Como continuación a la entrada anterior, vamos a continuar indagando en la psicología social y en los mecanismos que conducen a gran parte de las personas al conformismo y la subordinación. Aunque ya dijimos que sus raíces se remontan muy atras, no es hasta los años 30 del siglo XX cuando comienza el auge de la
psicología social empírica; muchos autores contemporáneos han
considerado que resulta primordial para resolver algunos problemas de
las sociedades modernas. Si queremos dar una definición extremadamente
sencilla a la psicología social puede ser el estudio de cómo las
creencias, sentimientos y actitudes de las personas se ven influenciadas
por la presencia de otros seres humanos en la vida en sociedad. Una
primera ley de la psicología social puede considerarse el hecho de que
el comportamiento descabellado de las personas en algunos momentos no
supone que estén locas; cualquiera puede caer en determinados procesos,
si se producen las condiciones sociopsicológicas adecuadas, conducentes a
un tipo de conducta muy concreto.
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sábado, 9 de octubre de 2021
domingo, 24 de marzo de 2019
El conformismo social o la adaptación al grupo
Hay que ser muy cauto sobre nuestra independencia de criterio a la hora de desenvolvernos en la vida; ¿hasta qué punto somos capaces de defender nuestros puntos de vista, lo que consideramos correcto, frente al juicio de los otros y la presión de la mayoría? Hay que comprender que el asunto es complejo, que no es simplemente el enfrentamiento entre una masa acrítica, plegada a lo establecido, y un individuo autónomo; es más, el conformismo y la sumisión a la autoridad adoptan formas nuevas, en cierto contextos aparentemente innovadores y "alternativos", igualmente rechazables.
El conformismo social puede definirse como la tendencia de los miembros de un grupo a adaptarse a las reglas y a los objetivos del propio grupo. Se trata de una igualación de la conducta individual producida bajo la presión del grupo y con tensión entre las convicciones inmediatas y las informaciones que los miembros del grupo facilitan. Hay que insistir en el conflicto que va implícito en el conformismo. Los experimentos de Solomon Asch, llevados a cabo en 1951, demostraron significativamente el poder de la conformidad en los grupos; muchos de los sujetos que participaron en los experimentos acabaron plegándose al juicio incorrecto de la mayoría sin que existiera ningún tipo de sanción ni de recompensa en un caso u en otro. La explicación a esta adecuación a la opinión mayoritaria puede estar en la presión del juicio unánime, que hace pensar que el propio esté equivocado, o el deseo de seguir a la masa para evitar entrar en desacuerdo y resultar antipático.
El conformismo social puede definirse como la tendencia de los miembros de un grupo a adaptarse a las reglas y a los objetivos del propio grupo. Se trata de una igualación de la conducta individual producida bajo la presión del grupo y con tensión entre las convicciones inmediatas y las informaciones que los miembros del grupo facilitan. Hay que insistir en el conflicto que va implícito en el conformismo. Los experimentos de Solomon Asch, llevados a cabo en 1951, demostraron significativamente el poder de la conformidad en los grupos; muchos de los sujetos que participaron en los experimentos acabaron plegándose al juicio incorrecto de la mayoría sin que existiera ningún tipo de sanción ni de recompensa en un caso u en otro. La explicación a esta adecuación a la opinión mayoritaria puede estar en la presión del juicio unánime, que hace pensar que el propio esté equivocado, o el deseo de seguir a la masa para evitar entrar en desacuerdo y resultar antipático.
martes, 10 de abril de 2018
El miedo a la libertad
Erich Fromm escribió Miedo a la libertad, originariamente, en 1941; con esta obra, hizo un fundamental análisis de la relación del ser humano con la libertad, cambiante a lo largo de la historia, como demuestran las condiciones sociales y psicológicas para que emergiera el fascismo.
