domingo, 15 de enero de 2017

Proyecto Lázaro: la resurrección de la carne

Proyecto Lázaro es una película, dirigida por Mateo Gil, que se acaba de estrenar en los cines de las principales ciudades españolas. Su título original es Realive, ya que la película, a pesar de ser una producción hispano-francesa, está rodada en inglés. Aunque las críticas han sido discretas, y me temo que va a pasar sin pena ni gloria por las salas comerciales, se trata de una buena historia sobre la que merece la pena lanzar unas cuantas reflexiones. Recordemos que Mateo Gil fue el coguionista de gran parte de los películas de Alejandro Amenábar, y precisamente algunas de ellas pueden considerarse directamente emparentadas con este nuevo film. Hablamos de Abre los ojos, que igualmente especulaba sobre las empresas que se dedican la crionización, pero también de Mar adentro y su reivindicación de una vida digna y, por no tenerla, del derecho individual a poner fin a la vida. La sinopsis de la nueva película de Mateo Gil es, de modo elemental, la de un hombre treintañero de la época actual, que después de que se le diagnostique un cáncer terminal, decide crionizar su cuerpo para, en un determinado futuro en el que la ciencia lo permita, ser revivido totalmente sano para llevar una vida plena. Para los que deseen ver el film, recomiendo no leer lo que sigue, ya que revelo detalles fundamentales de la trama (eso que ahora se denomina, de forma algo irritante, spoiler).

martes, 10 de enero de 2017

Las terapias espirituales

La colección ¡Vaya Timo!, de la editorial Laetoli, está compuesta de una serie de libros breves que, habitualmente con un tono sarcástico y provocador, se ocupan de las creencias y pseudociencias más variadas. Su última edición es Las terapias espirituales, ¡vaya timo!, obra del médico Víctor Javier Sanz, con la que parece completar un trilogía dentro de la misma colección. Los anteriores, ya estaban dedicados a la homeopatía y a la acupuntura, aunque ahora matiza que en realidad todas las terapias alternativas, consideradas simple y llana pseudociencia, son en realidad espirituales. Si un supuesto terapeuta alude al chi, de la cultura tradicional china, al prana, proveniente del hinduismo, a la energía vital, cuyo origen parece ecléctico y a gusto del consumidor, o sencillamente a desequilibrios energéticos deberían dispararse todos nuestros dispositivos de alarma (científicos). Todos esos conceptos están fundados en creencias, provienen de lo espiritual o de lo metafísico, por lo que no pueden venderse como remedios científicos (es decir, algo demostrado que funciona). Las creencias son muy respetables, todos las tenemos de un modo u otro, pero no podemos pretender que las mismas sean un método eficaz para sanar una enfermedad.

lunes, 2 de enero de 2017

El cristianismo al descubierto

Paul Henri d'Holbach, crítico con el teísmo, pero también con el deísmo imperante en su época, abrazó un ateísmo radical, fundado en el naturalismo y en el materialismo; un pensamiento sin causa sobrenatural alguna. Para este autor, no hay inteligencia alguna detrás de la naturaleza y tampoco un propósito o finalidad. Su filosofía no puede entenderse sin liberarse el ser humano del temor y la superstición, tan presentes a lo largo de la historia. Una de sus principales obras, y un manifiesto muestra de este ateísmo radical, es El cristianismo al descubierto, donde muestra la imposibilidad de la existencia de Dios y las innumerables incoherencias de la doctrina cristiana y de las sagradas escrituras. La pasión atea de este autor de la Ilustración resulta sorprendente, demoliendo las visiones religiosas melifluas de Rousseau, Voltaire o Diderot. En su obra, tal y como afirma Michel Onfray, "podemos diferenciar fácilmente tres momentos teóricos con su temática propia: la deconstrucción del cristianismo, la elaboración

domingo, 25 de diciembre de 2016

Izquierda, progreso social y conocimiento científico

Paradójicamente, en la actualidad se ha establecido cierta relación entre los movimientos sociales, y podemos incluir también a la izquierda política (aunque, ya sabemos que hay varias), y lo que podemos llamar discursos alternativos en cuestiones sanitarias y, más o menos, espirituales. Lo que podemos llamar simple y llanamente "pseudociencia", vamos.  Esto es así, casi con total seguridad, debido a que en las actitudes progresistas (al menos, con esa pretensión) y socialmente transformadoras gustan mucho de la palabra "alternativo". Lo que ocurre, a nuestra manera de ver las cosas, es que el grado de confusión sobre cuestiones científicas es notable. Una cosa es el conocimiento científico, que en la teoría sí podemos considerarlo objetivo y neutral (aplicando diversos y razonables métodos, ninguna pretensión dogmática puede haber en ello), y otra muy distinta su aplicación. Al confundir una cosa con la otra, en el mundo en el que vivimos, donde los poderosos siguen dictando su ley, y tantas personas se ven desprovistas de las necesidades más elementales, gusta mucho, hasta extremos bastante delirantes, "lo alternativo".

