Albert Camus dijo una significativa frase, que llega amplificada
hasta nuestros días: "“El problema más grave que se plantea a los
espíritus contemporáneos: el conformismo, y la pasión más funesta del
siglo XX, la servidumbre. Más que el equilibrado, el hombre normal es el
hombre domesticado". Hay que analizar diversos conceptos para
comprender por qué el ser humano, una mayoría al menos, se ha convertido
en un mero espectador en sociedades que se consideran avanzadas.
Recordaremos que la psicología social parte del hecho de que somos
animales sociales, necesitamos vivir en sociedad, lo cual nos ha llevado
a desarrollar ciertas técnicas, como son el compromiso y la
negociación, la organización de las conductas según ciertas reglas y la
regulación de la competitividad; esta disciplina, relativamente nueva,
se ocupa de investigar cómo las personas piensan unas de otras, se
influyen y se relacionan entre sí. Puede decirse que cada persona es una
suma de multitud de experiencias, tiempos, aficiones y doctrinas,
aunque también de la resta de tantas otras; convendría, una vez
conocidos ciertos mecanismos que nos conducen a pensar y creer en
ciertas cosas, plantearse la noción de libertad tal y como la conoce una
cultura basada en mitos como el "libre albedrío" religioso (el cual
alude a una voluntad humana supuestamente libre, no sujeta a causas). No
hablo de un determinismo radical, no hay que enloquecer al respecto ni
considerar al ser humano un mero autómata, sino todo lo contrario, ya
que se trata de concebir una libertad más amplia y positiva: para ello,
es necesario comprender el proceso de socialización por el cual
aprendemos, interiorizamos y asimilamos normas, ideas y comportamientos
de una determinada cultura societaria.
