Mijaíl
Bakunin fue un hábil devastador del pensamiento religioso, y lo hizo en
nombre de la libertad, la dignidad y la emancipación humanas; apartando
definitivamente la costumbre, la resignación y la sumisión, tan propias
de la religión, el ser humano debe emplear renovadas energías para,
mediante la razón y el conocimiento, llegar a la liberadora revolución
social.
Bakunin
consideraba que en toda religión con una teología suficientemente
desarrollada, con la posible excepción del budismo, establecida en parte
como una religión atea, Dios aparece como un ser supremo, eterno y
predeterminante, el cual contiene en sí mismo el pensamiento y la
voluntad creadora anteriores a toda existencia. Este supuesto Dios no se
encontraría en el universo real, al alcance del conocimiento humano. El
anarquista ruso consideraba que, al no poder encontrarle en el
exterior, el hombre terminó por buscar a Dios en el interior de sí
mismo; la manera de buscarle fue despreciando todas las cosas reales y
vivientes, y todos los mundos visibles y conocidos. Tal y como lo
expresaba Bakunin, el hombre al término de este viaje solo se descubre a
sí mismo, despojado de todo contenido y de todo movimiento, convertido
en una abstracción, en un ser inmóvil y vacío. Sería un no-ser absoluto,
pero la fantasía religiosa lo ha denominado el ser supremo, Dios.