martes, 22 de noviembre de 2016

Firmes frente a la creencia dogmática

La entrada anterior, sobre la disonancia cognitiva, ha provocado un nuevo aluvión de cartas físicas, correos electrónicos, SMS, whatsapps e incluso algún comentario abordando por la calle a mi pobre persona. El tono oscila entre el conformismo, ante lo inevitable de que la disonancia cognitiva sea inherente a cualquier hijo de vecino, la negación y el exabrupto. Veamos. Mi intención, pobre seguramente, era comprender sobre todo dos cosas: por qué creemos en cosas absurdas (por no decir otra cosa) y, para más inri, por qué esas creencias son a veces inamovibles (hasta la desesperación, y a veces exasperación, del que está enfrente). Si aceptamos que la disonancia cognitiva es un proceso psicológico con bastante fundamento, veamos qué podemos hacer para combatir esa testarudez dogmática. En primer lugar, algo en lo que creo que he insistido una y otra vez, se trata de algo que nos pasa a todos. Incluso, a nivel cotidiano, resulta inevitable. Es imposible revisar una y otra vez las creencias, por lo que recurrimos a los dichosos sesgos cognitivos. Estos, vienen a ser una desviación en nuestro proceso de la información, lo que lleva finalmente a la distorsión e incluso, cuando uno ya se pasa de vicio, a la irracionalidad. Los hay de diversos tipos, cosas como jugar con las estadísticas, hacerlo solo con datos que confirman lo que ya creemos u otorgar excesiva autoridad a ciertas personas. Esto es otro tema apasionante en el que merece la pena profundizar.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Homo Deus

Uno de los libros de moda, especialmente en ciertos círculos intelectuales oficiales (siempre sospechosos), es Homo Deus. Una breve historia del mañana, del historiador israelí Yuval Noah Harari. Por un lado, y aunque el ensayo es finalmente pesimista sobre el futuro de la humanidad, se incide en una concepción del progreso de lo más cuestionable. Se asegura que en el último siglo se han reducido los grandes males de la humanidad (el hambre, la guerra, las enfermedades, incluso la muerte…) y que en ese mismo periodo han predominado ciertos valores humanistas. La realidad es que vivimos en un mundo, y por causas políticas y económicas muy concretas, donde todos esos datos oscilan, varían, se juega con ellos (la ilusión de que se progresa), cuando la verdad es que hace mucho tiempo que existen los recursos suficientes para acabar de sobra con esas calamidades. Males producto, en gran medida, de la mano humana (y, por lo tanto, susceptibles de ser cambiados). Es cierto que, sobre el papel, el mundo parece mucho más igualitario, más respetuoso con los derechos humanos (más humanista, en apariencia, efectivamente), pero los hechos (los que cuentan) son muy diferentes. La modernidad prometía mucho hace un par de siglos, y sus valores son hoy totalmente reivindicables (de modo crítico, por supuesto, y sin tics reaccionarios), pero su desarrollo ha supuesto la peor de las pesadillas para gran parte del planeta, por lo que hay que atender más a los hechos que los derechos sobre papel mojado.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Realides múltiples y universos paralelos

Al llegar a la consulta de aquel tipo, la primera impresión estaba lejos de ser sospechosa. De aspecto agradable, actitud seductora y jerigonza habilidosa, su bata blanca contribuía a investirle de cierta autoridad. Enseguida, pasé a explicarle los síntomas de mi malestar. Me habló sobre la manipulación de mi cuerpo con determinadas técnicas de masaje, desde un punto de vista "holístico" (sic), que pondrían especial énfasis en mi estructura corporal y en los problemas mecánicos derivados de la misma. Los fines sanadores, como no podría de otra manera, no tardarían en llegar. Momentáneamente, me quedé cavilando…