La modernidad, al menos en el mundo occidental, se ha caracterizado por el esfuerzo dirigido a romper las cadenas que atenazan a la humanidad, tanto en el ámbito político y económico, como en el espiritual. Podemos hacer una lectura en base a la lucha de clases, son los oprimidos los que tratan de conquistar nuevas libertades en directa oposición a aquella clase que quiere preservar privilegios. Erich Fromm consideraba que la aspiración a la libertad está arraigada en todos los oprimidos, los cuales expresan así un ideal que trate de abarcar a toda la humanidad. Sin embargo, esas clases que en una etapa luchan por su libertad frente a la opresión, acaban alineándose junto a los enemigos de la libertad al tener que defender los nuevos privilegios adquiridos. La lucha por la libertad está llena de obstáculos a lo largo de la historia, pero se convirtió en probable que el hombre pudiera gobernarse por sí mismo, pensar y sentir como le pareciera, y tomar sus propias decisiones. La abolición de la dominación exterior era una condición necesaria, aunque también parecía suficiente para alcanzar la plena libertad del individuo. Sin embargo, la Primera Guerra Mundial, que muchos vieron como el último conflicto para la humanidad, dio paso a nuevos sistemas autoritarios y a la sumisión de la mayoría de los individuos. Lo que Erich Fromm concluye en Miedo a la libertad es que los fascismos no fueron producto de una falta de madurez democrática, ni únicamente una apropiación del Estado por elementos indeseables, sino que gran parte de una generación se mostraba deseosa de entregar su libertad, al contrario que sus padres que habían luchado por ella.
La modernidad, al menos en el mundo occidental, se ha caracterizado por el esfuerzo dirigido a romper las cadenas que atenazan a la humanidad, tanto en el ámbito político y económico, como en el espiritual. Podemos hacer una lectura en base a la lucha de clases, son los oprimidos los que tratan de conquistar nuevas libertades en directa oposición a aquella clase que quiere preservar privilegios. Erich Fromm consideraba que la aspiración a la libertad está arraigada en todos los oprimidos, los cuales expresan así un ideal que trate de abarcar a toda la humanidad. Sin embargo, esas clases que en una etapa luchan por su libertad frente a la opresión, acaban alineándose junto a los enemigos de la libertad al tener que defender los nuevos privilegios adquiridos. La lucha por la libertad está llena de obstáculos a lo largo de la historia, pero se convirtió en probable que el hombre pudiera gobernarse por sí mismo, pensar y sentir como le pareciera, y tomar sus propias decisiones. La abolición de la dominación exterior era una condición necesaria, aunque también parecía suficiente para alcanzar la plena libertad del individuo. Sin embargo, la Primera Guerra Mundial, que muchos vieron como el último conflicto para la humanidad, dio paso a nuevos sistemas autoritarios y a la sumisión de la mayoría de los individuos. Lo que Erich Fromm concluye en Miedo a la libertad es que los fascismos no fueron producto de una falta de madurez democrática, ni únicamente una apropiación del Estado por elementos indeseables, sino que gran parte de una generación se mostraba deseosa de entregar su libertad, al contrario que sus padres que habían luchado por ella.
martes, 4 de julio de 2017
El carácter social en la sociedad moderna
Erich Fromm, un autor fascinante y de plena actualidad, consideraba que, para estudiar el estado de la salud
mental del hombre contemporáneo, era necesario hacerlo también con las
influencias sobre la naturaleza humana de los modos de producción y de
la organización social y política. Este autor escribió su obra a
mediados del siglo pasado, pero sus estudios son válidos varias
décadas después, con un sistema económico consolidado, a pesar de sus
crisis periódicas, y una alienación más poderosa que nunca en los seres
humanos. Fromm llamaba "carácter social" al núcleo de la estructura de
carácter compartida por la mayoría de los individuos, claramente
diferenciado del carácter individual, del cual es necesario hacerse una
idea para juzgar la salud mental y equilibrio del hombre. La función del
carácter social sería moldear y canalizar la energía humana, en una
determinada sociedad, con el fin de que esa misma sociedad funcione. En
la sociedad industrial moderna, por ejemplo, para que triunfara fue
necesario exigir una energía de trabajo sin precedentes a los hombres,
que se convirtiera en una especie de impulso interior hacia esos fines.
