conocimiento objetivo, nos dicen ahora que todo es más o menos relativo, resultado de una determinados prácticas sociales y políticas. Bien, esto explicaría, al menos en parte, por qué en las sociedades “avanzadas” (no repriman ustedes la risa por el epíteto) proliferan toda suerte de discursos y remedios alternativos, que nos prometen una salud y una existencia envidiables, y que se insista tantas veces en la división entre el conocimiento occidental y el oriental.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Coach ultraespiritual

De unos años a esta parte, hemos oído con frecuencia las palabras coach y coaching; inundan por doquier nuestra vida y parece que es inevitable caer tarde o temprano en manos de algún listillo que nos va a enseñar las técnicas adecuadas para no se sabe muy bien qué (hacer un cursillo, vamos), si a eso le añadimos alguna suerte de espiritualidad, ya obtenemos nuestro máster superior tan auténtico como el de los políticos.

Como es lógico, en una sociedad que prima el éxito (a pesar de lo penoso que resulta caer en ella, una y otra vez, en crisis de todo tipo; ¡como somos los seres humanos!), estos tipos que nos venden el adiestramiento adecuado para lograr un objetivo tienen su nicho de mercado (¡y de qué manera!). Seguramente, y solo digo seguramente, la mayoría de estos coach lo que nos venden son cajas de humo envueltas de perogrulladas.

¿Qué ocurre cuando aparece en nuestras vidas un coach que, además, asegura ser 'sanador espiritual'? Sencillamente, que una vez más logra engañar a más de un incauto ávido de una vida plena de luz y energía. Sin embargo, la cosa tiene todavía una vuelta de tuerca más: frente a la pseudoespiritualidad, la ultraespiritualidad. No sé, no sé, estoy planteándome si lo que nos dice J.P. Sears pueden ser "verdades como puños". Vean y escuchen, y juzguen por sí mismos…