Cada vez estoy más convencido de que, al menos en España, de manera muy generalizada, no hay
memoria, ni corta ni larga. Es muy difícil trabajar por la recuperación
de la memoria historia, en un país en el que no parecen recordarse ni
los últimos años. Todo el afán parece ser buscar una élite política (un
gobierno, claro) que gestione adecuadamente, que nos resuelva las cosas,
vamos. Esta situación, al margen de las ideas políticas que tenga uno
(que sí, que todos tenemos eso que llaman "ideología", aunque algunas
personas simplemente reproduzcan la ideología predominante), se produce
en una sociedad en la que la ausencia de conocimiento y de análisis
político es que cada vez mayor. Irremediablemente, ello lleva
automáticamente a vincular la participación política con la mera
votación periódica para la elección de los gestores de turno. Dicho de
un modo algo más profundo, podemos decir que lo que predomina en la
actualidad es un imaginario social reformista o revisionista (se quieren
cambiar las cosas a nivel formal, pero manteniendo el sistema intacto)
frente al imaginario reaccionario (se querrían mantener los rasgos de
una sociedad tradicional y retrógrada; un ejemplo es el catolicismo en
este país, y afortunadamente el laicismo va ganando terreno) y el
imaginario revolucionario (que ya concretaremos más adelante cuál de
ellos es nos parece verdaderamente transformador y progresista).
miércoles, 19 de julio de 2017
domingo, 9 de julio de 2017
¡Enajenados!
Se han hechos numerosos estudios sobre la enajenación en las sociedades contemporáneas y sobre los factores que la promueven. Con dicho término, nos referimos al hecho de que alguien puede encontrarse en una realidad ajena a él mismo. ¿Puede explicar esto la cantidad de creencias absurdas que existen en la sociedad actual? Yendo más allá, ¿encontramos con ello una explicación al enorme volumen de tonterías que se dicen y hacen a nivel cotidiano? Veamos qué podemos indagar sobre la enajenación. De entrada, para diferenciarla de algo parecido a la locura, diremos que hay quien prefiere denominarla "alienación"; tiene cierta lógica, a nivel etimológico, ya que el vocabo "alius" significa "otro" o "diferente". Estar "alienado", por lo tanto, se refiere a estar o hallarse en "otro", en alguien ajeno. Si estar enajeado, o alienado, es estar fuera de sí, ¿que queremos decir con lo contrario? Sería, el hecho de hallarnos dentro de nosotros mismos, un estado liberador; una libertad en sentido positivos, es decir, de autorrealización. Podemos abordar el concepto de la enajenación desde diferentes puntos de vista, el económico, el psicólogico, el existencial… Como hemos dicho anteriormente, los estudios se han producido en la época moderna y se ha identificado la enajenación con las sociedades capitalistas, fuertemente mercantilizadas y de consumo. No obstante, es posible que su sentido se remonte mucho más atrás en la historia de la humanidad, de tal manera que podamos considerar la enajenación como sinónimo de "idolatría". Así es, la religiones y la sumisión a cualquier forma de dominación están en la base del concepto que nos ocupa. El ser humano proyecta todas sus potencilidades en lo que considerar sus dioses o jefes, se muestra sumiso a ellos y los termina adorando. Por supuesto, a un nivel sobrenatural podemos hablar del concepto de Dios, como de cualquier otra abstracción. Incluso, el Estado en el campo político no deja de ser un trasunto de la divinidad, un poder trascendente al que los seres humanos deben subordinarse.
martes, 4 de julio de 2017
El carácter social en la sociedad moderna
Erich Fromm, un autor fascinante y de plena actualidad, consideraba que, para estudiar el estado de la salud
mental del hombre contemporáneo, era necesario hacerlo también con las
influencias sobre la naturaleza humana de los modos de producción y de
la organización social y política. Este autor escribió su obra a
mediados del siglo pasado, pero sus estudios son válidos varias
décadas después, con un sistema económico consolidado, a pesar de sus
crisis periódicas, y una alienación más poderosa que nunca en los seres
humanos. Fromm llamaba "carácter social" al núcleo de la estructura de
carácter compartida por la mayoría de los individuos, claramente
diferenciado del carácter individual, del cual es necesario hacerse una
idea para juzgar la salud mental y equilibrio del hombre. La función del
carácter social sería moldear y canalizar la energía humana, en una
determinada sociedad, con el fin de que esa misma sociedad funcione. En
la sociedad industrial moderna, por ejemplo, para que triunfara fue
necesario exigir una energía de trabajo sin precedentes a los hombres,
que se convirtiera en una especie de impulso interior hacia esos fines.