La sociedad produjo un carácter social al que fuesen inherentes esos
impulsos.
jueves, 29 de junio de 2017
El conocimiento en la sociedad
Solo una persona muy pobre intelectualmente puede pensar que está en una verdad absoluta, al igual que considerar que está exenta de prejuicios (ambas cosas, seguramente, muy relacionadas). Los seres humanos, de forma obvia, y el mayor de los sabios seguro que es consciente de ello (o, quizá, no lo es tanto), somos imperfectos y gran
parte de las cosas que asumimos como ciertas en realidad no lo son. La cognición social alude a
cómo entendemos el mundo social; nuestras decisiones importantes tienen
que ver con el modo como construimos y comprendemos el mundo social en
el que vivimos. No
solo eso, sino que es frecuente que las personas se muestren pertinaces
en la defensa de las cosas que consideran ciertas y que sea muy difícil
convencerles de lo contrario. Se menciona también que es incluso
racional esta faceta de la cognición humana, cada persona trata de estar
en lo cierto y de sostener opiniones y creencias correctas. Puede
decirse que una idea extensa de la racionalidad humana es la que nos
hace actuar como una especie de científicos ingenuos. El pensamiento
racional necesita, al menos, dos requisitos: que el individuo pensante
tenga acceso a una información precisa y útil, y que cuente con recursos
ilimitados para procesar los datos vitales; en nuestra vida cotidiana,
prácticamente nunca se darán las condiciones requeridas.
jueves, 22 de junio de 2017
Formas sutiles de dominación
Los valores no deberían tomarse de modo absoluto. Por lo general, y
así lo considero yo (seguramente, con más prejuicios y condicionamientos
que nadie), considerar a alguien "inconformista" o "individualista" es
visto como algo positivo sobre el papel. Otra cosa es la práctica, en la
que criticar la práctica habitual, lo establecido o la costumbre
acarrea más de una vez que le etiqueten a uno de manera peyorativa y
supone el peligro de no ser aceptado dentro del grupo. Pero esta
paradoja, algo díficil de ser superada al tratarse de una tensión
permanente entre valores individuales y valores sociales, conlleva una
problema más importante en mi opinión (problema relativo y
afortunadamente irresoluble). Ser crítico e
inconfomista dentro de una colectividad es algo sano, pero considerarse
miembro activo de esa colectividad, integrante de un "equipo" por
emplear un símil evidente, resulta perfectamente compatible. Compatible,
aunque requiere de una fortaleza y personalidad permanentes, no
plegarse a lo que opina la mayoría y defender una opinión contraria, a
pesar del ambiente negativo que nos va a suponer. Creo que uno de los
motivos por el que apostar por el anarquismo, estriba en esta cuestión.
martes, 13 de junio de 2017
Para bien y para mal, somos animales sociales
¿No conocen ustedes la psicología social? Les aseguro que resulta apasionante, si de verdad queremos saber un poquito más sobre cómo nos comportamos. Se trata de una disciplina relativamente joven, aunque puede decirse que hay autores que ya observaron los fenómenos sociales en la Antigüedad. Recordemos la conocida, y primordial, concepción aristotélica del hombre como animal social (o animal político, ya que hubo una vez en que no existía diferencia entre ambos apelativos). Aristóteles expuso algunos principios básicos sobre la influencia y la
persuasión sociales, aunque es a partir de mediados del siglo pasado
cuando se someten aquellas investigaciones a verificación empírica
gracias a Carl Hovland y a sus colaboradores. Si el primer experimento
lo realizó Triplett en 1898, es a partir de la década de 1930 cuando
puede decirse que la psicología social empírica comienza su auge. El
objetivo de muchos autores contemporáneos ha sido demostrar que la
psicología social resulta primordial para resolver algunos problemas de
las sociedades modernas. No pocas veces, me he encontrado con personas
que desdeñan esta concepción del ser humano como animal social (y
"político", otorgándole un sentido diferente a esta palabra, tan viejo y
tan nuevo); para mí, ha resultado siempre obvia esa condición del
individuo, y tal vez estos tiempos bastante difusos que vivimos es
posible que sean la causa de esa negación tan recurrente.
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