La entrada anterior, sobre la disonancia cognitiva, ha provocado un nuevo aluvión de cartas físicas, correos electrónicos, SMS, whatsapps e incluso algún comentario abordando por la calle a mi pobre persona. El tono oscila entre el conformismo, ante lo inevitable de que la disonancia cognitiva sea inherente a cualquier hijo de vecino, la negación y el exabrupto. Veamos. Mi intención, pobre seguramente, era comprender sobre todo dos cosas: por qué creemos en cosas absurdas (por no decir otra cosa) y, para más inri, por qué esas creencias son a veces inamovibles (hasta la desesperación, y a veces exasperación, del que está enfrente). Si aceptamos que la disonancia cognitiva es un proceso psicológico con bastante fundamento, veamos qué podemos hacer para combatir esa testarudez dogmática. En primer lugar, algo en lo que creo que he insistido una y otra vez, se trata de algo que nos pasa a todos. Incluso, a nivel cotidiano, resulta inevitable. Es imposible revisar una y otra vez las creencias, por lo que recurrimos a los dichosos sesgos cognitivos. Estos, vienen a ser una desviación en nuestro proceso de la información, lo que lleva finalmente a la distorsión e incluso, cuando uno ya se pasa de vicio, a la irracionalidad. Los hay de diversos tipos, cosas como jugar con las estadísticas, hacerlo solo con datos que confirman lo que ya creemos u otorgar excesiva autoridad a ciertas personas. Esto es otro tema apasionante en el que merece la pena profundizar.
martes, 22 de noviembre de 2016
miércoles, 9 de noviembre de 2016
Homo Deus
Uno de los libros de moda, especialmente en ciertos círculos intelectuales oficiales (siempre sospechosos), es Homo Deus. Una breve historia del mañana, del historiador israelí Yuval Noah Harari. Por un lado, y aunque el ensayo es finalmente pesimista sobre el futuro de la humanidad, se incide en una concepción del progreso de lo más cuestionable. Se asegura que en el último siglo se han reducido los grandes males de la humanidad (el hambre, la guerra, las enfermedades, incluso la muerte…) y que en ese mismo periodo han predominado ciertos valores humanistas. La realidad es que vivimos en un mundo, y por causas políticas y económicas muy concretas, donde todos esos datos oscilan, varían, se juega con ellos (la ilusión de que se progresa), cuando la verdad es que hace mucho tiempo que existen los recursos suficientes para acabar de sobra con esas calamidades. Males producto, en gran medida, de la mano humana (y, por lo tanto, susceptibles de ser cambiados). Es cierto que, sobre el papel, el mundo parece mucho más igualitario, más respetuoso con los derechos humanos (más humanista, en apariencia, efectivamente), pero los hechos (los que cuentan) son muy diferentes. La modernidad prometía mucho hace un par de siglos, y sus valores son hoy totalmente reivindicables (de modo crítico, por supuesto, y sin tics reaccionarios), pero su desarrollo ha supuesto la peor de las pesadillas para gran parte del planeta, por lo que hay que atender más a los hechos que los derechos sobre papel mojado.
sábado, 5 de noviembre de 2016
Realides múltiples y universos paralelos
Al llegar a la consulta de aquel tipo, la primera impresión estaba
lejos de ser sospechosa. De aspecto agradable, actitud seductora y
jerigonza habilidosa, su bata blanca contribuía a investirle de cierta
autoridad. Enseguida, pasé a explicarle los síntomas de mi malestar. Me
habló sobre la manipulación de mi cuerpo con determinadas técnicas de
masaje, desde un punto de vista "holístico" (sic), que pondrían especial
énfasis en mi estructura corporal y en los problemas mecánicos
derivados de la misma. Los fines sanadores, como no podría de otra
manera, no tardarían en llegar. Momentáneamente, me quedé cavilando…
jueves, 20 de octubre de 2016
¿Ciencia o charlatanería pseudocientífica?