La sociedad produjo un carácter social al que fuesen inherentes esos
impulsos.
jueves, 29 de junio de 2017
El conocimiento en la sociedad
Solo una persona muy pobre intelectualmente puede pensar que está en una verdad absoluta, al igual que considerar que está exenta de prejuicios (ambas cosas, seguramente, muy relacionadas). Los seres humanos, de forma obvia, y el mayor de los sabios seguro que es consciente de ello (o, quizá, no lo es tanto), somos imperfectos y gran
parte de las cosas que asumimos como ciertas en realidad no lo son. La cognición social alude a
cómo entendemos el mundo social; nuestras decisiones importantes tienen
que ver con el modo como construimos y comprendemos el mundo social en
el que vivimos. No
solo eso, sino que es frecuente que las personas se muestren pertinaces
en la defensa de las cosas que consideran ciertas y que sea muy difícil
convencerles de lo contrario. Se menciona también que es incluso
racional esta faceta de la cognición humana, cada persona trata de estar
en lo cierto y de sostener opiniones y creencias correctas. Puede
decirse que una idea extensa de la racionalidad humana es la que nos
hace actuar como una especie de científicos ingenuos. El pensamiento
racional necesita, al menos, dos requisitos: que el individuo pensante
tenga acceso a una información precisa y útil, y que cuente con recursos
ilimitados para procesar los datos vitales; en nuestra vida cotidiana,
prácticamente nunca se darán las condiciones requeridas.
jueves, 22 de junio de 2017
Formas sutiles de dominación
Los valores no deberían tomarse de modo absoluto. Por lo general, y
así lo considero yo (seguramente, con más prejuicios y condicionamientos
que nadie), considerar a alguien "inconformista" o "individualista" es
visto como algo positivo sobre el papel. Otra cosa es la práctica, en la
que criticar la práctica habitual, lo establecido o la costumbre
acarrea más de una vez que le etiqueten a uno de manera peyorativa y
supone el peligro de no ser aceptado dentro del grupo. Pero esta
paradoja, algo díficil de ser superada al tratarse de una tensión
permanente entre valores individuales y valores sociales, conlleva una
problema más importante en mi opinión (problema relativo y
afortunadamente irresoluble). Ser crítico e
inconfomista dentro de una colectividad es algo sano, pero considerarse
miembro activo de esa colectividad, integrante de un "equipo" por
emplear un símil evidente, resulta perfectamente compatible. Compatible,
aunque requiere de una fortaleza y personalidad permanentes, no
plegarse a lo que opina la mayoría y defender una opinión contraria, a
pesar del ambiente negativo que nos va a suponer. Creo que uno de los
motivos por el que apostar por el anarquismo, estriba en esta cuestión.
martes, 13 de junio de 2017
Para bien y para mal, somos animales sociales
¿No conocen ustedes la psicología social? Les aseguro que resulta apasionante, si de verdad queremos saber un poquito más sobre cómo nos comportamos. Se trata de una disciplina relativamente joven, aunque puede decirse que hay autores que ya observaron los fenómenos sociales en la Antigüedad. Recordemos la conocida, y primordial, concepción aristotélica del hombre como animal social (o animal político, ya que hubo una vez en que no existía diferencia entre ambos apelativos). Aristóteles expuso algunos principios básicos sobre la influencia y la
persuasión sociales, aunque es a partir de mediados del siglo pasado
cuando se someten aquellas investigaciones a verificación empírica
gracias a Carl Hovland y a sus colaboradores. Si el primer experimento
lo realizó Triplett en 1898, es a partir de la década de 1930 cuando
puede decirse que la psicología social empírica comienza su auge. El
objetivo de muchos autores contemporáneos ha sido demostrar que la
psicología social resulta primordial para resolver algunos problemas de
las sociedades modernas. No pocas veces, me he encontrado con personas
que desdeñan esta concepción del ser humano como animal social (y
"político", otorgándole un sentido diferente a esta palabra, tan viejo y
tan nuevo); para mí, ha resultado siempre obvia esa condición del
individuo, y tal vez estos tiempos bastante difusos que vivimos es
posible que sean la causa de esa negación tan recurrente.
viernes, 9 de junio de 2017
Los reconocidos y limitados beneficios del placebo
Me da la sensación de que existe cierta confusión sobre lo que es el efecto placebo. En un artículo reciente, Rosa Montero ha llegado a considerar la homeopatía, muy probablemente, como un simple placebo, para acto seguida defenderla por su condición inocua y por mejorar la salud. ¿El placebo mejora verdaderamente la salud? Veamos. Al menos, desde finales del siglo XIX, la medicina científica anunció el (supuesto) fin del placebo. Ya en aquel momento, hubo quien lamentaba el asunto, ya que se consideraba que factores como una actitud tranquilizadora, por parte del terapeuta, junto a saber dar el trato correcto al paciente, resultaban eficaces en algunos aspectos. Podemos decir que, hoy en día, y afortunadamente, el efecto placebo ha sobrevivido. También es posible afirmar que cierto poder de la mente humana resulta poco menos que incognoscible. Esto es importante para el conocimiento científico, reconocer la propia ignorancia sobre tantas cuestiones, lo cual no abre la puerta a lo esotérico. Dicho esto, admitiendo los beneficios del placebo, hay que decir que no se trata de ninguna terapia. Y esto es así porque resulta francamente complicado realizar un experimento para desgranar los beneficios psicológicos y culturales del placebo; no resulta posible comparar el placebo con ningún otro tratamiento. De hecho, y esto hay que decirlo, no parece muy ético, dentro de la comunidad médica, tratar a un paciente realmente enfermo con un efecto placebo. Insistiremos en lo importante de "realmente enfermo". La explicación estriba en que el mundo clínico no puede interesarse por demostrar que un tratamiento funciona mejor que "nada", sino si lo hace mejor que cualquiera de los realmente existentes.
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