El mundo está plagado de sinvergüenzas e iluminados (sean honestos o no con sus propias creencias, algo difícil de demostrar a veces) que realizan afirmaciones extraordinarias. ¿Cómo podemos detectar si lo que aseguran tiene o no la más mínima base científica? Alguien dirá que, simplemente, usando las más elementales cautela y sensatez antes de creernos a pies juntillas cualquier disparate. Bueno, hay tantos condicionantes y tanta desinformación, cada vez más en una sociedad en la que prima el consumismo más atroz frente a la honestidad informativa, que la cosa no resulta tan sencilla. Además, los embaucadores de turno utilizan a menudo un lenguaje de apariencia científica para tratar de seducir con una mayor eficacia, por lo que el asunto se complica. Particularmente, se han escuchado tantos ejemplos, y tan irritables, que no sabríamos por donde empezar. Desde la ya habitual mecánica cuántica, para asegurar de la existencia de mundo espirituales, hasta apelar a las leyes de la termodinámica para justificar alguna que otra terapia basada en energía místicas. ¿Qué se puede hacer para que, alguien común sin unos grandes conocimientos científicos, se mantenga a salvo de tantas propuestas pseudocientíficas?
viernes, 7 de octubre de 2016
Endiosados
Iba yo la mar de tranquilo, por una céntrica avenida de Madrid, pensando en mis cosas, cuando alguien se interpuso en mi camino. El tipo era un hombre de avanzada edad, de aspecto normal, que de entrada ya provocó en mí cierta zozobra con su actitud. Elevando notablemente la voz, aquel energúmeno aseguraba identificarme con el autor de cierto blog, dedicado en gran parte al ateísmo. Al parecer tenía muchas cosas que puntualizarme. A la inquietud inicial, gravemente incrementada por la forma con la que aquel individuo pronunciaba el término 'ateísmo', se transmutó en indefinida sorpresa. Uno pensaba que sus escritos los leían cuatro gatos y ahora resulta que me reconocen y asaltan por la calle. No obstante, aquello no presagiaba nada bueno.
viernes, 23 de septiembre de 2016
Lipton y su biología de la creencia
Bruce H. Lipton, una de cuyas obras más conocidas es La biología de la creencia, es un controvertido
opositor a la tesis darwinista y el reduccionismo genético, y considera
que es el medio el auténtico motor de la vida. Algunas de las teorías de
este hombre son muy atractivas, e incluso pueden encomiables si de verdad queremos dar un sentido amplio a la libertad: no existe determinismo biológico alguno, sino un
condicionamiento por parte del entorno y de nuestras "creencias" (vamos a
llamarlo "determinismo cultural"), por lo que los seres humanos
poseemos la capacidad de moldear nuestro futuro; el auténtico motor de
la evolución es la cooperación y no la competencia entre los organismos
más fuertes. En este último aspecto, hay que recordar la obra de PiotrKropotkin,
aunque hay que decir que su teoría del "apoyo mutuo", como uno de los principales motores evolutivos en la especie, no se opone
necesariamente a la de Darwin, sino que resulta complementaria. Sin
embargo, hay otros aspectos que pueden resultar dudosos, ya que Lipton no
habla solo de un ambiente físico, sino de los condicionantes de un
entorno "energético" (no hace falta recordar que la palabra "energía" es de una
polisemia a veces irritante); por otra parte, sostiene que la
personalidad y la salud quedan conformados en el vientre de la madre (es
la importancia vital de la actitud de los padres, la supuestamente
determinante) y en los primeros años de la niñez (hasta los seis años,
el sujeto sería altamente sugestionable y totalmente abierto al
aprendizaje, así como con una capacidad muy grande para almacenar
información).
sábado, 17 de septiembre de 2016
Sueños lúcidos
Por mucho que se despotrique contra la mística de la religión y contra la pseudociencia de las terapias alternativas, no sé como diablos ocurre, que uno acaba dando de bruces con todo ello. Esa vez, no me pregunten ustedes por qué, me encontraba súbitamente rodeado de individuos cuyas palabras y actitud me producían, como no podía ser de otro modo, cierto déjà vu. La terminología, con algunas variantes, era la habitual en estos casos, algo relacionado con las "vibraciones" y constantes alusiones a la "energía", atribuyéndola de manera pertinaz cualidades morales y contradiciendo, así alegremente, las más elementales enseñanzas científicas. Lo que aportaba algo de originalidad, y tampoco demasiado no nos vayamos a engañar, a los postulados de aquellos seres extrañamente vaporosos es que no paraban de repetir a modo de mantra el epíteto "cuántico". También, una mención embelasada al poder del subconsciente y a lo maravilloso del universo onírico.
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